Guatemala: Estado “chiquito”, pero insostenible – Por Jorge Benavides

Varios son los expertos internacionales que han desfilado las últimas semanas en los recintos de funcionarios, empresarios y académicos, haciendo alusión a que Guatemala es el Estado más pequeño del mundo en cuanto a su carga tributaria y al gasto público en relación al Producto Interno Bruto (PIB). La conclusión derivada de este hallazgo es que los escasos resultados en materia de desarrollo se deben a que el Estado de Guatemala es demasiado “chiquito”.

Ante esto, quisiera agregar una condición sistémica que tiende a obviarse, que tiene relación con la composición de la base tributaria, los responsables de que el Estado sea grande o chiquito. Un Estado financieramente sostenible tendría un balance entre los contribuyentes netos (personas que aportan más al Estado de lo que reciben) y los receptores netos (reciben más de lo que aportan al Estado). A este principio pueden agregarse criterios de proporcionalidad, regresividad o progresividad, pero la conclusión sigue siendo válida.

La estructura de la base tributaria, en los últimos años, ha hecho que el grupo de contribuyentes netos se reduzca, a la vez que el grupo de receptores netos crezca, combinado con una modificación en la dispersión: la distancia de los contribuyentes netos en relación con el punto de equilibrio (donde lo aportado iguala a lo recibido) disminuye, y la distancia de los receptores netos en relación con el mismo punto, aumenta. En pocas palabras, los contribuyentes netos cada vez aportan menos excedente en relación con los servicios que reciben del Estado, mientras que los receptores netos cada vez demandan más beneficios en comparación con lo que aportan al erario público, lo cual hace que no se cuente con el financiamiento para atender las demandas de la población, para lo cual tiene que haber un cambio.

Un Estado eficiente debiera movilizar a las personas de ser receptores netos, a ser contribuyentes netos, lo cual justificaría la inversión social realizada. Visto desde otra perspectiva, el fin social del gasto público sería generar personas productivas que retribuyan a futuro los recursos de los que fueron beneficiarios.
Pero al poner el caso de Guatemala en una línea de tiempo a futuro, el escenario es insostenible, ya que las obligaciones aumentaron y hay menos personas contribuyendo a generar excedentes que permitan pagar la deuda acumulada, lo cual nos lleva a un
declive como nación.

Siglo 21