Drogas: entre secretos bancarios y banqueros secretos – por Eduardo Camín

El crimen organizado ocupa un lugar central en una gran parte de los países de América Latina y el Caribe. Es cierto que en muchos países abundan pronunciamientos políticos y mediáticos sobre la gravedad del problema, aunque debemos agregar que no hay todavía suficiente investigación sobre sus distintas ramificaciones y el alcance de las mismas.
Muchas veces se ha señalado al crimen organizado, junto con el terrorismo, como la principal amenaza a la seguridad regional, agregando algunas nociones de clara connotación bélica como “narcoterrorismo” “nuevas guerras” o eventualmente surgen interrogantes sobre la relación de causa y efecto entre la región y grupos de Al Qaeda.
En realidad se tratan de cuestionamientos e imágenes sin mayores fundamentos, pero que invaden el mundo contribuyendo a dar la sensación de que en América Latina, como en otras regiones del tercer mundo criminalidad y violencia se ha transformado en un rasgo endémico de la condición postcolonial.
Estas metáforas junto a un pesimismo palpable sobre la capacidad estatal de hacer frente a un enemigo, omnipresente, poderoso y poco visible contribuye a legitimar todo tipo de medidas de combate contra él, justificando de esta manera la presencia de militares de la seguridad interna de varios países de la región, entre ellos los marines americanos.
Somos conscientes que este no es un tema menor, pero que tiene otras muchas explicaciones y algunos alcances sociales que no son solo inherentes a la región.
Es evidente, que los problemas asociados a la producción, el tráfico y consumo de drogas en América Latina afectan la calidad de vida de la población, y están ligados a formas de exclusión social y debilidad institucional, que generan mayor inseguridad, violencia, y corroen la gobernabilidad en algunos países.
No es de extrañar, pues, que en el contexto político internacional el tema de las drogas ha ido adquiriendo peso y presencia progresiva, y los acuerdos intergubernamentales en esta materia se extienden cada vez más.
El problema del consumo afecta principalmente a la población juvenil y a los varones más que a las mujeres. La marihuana, seguida de la pasta base de cocaína, el crack y el clorhidrato de cocaína son las drogas ilícitas de mayor consumo en la región, generando mayores problemas en jóvenes de alta vulnerabilidad social. Según los datos que proveen los centros de tratamiento, el alcohol y el tabaco, seguidos por la marihuana, son las drogas de inicio más frecuentes de los pacientes atendidos en centros de
tratamiento; pero las drogas ilícitas de mayor impacto en la salud son la cocaína, la pasta base y el crack.
La exigencia de respuestas, parece condicionar una vez más la retórica discursiva, y esto más allá de la concreción de la acción. Si bien es cierto que los hombres hacen la historia, no es menos cierto que el contexto que ellos contribuyen a recrear los hace a ellos. Un contexto social marcado por algunos países en los cuales ya se ha hipotecado el futuro de dos generaciones y en 20 años tendrá una sociedad distinta, donde se ha
multiplicado la pobreza.
En efecto mil trescientos millones de personas pobres en el mundo viven con menos de 1 dólar diario, hay más 220 millones de desempleados (1), y mas de 780 millones (2) de pobres analfabetos sin capacidad de expresión, de reclamo de exigirle a alguien que tienen hambre, que se mueren los niños, que no reciben ayuda social, que no consiguen empleo, que solo les queda recorrer los senderos de la muerte.
Para mucha gente este escenario le significa vivir en la peor época de su historia, la desesperanza, y el decaimiento de las formas más elementales de convivencia.
Y uno de los atajos, que recorren las rutas de la muerte es sin lugar a dudas la droga, poco importa si esta es ilegal (cocaína, marihuana o la pasta base), o legal (tabaco y alcohol), en ambos casos la realidad debemos mirarla desde una perspectiva social más profunda. No obstante, esta realidad, está ligada a los senderos recorridos por la delincuencia, donde pobres y ricos se entremezclan pero por distintas causas…
En pocos años la delincuencia se ha globalizado, los grupos delictivos transnacionales han establecido extensas redes mundiales que en la actualidad obtienen enormes utilidades mediante una amplia gama de actos ilícitos y amenazadores.
