El diseño y análisis de La Moneda tras la cuenta pública de Bachelet – Por Marcela Jimenez

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región

Durante las primeras semanas de abril, cuando las versiones sobre la posible renuncia de la Presidenta Michelle Bachelet enturbiaban el clima político y las boletas de Rodrigo Peñailillo al operador Giorgio Martelli tenían a La Moneda contra las cuerdas, en el Gobierno y la Nueva Mayoría se señalaba que al 21 de mayo la administración bacheletista debía ser capaz de tomar las riendas de la crisis, tener dibujada con claridad una hoja de ruta y haber tomado una serie de medidas para no dar por perdido el segundo año de su administración. Cumplida la fecha límite, el mensaje presidencial de ayer fue otra más de las cartas que en las últimas semanas se ha jugado La Moneda para recuperar credibilidad pública, apoyo ciudadano y asegurar la vigencia del programa gubernamental.

En el Gobierno reconocían ayer que el discurso de Bachelet estuvo lejos de ser épico y explicaban que se optó por un “mensaje muy pragmático, muy concreto”, el cual, junto con poner sobre la mesa los aciertos del primer año –eclipsados por el caso Caval y las boletas a SQM–, se concentró en anuncios concretos, que apuntaran a la vida cotidiana de las personas, medidas que la ciudadanía pueda palpar como mejoras a sus condiciones de vida.

Ahí entran la eliminación del pago del 5% en salud para los mayores de 65 años, los cien mil computadores para los alumnos de 7° básico de la educación pública, los dos proyectos de ley que establecen que nadie pagará más de un 10% del promedio de las cuentas de luz a nivel nacional y el que las rebajará considerablemente en las comunas que aportan de manera relevante a la generación de energía, como Tocopilla, Mejillones, Huasco, Puchuncaví y Colbún. También el término de los contratos a honorarios en la administración pública, que beneficiará a unos 8 mil trabajadores que pasarán al régimen de contrata; el aumento a 41 mil de los subsidios habitacionales para sectores vulnerables y a 38 mil los dirigidos a sectores medios, más la construcción de 52 mil viviendas correspondientes al programa extraordinario para la reactivación económica, de las cuales más de 76% irá en beneficio de la clase media; la extensión del Biotren a Coronel y los 190 kilómetros nuevos de ciclovías en regiones

“Este no fue un mensaje de etiqueta ni para la historia, fue un discurso con overol”, recalcó un alto asesor de La Moneda.

Es que en el Gobierno consideraron que esa era la única forma de dar una señal clara para enfrentar la desconfianza ciudadana, con anuncios de esta índole que le permitan a La Moneda mostrar a la gente que sí están trabajando, que sí hay avances y cambios.

Este aterrizaje a lo cotidiano del discurso gubernamental, es una demanda que hubo en el oficialismo por meses, a finales del 2014, cuando se evidenciaron las primeras bajas importantes en las encuestas, porque se advertía que la reformas estructurales eran muy complejas y a demasiado largo plazo sus efectos, lo que generaba la sensación de que el Gobierno no había hecho nada. “El binominal y la tributaria no sirven por sí solos para que la gente respalde al Gobierno, lo que hizo ayer la Presidenta fue lo acertado”, precisó uno de los parlamentarios de la Nueva Mayoría.

“La derecha tenía expectativas en lo económico y la izquierda en lo político, pero la Presidenta optó por un sello social y un mensaje que le dice a la gente que está trabajando por ella”, agregaron desde La Moneda.

Unido a esto, en el Gobierno y la Nueva Mayoría destacaron el sello de sinceridad que tuvo el mensaje, no solo con frases como “no esconder los problemas bajo la alfombra”, sino especialmente por sincerar situaciones y promesas, como la verdadera capacidad de construcción de hospitales durante su mandato.

Previo a este 21 de mayo, el más amargo que ha enfrentado la administración bacheletista, desde La Moneda se puso en marcha una estrategia que semana a semana buscó llegar a la cuenta pública en un escenario de mayor normalidad. La primera fue la cadena nacional donde la Mandataria explicó los contenidos de la agenda de probidad y transparencia que ella lidera, para corregir la cuestionada relación de la política con el mundo privado y el financiamiento de campañas, mismo instante donde anunció el inicio, para septiembre, de un “Proceso Constituyente”.

Luego vino la “operación Don Francisco” y el golpe de timón que hizo Bachelet al anunciar en plena entrevista en Canal 13 que les había pedido la renuncia a todos los ministros y que en las 72 horas siguientes evaluaría quién se quedaba y quien se iba. Ese lunes vino el cambio de gabinete, en el cual la Mandataria sacó a todo su comité político, Rodrigo Peñailillo, Alberto Arenas y Álvaro Elizalde, los mismos que la habían acompañado durante la campaña, los que durante el 2014 eran señalados como sus hombres de confianza, pero que el mal manejo del caso Caval, las boletas a Martelli y las presiones al Servicio de Impuestos Internos para frenar la investigación de SQM, hicieron caer de sus pedestales de poder.

La precampaña es una piedra en el zapato del Gobierno y ayer no fue la excepción, ya que todo este despliegue igual fue empañado en parte por el nuevo golpe que recibió el corazón del bacheletismo. Martelli habría pagado 330 millones de pesos entre el 2012 y 2013 a un grupo clave del comando presidencial que incluye a Peñailillo, el ex director del SII Michel Jorratt y varios integrantes de la llamada G90, además de la amiga personal de la Mandataria, Estela Ortiz.

En La Moneda aseguraban ayer que esa situación “ya no es problema de la Presidenta, sino que de los involucrados directos, porque ya hizo lo que debía y fue sacar a todo el comando de sus puestos en el Gobierno”.

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