José Revueltas, el eterno rebelde – por París Alejandro Salazar

ose Revueltas (Durango, 20 de noviembre de 1914 – Ciudad de México, 14 de abril de 1976) es considerado una de las figuras esenciales de la literatura y el pensamiento político de México. Sus producciones literarias más reconocidas son Los días terrenales, El apando y Los errores, consideradas como pioneras de “la nueva novela mexicana”. Por su actividad política, fue encarcelado en reiteradas oportunidades, situación que potenció su producción intelectual y artística. Es considerado además uno de los principales pensadores del marxismo mexicano, corriente en la cual se destacó con obras como Ensayo sobre un proletariado sin cabeza

Pensar es difícil; actuar es todavía más difícil; pero lo más difícil del mundo es actuar como se piensa y José Revueltas fue un hombre congruente y coherente con su vida, obra y militancia política. Eterno rebelde y “escritor maldito” al que no lo intimidaron las persecuciones ni la cárcel porque sabía vivir en la tormenta y la exaltación.

Pocos escritores mexicanos han tenido el coraje, la pasión y la capacidad de trabajo de José Revueltas, el necesario inconforme y crítico de la sociedad para transformarla. Hombre de palabras y de acción, por eso su vida y obra se han vuelto un clásico.

José Revueltas jamás dejó de luchar, pensar y crear, incluso utilizó el encierro en las prisiones para escribir Los muros de agua y El apando, dos libros indispensables en las letras nacionales.

Este 14 de abril se cumplen 38 años de la muerte de José Revueltas y como sencillo homenaje recordamos algunos pasajes de la vida de uno de los escritores más subversivos que ha tenido México. Además, 2014 se celebra el centenario de este personaje.

Un rojo en el Zócalo

Abandonó la secundaria antes de concluir el primer grado en 1925 y lo terminó de manera autodidactica en la Biblioteca Nacional. El 7 de noviembre de 1929, a unos días de cumplir 15 años durante un mitin en el Zócalo colocó una bandera del Partido Comunista en el asta principalpor lo que fue aprehendido y llevado a la correccional acusado de sedición e intento de motín. Lo condenaron a un año y un día, pero salió libre bajo fianza a los seis meses. Cuando estuvo detenido se unió a una huelga de hambre que le provocó varios desmayos.

La segunda vez en prisión

En 1930, participó en el Socorro Rojo Internacional y fue rechazado en la Juventud Comunista porque “yo era demasiado inteligente para la ‘Juventud’, y por ende, muy peligroso, y me pasaron directamente al partido”. Lo aprehendieron en 1932 y fue recluido en la prisión de Isla Marías de julio a noviembre, lo liberaron por ser menor de edad.

Codo a codo con los trabajadores

Lo nombraron secretario juvenil de la Confederación Sindical Unitaria de México y en mayo de 1934 viajó a organizar una huelga de trabajadores agrícolas a Camarón, Ciudad Anáhuac, Nuevo León, donde fue detenido y enviado nuevamente a las Islas Marías. La experiencia le sirvió para escribir la novela Los muros de agua que publicó en 1941.

Nueve meses después, en febrero de 1935 por una amnistía decretada por el presidente Lázaro Cárdenas salió libre y regresó a la Ciudad de México para trabajar en el Partido Comunista Mexicano (PCM).

Militancia política

Viajó a Moscú de julio a noviembre de 1935 como delegado del PCM al VII Congreso de la Internacional Comunista. Participó en la fundación de las Juventudes Socialistas Unificadas de México y fue profesor de Derecho Obrero en la Secundaria para Obreros, Nocturna No. 9 en el Distrito Federal.

En 1944 sería expulsado del PCM y siguió militando en la izquierda hasta que en junio de 1948 ingresó al Partido Popular, donde fue candidato a diputado federal en la elección de 1949.

Letras combativas

Un comunista rebelde que publicó textos para los trabajadores como Ensayo de un proletariado sin cabeza; La disyuntiva histórica del PCM; La revolución mexicana y el proletariado; Joven trabajador: ¡acá esta el camino!; entre otros. El trabajo político no lo distrajo de la creación artística y con el libro El luto humano ganó el Premio Nacional de Literatura en 1943 y el Premio Xavier Villaurrutia en 1967.

Junto a los estudiantes

Otra vez en noviembre de 1968 y en vísperas de cumplir 54 años, José Revueltas fue aprehendido por elementos de la Dirección Federal de Seguridad por los delitos de invitación a la rebelión, asociación delictuosa, sedición, daño en propiedad ajena, ataques a las vías generales de comunicación, robo, despojo, acopio de armas, homicidio y lesiones, por su participación en el movimiento estudiantil de 1968.

En la declaración de José Revueltas ante el Ministerio Público se asienta que “habiendo manifestado que tiene plena conciencia de que su arma es su mente, de donde emanan sus enseñanzas para abrir la conciencia en el mundo estudiantil para que todos los estudiantes sepan por todos los medios defender sus ideales y derechos”.

Ni el encierro en el Palacio de Lecumberri lo intimidó para seguir organizando manifestaciones, el 10 de diciembre de 1969 junto con otros 80 presos inició una huelga de hambre por tiempo indefinido, pero levantada el 20 de enero de 1970.

Apoyo internacional

En febrero de 1969, Pablo Neruda le escribió una carta amistosa y llena de prosa elegante al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz para exigirle la liberación José Revueltas preso en Lecumberri por el delito de insurrección contra el orden constitucional, en la misiva le dijo: Yo reclamo la libertad de José Revueltas, entre otras cosas, porque seguramente es inocente. Además, porque tiene la genialidad de los Revueltas y también, lo que es muy importante, porque lo queremos muchísimo.

Hasta el último día

Apenas liberado bajo palabra el 13 de mayo de 1971 reanudó sus actividades políticas y dictó múltiples conferencias en México y el extranjero. Fue invitado por las universidades de Stanford y Berkeley a impartir cursos. Sólo la muerte pudo frenar su intensa actividad el 14 de abril de 1976.

Además, justo la semana pasada, su nombre fue colocado con letras de oro en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

En el apellido llevaba el destino, ¿no?

Chilango