Colombia: Si Cuba y EE. UU. pudieron, ¿por qué aquí no? – Por Álvaro Sierra Restrepo

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Es inevitable no ver los parecidos. Allá el conflicto lleva, como aquí, más de medio siglo. Allá, como aquí, la primera fase de las conversaciones fue tan hermética que aún sorprende que nadie se enterara. Allá esas conversaciones culminaron, como aquí, con el anuncio de un acuerdo para poner fin al largo conflicto. Allá hay una oposición recalcitrante a todo acercamiento, con la que las partes deberán lidiar para sacar su trato adelante. Como aquí.

Hasta ahí llegan los parecidos. A EE. UU. y a Cuba les bastó un año de conversaciones secretas y que sus presidentes hablaran por teléfono por primera vez desde 1959, para llegar al acuerdo histórico de restablecer relaciones. Allá, el año termina con gestos prácticos y contundentes: intercambio de presos, conversaciones para abrir embajadas, alivio del embargo e inicio del proceso para sacar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo. Y Obama y Raúl Castro se verán por primera vez en la Cumbre de las Américas, en abril.

Aquí, en cambio, los gestos brillan por su ausencia. Se ha avanzado como nunca en acuerdos, pero el túnel sigue sin luz. Sin embargo, 2014 acaba con algo que podría convertirse en el primer gesto contundente en dos años para acercar el fin del conflicto: ese es el potencial del anuncio de cese de hostilidades que hicieron las Farc y de la respuesta que le dio el Gobierno.

Ese anuncio es un gesto y un ‘chicharrón’. No es un cese de fin de año, como las Farc han hecho dos veces, sino “unilateral e indefinido”. Pero lo condicionaron doblemente: para iniciarlo y para mantenerlo. Empieza, dicen, el 20 de diciembre si “se cuenta con la disposición de verificación” de Unasur, la Celac (rival de la OEA), el Comité Internacional de la Cruz Roja o el Frente Amplio por la Paz, que reúne grupos y personajes de izquierda colombianos. Y se dará por terminado “si se constata que [LAS FARC]han sido objeto de ataques por parte de la Fuerza Pública”.

En suma, aspiran a que el cese unilateral sea bilateral y verificado.

El Gobierno rechazó la verificación, dijo que él evaluará si las Farc cumplen y que el cese bilateral solo se discutirá en La Habana en el marco del fin del conflicto. Pero valoró el anuncio “en toda su dimensión” como un paso en “la dirección correcta” y un “buen inicio” hacia medidas para desescalar la confrontación.

Seguramente el cese “unilateral e indefinido” empezará el 20 (Unasur ya manifestó su ‘disposición’). Pero en realidad es un anuncio de cese de hostilidades condicionado y provisional de parte de las Farc. Como condicionada es también la bienvenida que le dio el Gobierno. Pasos aún cautos y cargados de estrategia. Pero a los que pueden seguir otros.

¿Qué pasaría si el presidente Santos libera presos enfermos de las Farc y los manda a hospitales en el extranjero? ¿Y si las Farc anuncian que dejan de reclutar niños y niñas, de usar cilindros explosivos y atacar estaciones de policía en centros poblados y de volar torres como la que dejó sin luz a Buenaventura desde el miércoles, mientras el Gobierno calladamente congela los ataques a campamentos y contra los principales jefes de las Farc? ¿Y si ambas partes le bajan al lenguaje guerrerista y desafiante?

Medidas como estas no solo alivirían el sufrimiento de miles de colombianos. Probablemente, tendrían mucho más efecto para acercar a las partes y aproximar el fin del conflicto que horas de negociación en la Mesa.

Guardadas las evidentes proporciones, eso fue lo que hicieron Cuba y Estados Unidos: empezar por medidas prácticas y gestos mutuos, como liberar presos o aflojar el embargo, para proceder a negociar cómo normalizar las relaciones.

Si allá pudieron, ¿por qué aquí no?

El Tiempo