Colombia: las Farc confirman que liberarán a dos retenidos pero aseguran que cambiarán las condiciones del diálogo

Aunque hay acusaciones mutuas de dificultar la liberación del general Rubén Alzate y sus dos acompañantes en el Chocó, las Farc han asegurado que hoy serán entregados a la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, en Arauca, los soldados Jónathan Díaz y el carmero César Rivera.

El protocolo para la liberación de los militares en Arauca, secuestrados el pasado 9 de noviembre tras un combate, ya está “en marcha” y se prevé que su entrega se concrete hoy, según anunciaron ayer las Farc desde La Habana.

En el departamento llanero tres aeropuertos están listos para recibir a los uniformados, y aunque aún no se ha establecido a qué punto llegarán los uniformados, se cree que sería entre las localidades de Tame y Arauca.

En toda esta región fueron suspendidos los operativos militares desde el domingo y, así mismo, se disminuyó la presencia castrense, con el fin de facilitar la puesta en libertad.

“En la madrugada de hoy (ayer) ha sido activado el Acuerdo Humanitario Especial que retornará mañana martes a la libertad a los soldados profesionales Paulo César Rivera y Jonathan Andrés Díaz, desde un lugar de las sabanas del Arauca”, indicó la delegación subversiva que discute las condiciones de la paz con el Gobierno desde hace dos años.

Agregó el grupo rebelde que espera que el operativo “se realice sin sobresaltos y exitosamente” para liberar a los dos soldados de la Fuerza de Tarea Quirón, que “fueron capturados en combate el 9 de noviembre y han permanecido desde entonces en poder de las Farc en condición de prisioneros de guerra”.

No obstante, en el mismo comunicado, la guerrilla, frente a la liberación del general Alzate, el cabo Jorge Rodríguez y la abogada Gloria Urrego, plagiados el pasado 16 de noviembre en el caserío de Las Mercedes, en zona rural de Quibdó, lanzó críticas por el despliegue militar en las zonas en cuestión.

Según la guerrilla, en la zona “además de bombardeos, desembarcos y sobrevuelos de inteligencia técnica, se han presentado choques terrestres con la guerrilla”, por lo que, señalaron, “esperamos que el Ministerio de Defensa actúe con prudencia y sindéresis para no obstruir la liberación del general Rubén Darío Alzáte, el suboficial José Rodríguez Contreras y Gloria Urrego”.

A su vez, el líder máximo de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, denunció en otro escrito que la suspensión de la actividad militar necesaria para la entrega no se está cumpliendo y acusó al presidente Juan Manuel Santos de organizar “paralelamente una operación militar” para recuperar a los secuestrados a través de un rescate.

Agregó el comandante rebelde que “como sucede con la mesa (de diálogo) y el proceso, Santos pacta los protocolos, pero insiste en arrebatar por la fuerza los prisioneros, obstaculizando objetivamente el cumplimiento de aquellos. Es decir, viola nuevamente lo pactado”.

En el Chocó, desde el lunes 17 de noviembre, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, ordenó un despliegue de más de 500 militares para emprender la búsqueda de Alzate y compañía, y aunque durante el transcurso de la semana pasada las Farc se comprometieron a entregarlos, los militares siguen en el departamento.

Y según Timochenko, estos soldados realizan “sobrevuelos, bombardeos y ametrallamientos” que “crecen en ferocidad” cada día, y añadió: “se insiste en un rescate por la fuerza, quizás en precipitar una desgracia que ninguno desea. Esa es la verdadera catadura del régimen. No hay que llamarse a engaños, Santos juega a lo mismo”.

No obstante, el viceministro de Defensa, Jorge Enrique Bedoya, desmintió cualquier intento de rescate y aclaró que el despliegue militar solo busca proteger a la población: “lo único que estamos realizando en el departamento del Chocó son operaciones de control territorial y de seguridad de los habitantes por estos grupos terroristas y en particular de las Farc, que operan en la zona”.

El alto funcionario explicó que hasta que la guerrilla no facilite las coordenadas geográficas para la entrega no se puede suspender la actividad militar, y criticó que el grupo subversivo ponga estas “excusas” para no liberar a los secuestrados pues, indicó, las Farc conocen cómo funcionan estas misiones.

