Bolivia y Chile, ante la CIJ – Diario El Tiempo, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En el siglo XIX, época de formación y consolidación de los Estados latinoamericanos, e incluso casi finalizando el siglo XX, el mecanismo usado en la región para dirimir los conflictos era a menudo la guerra. La más reciente, la del Cenepa, en 1995, entre Perú y Ecuador; y la del Pacífico (1879-1883), en la que Chile venció a Perú y Bolivia, y que dejó heridas profundas y cicatrices históricas que tienden a abrirse cíclicamente y que interfieren gravemente en las relaciones actuales entre Santiago y La Paz.

La guerra arrebató a Bolivia su mar, un dolor intenso al que los del altiplano tienden a atribuir gran parte de la responsabilidad de sus dificultades económicas, del subdesarrollo que ha lastrado su vida independiente, y de los problemas para insertarse en la vida internacional. Ser un país mediterráneo no es fácil. La pérdida fue de 20.000 kilómetros cuadrados y 400 de costa, según La Paz. Una tragedia nacional.

Se debe reconocer que ante la imposibilidad de que los dos países llegaran a un acuerdo, como era lo deseable, es ya una importante ganancia que se haya acudido a la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ). El presidente Evo Morales quiere obligar a Chile a negociar un acceso soberano al mar.

La tesis boliviana es que Chile debe cumplir ofrecimientos que Santiago le hizo durante varios momentos de su historia, en particular las negociaciones de Charaña (1975), en las que el entonces presidente y dictador Augusto Pinochet ofreció a su par Hugo Bánzer un intercambio de territorios por el cual Chile entregaba un corredor hacia el Pacífico, mientras que recibía un equivalente territorial boliviano. Los acuerdos se frustraron hacia 1978 por la oposición de la población boliviana afectada en el trato, y también por el veto impuesto por Perú, que antes de la guerra ejercía soberanía sobre ese territorio. Desde entonces no hay relaciones diplomáticas plenas.

Chile se defiende con el argumento de que dichos ofrecimientos a Bolivia no pueden constituir derecho y de que en 1904 ya se firmó un tratado que definió las fronteras, y por ende la CIJ no debería tener competencia en el pleito, pues fue un hecho anterior al pacto de Bogotá, que data de 1948. Bolivia dice que no cuestiona ese tratado, sino que su demanda se centra en los ‘derechos expectaticios’.

Así las cosas, y escuchados los alegatos, la CIJ debe tomar una decisión sobre su competencia. En Chile hay preocupación, ya que ajustó en enero del año pasado lo que se consideró una derrota al perder con Perú 50.000 kilómetros cuadrados de mar.

Peor aún, estas definiciones en La Haya se dan en un momento difícil de la vida interna de los dos países. El gobierno de Bachelet atraviesa una etapa crítica, con una aceptación que se desplomó al 29 %, con su familia (hijo y nuera) metidos en líos de corrupción y con crisis de gabinete. Por su parte, el gobierno de Morales no conquistó las gobernaciones que esperaba en las elecciones y se quedó sin La Paz y sin las regiones más ricas.

Es claro que, cualquiera que sea la decisión, el impacto va a ser fuerte en los dos países, por lo que hay que asumirla con tranquilidad y, más que nunca, buscar soluciones creativas que les faciliten la vida a los pueblos y les permitan potenciar al máximo su vecindad y sus relaciones por sobre nacionalismos y viejas deudas históricas. Es un ejercicio de sensatez.

El Tiempo