Los grupos delictivos participan en la trata de personas, especialmente de mujeres y niños, con fines de esclavitud económica y prostitución, contrabandean armas y municiones, trafican drogas ilícitas y hasta material nuclear, cometen fraude a escala mundial y blanquean enormes sumas de dinero.
También corrompen y sobornan a funcionarios públicos, políticos y dirigentes empresariales. La nueva era de la mundialización, las fronteras se han abierto, las barreras comerciales han caído y la información se transmite rápidamente por todo el mundo al alcance de una tecla. Con la apariencia de un negocio licito, los grandes grupos delictivos pueden imitar los negocios legítimos forjando alianzas multinacionales para ampliar su alcance y aumentar las utilidades.
Según fuentes de las Naciones Unidas, las triadas con base en Hong Kong y una de las organizaciones delictivas más poderosas del mundo la Yakuza japonesa, que cuenta con cerca de 89 mil miembros trafican drogas, dirige redes de prostitución, participa en el contrabando de armas y se especializa en la corrupción.
En Colombia, los aun poderosos carteles de la droga del país están haciendo negocios con la mafia rusa y grupos delictivos de Europa Oriental. Y al igual que las empresas legitimas, los grupos delictivos mas grandes pueden también diversificar sus actividades hacia una amplia gama de “productos” utilizando las mismas rutas, redes e incluso a los
mismos funcionarios corruptos para el traslado de mercancías y personas.
Y así como las sociedades legítimas se movilizan para llenar los vacíos en el mercado de productos, los nuevos grupos delictivos organizados surgen de repente en los lugares donde puedan tener utilidades. En México han aparecido delincuentes organizados que dirigen redes de tráfico de drogas en gran escala, una esfera delictiva que en el pasado era el monopolio de carteles colombianos.
Han surgido nuevos grupos en Europa Oriental y los países de la ex Unión Soviética, donde el fin de la guerra fría y el derrumbe del control del Estado han constituido la puerta abierta a la delincuencia organizada. Entre ellos hay firmas de abogados, bancos y otras empresas que pueden blanquear dinero a escala mundial. Este es el resultado del “secreto bancario” paradigma de los delincuentes de cuello blanco dotado de gestionarios, financieros y abogados de una admirable amoralidad.
Casinos, hoteles cinco estrellas, empresas truchas, actividades deportivas, bienes inmobiliarios etc. que esconden entre sus entrañas organizaciones multinacionales de la droga y el crimen organizado, que constituyen enemigos prácticamente invencibles para las sociedades
democráticas.
Cada año miles de millones de dólares producto del botín de las redes internacionales del tráfico de droga, u otras actividades criminales, se camuflan, se lavan y reingresan en el circuito económico. La ONU asegura que el 70% de la ganancia de este mercado se lava en el sistema financiero legal. Mientras que el BID destaca que en America Latina el lavado de dinero representa entre 2,5% al 6,3% del PBI de la region.
En función de esto no podemos de dejar de interrogarnos como en nombre del sacro santo “secreto bancario” portador cómplice de ignominiosos escándalos, puede actuar como una fortaleza indestructible e inviolable del poder paralelo en manos de los grupos de presión de la subversión financiera. Los guardianes del templo económico, resultan ser muchas veces vulgares malhechores cuya sola orden es la de captura.
La historia funciona por movimientos pendulares también en el terreno de la justicia y en el hecho que en determinados periodos se hayan reforzado algunas actitudes provoca en el periodo siguiente un total rechazo.
Este es el caso de la autoridad que hoy en día despierta grandes suspicacias tanto en la calle como en sus instituciones, donde parece que en el sistema criminal presente, prevalece siempre la idea de la fuerza y la
prepotencia de la justicia; ya que son arrojados en la misma caverna los acusados pobres y los delincuentes mafiosos, transformando la prisión más bien en un suplicio que una custodia. Olvidándose que es mejor prevenir los delitos que punirlos.
Este debe ser el fin principal de toda buena legislación. Pero prevenir significa lograr que las luces acompañen la libertad, coquetear entre secretos bancarios y banqueros secretos,depositarios de la fuerza económica solo puede conducirnos hoy a los más sombríos
mañanas… ¿ Pero quién le pone el cascabel al gato.?
Notas:
(1) Informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
(2) Informe de la UNESCO
*Periodista uruguayo, redactor en Jefe Internacional del Hebdolatino de Ginebra, miembro de la Plataforma Descam Ginebra