Respondió así mismo Bedoya que “ante las incongruencias de las Farc y las declaraciones que hacen, donde supuestamente nosotros estamos obstaculizando la liberación, hay que recordar que quienes los tienen secuestrados son ellos y que hay un protocolo muy claro como para que nos vengan con excusas de por qué no se ha cumplido”.

Afirmó que el Gobierno y la Fuerza Pública “están listos” para suspender las actividades militares en esas zonas “desde el mismo sábado”, día en el que se firmó el protocolo para la entrega con el CICR, y que “simplemente estamos a la espera de recibir las coordenadas”.

Entre tanto, líderes comunitarios y representantes de la Iglesia del Chocó aseguraron que han percibido los supuestos enfrentamientos y que están atemorizados: “es una de las cosas que nos tiene atemorizados. Nunca se habían escuchado explosiones tan fuertes, al punto que han caído vajillas por la vibración de los explosivos”, dijo Rosmira Salas, representante del consejo comunitario del río Atrato.

“Santos destruyó confianza”
Timochenko consideró que Santos, al haber suspendido el proceso de paz y haber condicionado su reanudación a la liberación de los secuestrados, “ha destruido la confianza”, por lo que “las negociaciones no podrán reanudarse así no más”. Para el jefe subversivo, el mandatario no está respetando las condiciones pactadas y que con la suspensión de las negociaciones “tumbó el tablero donde jugábamos la partida, destruyó la confianza”, por lo que, advirtió, “habrá que hacer diversas consideraciones” que no especificó, para reiniciar la mesa en Cuba.

Suspenden turismo
Tras el ataque de las Farc a una estación de Policía en la isla de Gorgona, en el que murió un agente y resultaron heridos seis uniformados, las autoridades suspendieron indefinidamente la actividad turística en el Parque Nacional.

La directora de los Parques Nacionales Naturales, Julia Miranda, funcionaria que vela por Gorgona, santuario del ecoturismo ubicado a 35 kilómetros de la costa Pacífica, dijo que “es muy difícil para la concesión poder vender el destino porque quién va querer ir a pasar unos días de recreo en la isla si está en peligro su vida”.

El Heraldo

 

Seamos serios, Santos

El Presidente emplea de mil modos la bandera de la solución civilizada al conflicto armado. Manifiesta su devoción por figurar en la historia como el hombre que consiguió la paz. Riñe incluso con los declarados defensores de la solución militar. Pacta con la insurgencia una Agenda sobre la cual realizar conversaciones definitivas. Se ufana de los avances alcanzados y habla de perseverar. Hasta promociona en el exterior el post conflicto.

Sin embargo, su actitud y sus hechos resultan mucho más reveladores que sus palabras. Una sola idea parece obsesionarlo, rendir la insurgencia, obligarla al desarme, la entrega y la desmovilización. Es el único resultado que para él cabe asimilar con la paz. La Mesa de La Habana se revela así para el gobierno nacional, como el escenario que facilitará la mecánica ordenada de la admisión de su derrota por parte de la guerrilla de las FARC-EP.

No lo expresan abiertamente, pero a estas alturas resulta imposible ocultarlo. El paso del tiempo, como las corrientes, va revelando lo que se esconde bajo el agua. Basta con examinar la conducta y las palabras tanto del Presidente Santos como del señor De La Calle, con relación a los dos casos más recientes del accionar de las FARC, en Arauca con los dos soldados y en el Chocó con el general, para despejar cualquier duda al respecto.

El Presidente siempre fanfarroneó con la consigna israelí de dialogar como si no hubiera guerra y hacer la guerra como si no hubiera diálogos. Negociar en medio del conflicto ha sido su posición permanente desde las primeras aproximaciones. Las reglas del juego que siempre reclamó fueron las que nada de lo que ocurriera en los campos de batalla tendría por qué afectar el curso de las conversaciones. Impuso incluso que las conversaciones en La Habana fueran ininterrumpidas.

Así quedaron excluidas de entrada en el Acuerdo General las posibilidades de congelamientos o suspensiones. Lo cual no excluyó su derecho a ordenar al alto mando militar, al menos una o dos veces por semana en sus discursos, arreciar con toda su fuerza y poder contra las FARC. El Presidente nunca ha cesado de proclamarse como el primer enemigo nuestro, el que más nos ha golpeado, el que ha conseguido matar medio centenar de mandos de todas las categorías.

