“Pobre México…” – Diario Página Siete, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

“Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. La frase, atribuida al dictador Porfirio Díaz, quien gobernó México más de 30 años entre 1876 y 1911, alude al carácter laico -y a veces anticlerical- del Estado mexicano y al fatalismo histórico al que supuestamente está condenado México por su vecindad con Estados Unidos, los “vecinos distantes”, como los definió el periodista estadounidense Alan Riding en un conocido libro sobre la difícil relación entre ambos países.

La frase cobra vigencia de tanto en tanto, sobre todo en momentos de crisis, cuando los problemas comunes reclaman políticas y responsabilidades conjuntas a la altura de los desafíos. ¿Cuánta responsabilidad tiene Estados Unidos en el problema del narcotráfico que agobia y desangra a México desde más de una década? Por el drama que vive México, con su secuela de corrupción y violencia, daría la impresión de que la lucha contra esa lacra tiene como único escenario al territorio que se extiende al sur del Río Bravo.

La tragedia de Iguala, originada en la matanza ordenada por el alcalde José Luis Abarca, coludido, como otras tantas autoridades mexicanas con el narcotráfico, y ejecutada por agentes de la Policía municipal, quienes asesinaron a seis estudiantes normalistas y entregaron a otros 43 a sicarios del cártel enseñoreado en el estado de Guerrero, ha puesto nuevamente de manifiesto no sólo la ausencia del Estado en el territorio mexicano, sino la desigual lucha que enfrentan las autoridades contra las mafias del narco y sus cómplices estatales.

“Ésta es una historia de ladrones sin que haya buenos, no hay más que malos. Se ha producido un hartazgo, el país ha sido tomado por grupos mafiosos; los presidentes municipales se han corrompido a morir”, dijo la escritora Elena Poniatowska, Premio Cervantes de 2013, al describir la situación de su país. “Éste es un país de Pedro Páramo, donde los muertos tienen más vida que los vivos. Un país en descomposición; se ha roto el tejido social y el Estado mismo está haciendo aguas; se ha perdido la soberanía en partes del territorio; y estamos dominados en algunas zonas por narcotraficantes y paramilitares”, dijo a su vez el escritor Juan Villoro.

Lo que llama poderosamente la atención de los observadores internacionales es el contraste que existe entre la realidad prevaleciente en uno y otro lado de la frontera. Mientras México, país productor y tránsito del narcotráfico, aparece como el campo de batalla, Estados Unidos, el supuesto mercado del negocio ilegal, parece absolutamente ajeno al drama de su vecino del sur.

Es claro que la responsabilidad de la lucha contra el narcotráfico en México es de su gobierno, pero también es cierto que un negocio de tal calibre supone la existencia de elementos corruptos en ambos lados de la frontera.

Por otra parte, como bien se quejan los mexicanos, las armas que se decomisan en México provienen de territorio estadounidense, producto de la venta libre, cuyo control debería ser mínimamente garantizado por las autoridades estadounidenses.

Los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama abordaron el tema en una conversación telefónica a fines de noviembre pasado, tras la “llamativa discreción” -como dijo un diario europeo-, con la que la Casa Blanca manejó el tema de Iguala. Obama “manifestó su profunda condolencia a los familiares y amigos de las víctimas” y discutió con Peña Nieto la “necesidad de seguir trabajando para atender cuestiones que afectan la seguridad” ciudadana de ambos países.

Mientras México, país productor y tránsito del narcotráfico, aparece como el campo de batalla, Estados UnComo bien se quejan los mexicanos, las armas que se decomisan en México provienen de territorio estadounidense, producto de la venta libre.idos parece absolutamente ajeno al drama.

Página Siete