Brasil en Estanflación y Chile con Inflación – Por Alfredo Coutiño

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En el 2014 tanto Brasil como Chile enfrentaron un ambiente de desaceleración con inflación a la alza. Mientras la economía brasileña prácticamente experimentó un proceso de estanflación (estancamiento con inflación), la economía chilena reportó desaceleración del crecimiento con aceleración de la inflación. La diferencia está en que el panorama para Brasil permanece desarreglado para el 2015, mientras que en Chile ya hay asomos de recuperación, aunque con moderación.

La economía brasileña experimentó durante el 2014 un estancamiento económico con un repunte virulento de la inflación: una situación conocida como “estanflación”. El nuevo gobierno re-electo comenzó con un ambiente de debilidad económica aguda, efervescencia social y, sonados casos de corrupción que minaron aún más la poca credibilidad tanto en el quehacer político como en el manejo macroeconómico. Después de cuatro años de pobres resultados e incertidumbre, los mercados exigieron un cambio en el manejo de política económica hacia la recuperación de la disciplina perdida.

A fin de restaurar credibilidad, el gobierno implementó cambios desde el inicio de su nuevo mandato, particularmente en materia fiscal. Mientras que la política monetaria tuvo que corregir el rumbo a lo largo del 2014, ante la persistencia de una inflación alimentada por prolongadas políticas expansivas. Con la restricción fiscal y monetaria en marcha, las perspectivas para este año no se perciben mejores. Si el gobierno cumple su promesa de disciplina, podría recuperar cierta credibilidad y la economía estaría en mejor forma para empezar un nuevo ciclo de recuperación en el mediano plazo. Sin embargo, la economía necesita una restructuración profunda con reformas que aumenten la capacidad productiva del país. Por lo pronto, el crecimiento de este año estará nuevamente alrededor de cero, un segundo año de estancamiento económico para Brasil.

El año pasado la economía se desplomó después del extraordinario repunte posterior a la recesión de 2009. Así, después de alcanzar un crecimiento de 7.5 por ciento en el 2010, la economía se estancó en el 2014 al reportar prácticamente nulo crecimiento (0.1 por ciento). Brasil sufre una prolongada debilidad estructural causada por la falta de reformas y modernización en al menos los últimos cinco años. La debilidad económica se ha extendido ya al presente año y tomará algún tiempo antes de que se vean señales de una recuperación definida.

El clima económico se ha deteriorado en los últimos meses con un repunte virulento de la inflación, impulsada adicionalmente por un deterioro de las expectativas en donde los mercados aún tienen dudas de un cambio significativo en el rumbo de la política económica. La inflación anual escaló hasta un 7.7 por ciento en febrero, tasa por encima del 6.5 por ciento establecido como límite superior del objetivo inflacionario. Los mercados incluso apuestan por una inflación terminando por arriba de 8 por ciento en el año, ante la persistente depreciación cambiaria.

Recuperar la credibilidad perdida debería ser prioridad para el presente gobierno. Sin confianza no se puede lograr consenso alrededor de un programa de ajuste y rumbo económico. Aún peor es el hecho de que la desilusión y el descontento de la población pueden dificultar más la situación para un gobierno que está siendo fuertemente cuestionado desde el inicio de su segundo mandato.

Por tercer año consecutivo, la economía chilena se desaceleró en el 2014, aunque al final mostró señales de una recuperación incipiente. El exceso de demanda acumulado desde el 2010, como resultado de las políticas expansivas, se redujo pero no se logró eliminar. De hecho, la reducción del desequilibrio externo se dió más por la contracción de la inversión productiva en lugar de darse por ajuste en el consumo como sería recomendable para preservar la capacidad productiva de la economía. Esta dinámica del consumo explica el persistente repunte inflacionario en el año y aumenta el riesgo de un ajuste fiscal y monetario más severo en el futuro.

Chile registró un crecimiento económico de solo 1.9 por ciento en el 2014, comparado con un 4.2 por ciento en el 2013 y de casi 6 por ciento en el 2010 y 2011. Sin embargo, la economía mostró una recuperación durante la segunda mitad del año, al avanzar a tasas trimestrales crecientes. Esto podría ser una señal de que la desaceleración pudo haberse quedado atrás. No obstante, dichas señales positivas no asegura una recuperación sostenida ni a tasas altas dado el proceso de fuerte desinversión productiva registrado y, sobretodo que mucha de esa recuperación puede ser resultado de las políticas expansivas en marcha.

La expansión fiscal y monetaria en marcha desde la recesión del 2009 generaron un creciente exceso de demanda en la economía, el cual se acomodó inicialmente en importaciones y más tarde en inflación. Con la desaceleración económica del año pasado dicho exceso de demanda se redujo, permitiendo una disminución del desequilibrio externo real, aunque no lo eliminó totalmente. Lo negativo de la reducción del desequilibrio externo es que se dió a costa de una contracción de la inversión productiva, y no del consumo como hubiera sido deseable. Esto eleva el riesgo de un debilitamiento de las fuentes del crecimiento permanente sobre todo la acumulación de capital físico y humano, lo que a su vez afecta el progreso tecnológico y al final limita el avance de la productividad.

Así, en una economía con exceso de liquidez generado por la prolongada expansión fiscal y monetaria, el exceso de demanda interna se acomodó en consumo público y privado a través de presionar las importaciones y también los precios internos. No es una sorpresa que todos los componentes de inflación subyacente hayan rebasado el límite superior del objetivo establecido en 4% durante el 2014, y continúen a la alza a inicios del 2015. Por lo que la política monetaria tendrá que regresar a la neutralidad más pronto que tarde. De lo contrario las autoridades corren el riesgo de tener que implementar un ajuste más severo en el futuro, lo cual pondría en riesgo la incipiente recuperación que ya se ha asomado.

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