Dimes y diretes – Semanario La Época, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Al principiar la semana que ya termina fuimos testigos de declaraciones cruzadas entre autoridades chilenas y bolivianas que se emplazaban mutuamente a expresar sin ambages que el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya sería respetado.

El presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de Chile, Jorge Tarud, insistió histéricamente en su exigencia al gobierno de Michelle Bachelet para que “obligue” al hermano presidente Evo Morales a comprometerse en respetar un eventual fallo adverso a Bolivia. La respuesta a las pataletas del parlamentario hicieron eco en La Moneda y el Ministro Secretario General de Gobierno (Vocero), Álvaro Elizalde, conminó al Palacio Quemado a pronunciarse al respecto.

La respuesta del presidente Morales no se hizo esperar: “Si Bolivia acudió a La Haya es justamente para respetar y reconocemos una institución creada por la humanidad, una institución internacional para resolver de manera pacífica las controversias entre países del mundo. Por eso, Bolivia es muy respetuosa de las decisiones que emita la Corte de La Haya”.

La clase política chilena, en complicidad con los medios de comunicación, ha sembrado en su población un mito tendencioso fundamentado en sembrar la ignorancia: “Cada vez que nos demandan por el asunto marítimo es porque su presidente no tiene respaldo popular, sufre una crisis interna y necesita de apoyo”.

Lo paradójico de esa sentencia es que con casi un 90% de participación de electoral el hermano presidente Evo, en octubre pasado, alcanzó el 62% de los votos, mientras que la presidenta Bachelet, en diciembre de 2013, también obtuvo el 62% de los votos aunque con un 60% de abstención de la masa votante, en otras palabras, solo logró conquistar el 24% de la masa legalmente habilitada para votar.

En los últimos cuatro meses el sistema político chileno ha sufrido unos cuantos “baldes de agua fría” al estallar numerosos casos de corrupción (Cavl, Penta, Soquimich) que enlodan de manera transversal a las y los políticos de ese país, incluyendo a la familia de la Presidenta. De hecho, según las últimas encuestas, su aprobación en la población no pasa del 30%.

No es el Proceso de Cambio el que se encuentra en crisis institucional y el que busca como “salva vidas” una demanda a su vecino en La Haya, por el contrario, es la clase política chilena la que no ve otra salida a su crisis que mentirle a su propia población al repetirle una y otra vez que Evo Morales intenta desconocer el Tratado de Paz y Amistad de 1904. Cualquiera que lee los antecedentes publicados sobre la demanda marítima de Bolivia en La Haya sabrá que ahí no recae nuestro argumento central.

Durante la segunda semana de mayo las delegaciones jurídicas de Bolivia y Chile se verán las caras en La Haya. Sea cual sea el fallo de la Corte esperamos que ambos países lo respeten, es saludable para la diplomacia de los pueblos.

La Época