Unidos o enfrentados – Diario El País, Uruguay

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Las dos fórmulas en competencia hacia el próximo domingo vienen presentando propuestas sobre los principales temas de preocupación para los uruguayos. Es razonable y sensato que quienes solicitan el voto le expliquen a la ciudadanía para qué piden el mandato que se da en préstamo y no en regalo. Hay, sin embargo, otro tema más importante y previo a las propuestas, que es quién puede llevarlas adelante y en qué contexto.

Desde filas oficialistas se ha afirmado que si gana la dupla Lacalle Pou Larrañaga no le votarán ninguna ley en el Parlamento. Amén de la amenaza intolerante, se intenta instalar la idea de que solo Vázquez puede gobernar y Lacalle Pou no podrá hacerlo. Después de todo, parece de sentido común que solamente quien tiene mayoría parlamentaria puede llevar adelante sus iniciativas ¿o no?.

Pues bien, no. No es cierto que para gobernar se necesite que el partido de gobierno tenga mayorías parlamentarias propias. Lo demuestra la historia de nuestro país donde las mayorías absolutas monocromáticas son la excepción, y la experiencia de todas las democracias maduras del mundo. En los Estados Unidos, por ejemplo, los últimos cinco presidentes gobernaron durante alguna etapa de sus gobiernos con mayoría del partido rival en ambas cámaras del Congreso y el país no se detuvo.

Si el próximo domingo triunfa la fórmula Lacalle Pou Larrañaga se dará una circunstancia que dará lugar a una oportunidad única: todos los partidos tendrán capacidad de incidir en el rumbo que tome el Uruguay. En efecto, el Frente Amplio tendrá la mayoría en la Cámara de Representantes y nadie la tendrá en el Senado que quedará compuesto por 15 frentistas, 11 blancos, 4 colorados y 1 independiente. Más allá de la aritmética, este escenario plantea una coyuntura excepcional, la de inaugurar la era de las políticas de Estado. Obligará a los políticos de todos los partidos a negociar y ponerse de acuerdo sobre los grandes temas del país, a ser creativos en las soluciones, a no cerrarse a las ideas de los demás solamente porque vienen de alguien que piensa distinto.

Por otro lado, si gana la fórmula Vázquez Sendic, el Frente Amplio tendrá mayoría en ambas cámaras y sucederá lo que hemos visto en los últimos 9 años en que los demás partidos presenciaron los debates internos del oficialismo, pero sin poder intervenir en la discusión de las principales medidas. Una vez que el Frente cerró sus complejas negociaciones internas para consensuar un proyecto de ley, no desató nunca el paquete para conversar con la oposición. La aplanadora funcionó siempre.

Lejos de ser una garantía para un gobierno eficaz y eficiente, hemos comprobado lastimosamente en los últimos años que es terreno fértil para dilapidar recursos públicos, esconder escándalos negando comisiones investigadoras, acomodar amigos en el Estado, cercenar libertades y una larga lista de arbitrariedades. Por un solo voto de diferencia el Parlamento funcionó prácticamente como si la mitad menor no existiera.

Este es el principal asunto que se dirime dentro de 4 días: si continúa el país donde sólo los frentistas tienen algo que decir sobre el presente y el futuro del país o si nos obligamos a buscar soluciones entre todos. Los controles y balances que conlleva el triunfo de Lacalle Pou Larrañaga es el único camino para un gobierno de encuentro nacional que procure superar las diferencias sectarias. Ningún partido hará lo que se le cante y allí está la principal ventaja.

La miopía simplista de que sólo se puede gobernar con mayoría propia queda derrotada cuando analizamos las ventajas de un país construido entre todos y para todos. Ni Vázquez ni Lacalle Pou podrán imponer nada, deberán negociar y buscar acuerdos suprapartidarios, alcanzar respuestas más maduras y más estables y duraderas en el tiempo. Será la oportunidad de alcanzar un nuevo estadio en nuestra cultura política, ciertamente más sano y donde la necesidad del diálogo nos encontrará más unidos como sociedad hacia los enormes desafíos que tenemos por delante.

El próximo domingo celebraremos la elección de un nuevo gobierno democrático y legítimo, sea cual sea el resultado. Depende de cada uruguayo si además nos daremos la oportunidad de avanzar hacia el futuro unidos como un solo país o divididos en dos bandos enfrentados. No es poca cosa.

El País