Detenidos en marcha por Ayotzinapa denuncian torturas, golpes y amenazas

Por la violencia y la tortura que vivieron durante su detención y reclusión, siete de los once detenidos la noche del pasado 20 de noviembre en el Zócalo exigieron este domingo al Gobierno federal y del DF garantizar su integridad física y psicológica y la de sus familias.

Los once jóvenes liberados el sábado han coincidido en que fueron detenidos por elementos de la Policía Federal, golpeados, obligados a declarar y a firmar documentos que no les dejaron leer, además de acusar intimidación y torturas físicas y psicológicas.

En conferencia de prensa en el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez,seis de los once detenidos relataron cómo fue su detención y señalaron a personal de la Subprocuraduría Especializada en Investigación a la Delincuencia Organizada (SEIDO) de cometer presuntos abusos.

Denunciaron también que nunca les informaron del motivo de su detención y no se les permitió en la SEIDO hacer una llamada hasta que no aceptaran someterse a las pruebas de sangre y orina, además de dejarse tomar fotos, sus huellas digitales y declarar.

En conferencia de prensa en el Centro Agustín Pro de Derechos Humanos, Tania Ivonne Damián Rojas, una de las detenidas y liberadas, leyó un texto en el que llamó aEnrique Peña Nieto, presidente de la República, y a su gabinete de seguridad (Segob, PGR, SEIDO), así como a los titulares del GDF y de la SSP-DF, garantizar la integridad de sus familias.

“El trato fue denigrante, nos dijeron que nos iban a desaparecer, nos torturaron psicológicamente”, comentó Atzín Andrade.

Los abogados del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia y la Oficina para los Derechos de la Infancia afirmaron que la detención arbitraria de las 11 personas no fue un error, sino una estrategia de incriminación e intimidación planeada por el Gobierno.

En su relato, los liberados denunciaron abusos verbales, golpes, aislamiento e intimidación de policías y personal de la SEIDO.

Por su parte, los abogados de los detenidos aseguraron que platicarán con ellos para saber si emprenderán alguna acción legal contra el gobierno.

Convocan a marcha este lunes a dos años del #1DMx

Los detenidos por los hechos violentos en el Zócalo tras la marcha del 20 de noviembre dijeron que temieron por su vida, pero aseguraron que seguirán manifestándose para pedir la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y que asistirán el lunes a la marcha a dos años de la llegada de Enrique Peña Nieto al poder.

Los liberados agradecieron a la gente que estuvo luchando por su liberación y aseguraron que seguirán movilizándose. Pidieron a los ciudadanos que “despierten ya”. La mayoría dijo que participarán en la manifestación del lunes para exigir la aparición de los normalistas desaparecidos.

Los detenidos aseguraron que mañana participarán como contingente en la marcha que se tiene previstas por el segundo año de Peña Nieto en el gobierno y pidieron a las personas que salgan a las calles a no caer en las provocaciones de la policía las cuales solo buscan intimidar la lucha social.

Las manifestaciones por el caso Ayotzinapa continuarán la tarde del lunes con una marcha convocada a través de redes sociales, la cual protestará a dos años de los disturbios registrados durante la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto.

La manifestación iniciará a las 16:00 horas y se sumará, la protesta por las detenciones hechas durante la marcha del 20 de noviembre pasado, pues los acusados en su momento fueron liberados por falta de pruebas sobre su responsabilidad en los actos violentos frente al Palacio Nacional.

La manifestación tendrá la particularidad de ir en sentido contrario a las que se han desarrollado en los últimos meses, pues partirá del Zócalo con rumbo a la Residencia Oficial de Los Pinos. La ruta planteada será a través de la avenida 5 de Mayo, Hidalgo, y Reforma hasta la zona de Chapultepec.

La convocatoria a través de redes se está realizando mediante el hashtag #1DMX.

Animal Político

 

Encuentro con Estela Carlotto, inyección de esperanza para madres y padres de los 43

La demanda de vivos se los llevaron, vivos los queremos que claman sin cesar los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos es justo el reclamo que deben mantener, lo que corresponde a esta etapa, sostiene la dirigente histórica de las Abuelas de Plaza de Mayo de Argentina, Estela Carlotto. Nosotras enarbolamos por años esa consigna; es una postura política correcta.

