Crisis de sistema y de hegemonía: el doloroso parto de la multiporalidad – por Hugo R. D. Balbuena

En el ámbito internacional, cuando un sistema se encuentra en decadencia, cuando la clase dirigente del Estado o sistema dominante  toma conciencia cabal del declive de toda la estructura;  cuando se perciben elementos distintos como amenazas a la dirección y a la hegemonía del Estado dominante; cuando este Estado dominante inicia una feroz lucha interna y externa por su supervivencia, pues, se puede hablar de una crisis estructural.
En esta decadencia, la lucha por la supervivencia constituye uno de los momentos más peligrosos para todo el entorno del Estado hegemónico que se siente amenazado en su control.
Se desencadena una violencia estructural destructiva, destructora  de todo aquello que sea percibido, aunque sea ficticia, como amenaza o como rival que disputa su hegemonía.
En estas condiciones, todos los medios son utilizables y utilizados, sin ninguna limitación. Y tal lucha, conduce, generalmente, a las peores atrocidades, a las peores barbaries, a los más graves crímenes.
Contradictoriamente, en esta crisis, confluyen dos factores esenciales.  Primero, esa lucha por la supervivencia se ve confrontada al surgimiento de otro Estado u otro bloque de Estados que disputan o comienzan a disputar el poder, en forma  abierta o encubierta. Segundo, la lucha por el poder se desarrolla en medio de un proceso de transición, que no necesariamente, se resuelve en forma inmediata, pero en un contexto de creciente pérdida de legitimidad y credibilidad del sistema o Estado o grupo de Estados dominantes.
Todo esto, formulado desde la perspectiva teórica, lo estamos viviendo hoy a nivel internacional. Ayer fue la Revolución Bolivariana, el fracaso del ALCA, la creación de la UNASUR, el redireccionamiento del MERCOSUR, ALBA. Hoy, BRICS,  China, Rusia, Brasil, Irán, fracaso y derrota de las expediciones militares en Irak, en Afganistán,  fracaso y derrota en Siria, enfrentamiento directo con Moscú en medio de la crisis de Ucrania, satelización y satrapización de los Estados europeos, agresión contra Libia. Desde Bush, pasando por Clinton- ordenó la destrucción y el criminal bombardeo de Yugoslavia al más puro estilo de Hitler- y,  llegando hasta Obama, la política norteamericana se caracterizó por la comisión de los más atroces crímenes jamás vividos por la humanidad.
Pocas dudas existen de que en medio del declive pronunciado y a una velocidad sorprendente, los Estados Unidos sigue siendo una superpotencia militar capaz de arrastrar a la humanidad al abismo y destruirla.
 La práctica constante y el recurso permanente a la violencia sin limitación alguna, la ruptura intencional de todo cuadro normativo internacional de contención, hablan de la decisión de destrucción.
La última y criminal expedición y agresión militar decidida por el gobierno de los Estados Unidos,- contra Siria, contra Irak, y probablemente contra Irán-  bajo pretexto de lucha contra el terrorismo, es un signo elocuente de la voluntad de recuperar un control que se le está escapando.  Los bombardeos incesantes del territorio sirio hablan de la brutalidad de la “coalición occidental” que lucha contra el “terrorismo”.  En la mira: Irán.
Esta confrontación feroz muestra la intensidad intencional norteamericana d destruir todo lo que encuentre en su camino, como lo hicieran las hordas militares del Estado alemán bajo Hitler.    Es una lucha a muerte, sin tregua,  entre barbaries, como lo diría Gilbert Achcar. Es una lucha sin cuartel entre salvajes, entre bárbaros.
En medio de esta visión apocalíptica, pero real, aparecen signos alentadores que abren camino hacia nuevos tiempos. La crisis de Ucrania provocada por Estados Unidos y por los Estados  agrupados en la Unión europea y la dolorosa derrota en Crimea, la derrota político-militar en Siria, la ineficacia de las armas empleadas para eliminar y liquidar a Irán, la consolidación de varios procesos en América latina, la materialización de la reforma de la arquitectura financiera internacional del BRICS, el fracaso de la Alianza del Pacífico, la alianza Rusia- China, nos hablan de un escenario geopolítico capaz de romper con la lógica de dominación y violencia occidental, encabezado por los Estados Unidos.
Aun cuando el nuevo tiempo no acaba de nacer, sin embargo entre la oscuridad de la noche y la difícil llegada de la mañana, aflora el alba que comienza a romper con las tinieblas.  UNASUR, MERCOSUR, ALBA, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Cuba, Nicaragua, El Salvador, Brasil, Argentina, Uruguay,  la lucha de los pueblos en América latina, Oriente medio y Europa,  hablan del alba que ya está presente y de una mañana que se aproxima.
*Abogado paraguayo, PHD en Derecho Internacional (UV de Lovaina). Fue representante del Ministerio de Relaciones Exteriores ( Consejero) Itaipú
Binacional 2009- 2010, ministro Asesor de Relaciones Internacionales de la Presidencia (2010-2012), negociador del Tratado energético suramericano
UNASUR,negociador del Acuerdo sobre solución de controversias UNASUR, responsable de URUPABOL,
Responsable de URUPABOL