Así que nada podía argumentar en contra del accionar militar de las FARC contra unidades del Ejército Nacional, en ejercicio de sus actividades de guerra y en sus áreas de operaciones. Pero decidió hacerlo, ordenando la suspensión del proceso y violando en forma flagrante no sólo su propia retórica sino los términos del Acuerdo General. La guerra vale y se aplaude si proviene del Estado, pero resulta reprochable si la realiza el adversario atacado. La ley del embudo.

Poner como condición para reanudar un proceso suspendido arbitrariamente, que la contraparte haga rápida entrega de sus prisioneros de guerra, equivale a un secuestro del proceso de paz por el Presidente. Y responder como lo ha hecho a sus críticos, que ponen de relieve la importancia de concertar un cese bilateral de fuegos para evitar ese tipo de sobresaltos, pone de manifiesto que el proceso de paz no es más que un simple instrumento en una estrategia final de guerra.

A la respuesta afirmativa de las FARC, que marca sin duda un hito en nuestro modo de obrar en ese tipo de situaciones, el gobierno nacional corresponde con una irracionalidad absoluta. Nuestros voceros en La Habana se reunieron con los enviados de Santos y los garantes, en un gesto que muy pocos valoran si se tiene en cuenta la suspensión unilateral de los diálogos por el gobierno, y de manera ágil concertaron procedimientos y protocolos para las liberaciones.

Pero el gobierno ha dispuesto paralelamente una operación militar sin precedentes, que no se detiene ni siquiera para posibilitar la realización de lo pactado entre las dos partes. La militarización del Atrato, los sobrevuelos, bombardeos y ametrallamientos crecen en ferocidad. Se insiste en un rescate por la fuerza, quizás en precipitar una desgracia que ninguno desea. Esa es la verdadera catadura del régimen. No hay que llamarse a engaños, Santos juega a lo mismo.

Como sucede con la Mesa y el Proceso, Santos pacta los protocolos, pero insiste en arrebatar por la fuerza los prisioneros, obstaculizando objetivamente el cumplimiento de aquellos. Es decir, viola nuevamente lo pactado. La realidad desbordó las reglas del juego defendidas por el gobierno. El Presidente, con su suspensión, tumbó el tablero donde jugábamos la partida, destruyó la confianza. Las cosas no podrán reanudarse así no más, habrá que hacer diversas consideraciones.

Qué difícil, cuán complicado resulta hacer comprender al Estado colombiano, a su gobierno, a las clases en el poder, que el conflicto de medio siglo al que buscamos poner fin con este proceso, se explica por unas causas que lo originaron y sostienen. Y que entre esas causas, haciendo un poco de lado la inequidad y las injusticias galopantes en el país, la más destacable es la intolerancia política, la persecución declarada contra quienes plantean alternativas distintas al régimen.

La violencia oficial, por vía militar, policial o paramilitar, se encuentra en la base del alzamiento armado nuestro. Estamos convencidos de que esta guerra no se hubiera producido jamás si el crimen y la persecución no se hubieran ensañado sistemáticamente contra los personeros de la oposición al régimen oligárquico. Ha sido tanta y tan reiterada la intención oficial de aniquilar la inconformidad, que se volvió legítimo apelar al recurso de las armas para hacer política.

Allí centramos las FARC el núcleo del proceso de paz. Desmontemos todas las formas de violencia política en nuestro país. La oficial y la insurgente. Reconozcamos las responsabilidades que quepan por ellas, ante el mundo, la nación y las víctimas. Hagamos hasta lo imposible por resarcir estas últimas. Pero abramos definitivamente las puertas al ejercicio de la oposición política a todas las corrientes, con plenas garantías, sin excluir a ninguno, pacífica y legalmente.

Aun el día de hoy vuelven a insistirnos en muestras de paz, en gestos contundentes que demuestren nuestra voluntad de reconciliación. Como si fuera poca cosa haber recibido al enviado del Presidente, después que nos insulta públicamente y suspende el proceso de paz en violación abierta a lo acordado. Como si no valiera nada haber continuado conversando pese a que el Presidente ordenó el asesinato de nuestro Comandante Alfonso Cano.

Gestos de paz. Lo que se hace insostenible es que el Presidente se siga ufanando de matar y matar, mientras obra con histeria porque se le responde con dignidad. Seamos serios, Santos.

TIMOLEÓN JIMENEZ
COMANDANTE DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 22 de noviembre de 2014

Farc-Ep