La historia de esta mujer que no cesó de buscar a su nieto Guido –o Ignacio Hurban, el nombre que le fue dado por sus padres no biológicos– durante 36 años, después de la desaparición forzada y asesinato de su hija Laura durante la dictadura militar, infundió ayer una muy necesaria inyección de esperanza, en una reunión privada con dos madres y dos padres del grupo de los 43 estudiantes.

Su caso, afirmó, es un ejemplo de que cuando se lucha incansablemente hay resultados: Yo encontré a mi nieto que nació de mi hija Laura en un campo de concentración. A ella la mataron dos meses después. Lo busqué por todo el mundo y 36 años después lo he encontrado.

Los padres de los muchachos desaparecidos por la policía de Iguala hace ya dos meses la miran con admiración.

Lo que ella nos dijo es que tengamos fuerza y la vamos a tener; nos contó cómo pasó por esto y creo que por eso nos comprende más. Pide que no decaigamos y le vamos a hacer caso. No nos vamos a quedar tranquilas, dice a su vez Hilda Hernández Rivera. Su hijo es el chico tlaxcalteca César Manuel González, uno de los 43.

Junto con Cristina Bautista, madre de Benjamín Ascencio, asistieron al encuentro con Estela Carlotto. Al principio las madres no hablábamos, por tanto dolor. Pero ahora empezamos a hablar y no nos vamos a callar. Al gobierno le decimos: no nos vengan con que nuestros hijos están en fosas cuando lo que nos consta es que no los están buscando.

Ambas campesinas –Hilda es de Huamantla, Tlaxcala; Cristina de la región de la Montaña, además de migrante durante un tiempo– escucharon una de las experiencias organizativas más exitosas en la búsqueda de verdad, memoria y justicia por los desaparecidos.

Estela, bien plantada y elegante, con sus 84 años, es uno de los rostros más queridos y reconocidos de ese movimiento. Les contó del nefasto periodo cuando los militares de su país secuestraron y desaparecieron a más de 30 mil personas. De cómo nació su activismo, cuando un puñado de mujeres solas, con nuestras lágrimas y sin saber qué hacer, salieron a plantarse semanalmente en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. De cómo una sociedad indolente las empezó a llamar las locas.

Después del encuentro en la sede del Centro de Derechos Humanos José Agustín Pro, se presentaron en conferencia de prensa. Estela Carlotto hizo un llamado al pueblo mexicano, frente a la coyuntura de Ayotzinapa:Hagan carne propia esto que está pasando. Si estos crímenes pasan sin trascendencia, hay peligro de que sigan ocurriendo.

También hizo un exhorto al gobierno, a este gobierno constitucional que seguramente prometió en campaña electoral muchas cosas buenas, Pero esto que sucedió es una cosa muy mala, y es el Estado el que tiene la obligación de esclarecerlo y colaborar al retorno a sus hogares de estos jóvenes cuyos familiares esperan día tras día.

Refiere algo de su historia personal: Hace 40 años era una mujer burguesa que tenía otro proyecto de vida. La sociedad argentina fue pasiva durante décadas. Pero en 1976 sí salimos, porque tuvimos conciencia de que nos estaban tocando lo más sagrado, nuestros hijos.

Hoy esa mujer es otra, tiene la certeza de que va a caminar hasta que tenga vida para que esas cosas aberrantes no vuelvan a pasar en cualquier lugar del mundo. Ahora hacemos docencia en todo el mundo, ahora que todo está globalizado.

Mario César González, padre de César Manuel González Hernández, cuenta a su vez cómo se vio reflejado en el relato de Carlotto, sobre los indiferentes que en Argentina decían que las víctimas de la represión algo habrían hecho. Dice: Yo era de los indiferentes de lo que pasaba en nuestro país. Ahora que me ha tocado sufrir este dolor impresionante comprendo. Nos necesitamos todos.

La Jornada