El Instituto Costarricense de Electricidad apuesta a diversificar fuentes ante cambio climático

Costa Rica posee una de las matrices eléctricas más limpias de América Latina, gracias a que su suministro depende mayoritariamente de hidroeléctricas que aprovechan tal cual el caudal de los ríos.

Sin embargo, ese caudal depende –entre otros factores– de las lluvias y ese es su talón de Aquiles en periodos secos. Costa Rica lo vive actualmente: desde el 2011, Centroamérica pasa por una etapa seca en la cual escasean las precipitaciones y el país recurrió a fuentes fósiles (búnker y diésel) para abastecer la demanda eléctrica.

No obstante, un país que aspira a lograr la carbono neutralidad (disminuir al máximo sus emisiones de gases efecto invernadero (GEI), que causan el calentamiento global) no puede darse el lujo de elevar su dependencia de los combustibles fósiles. Por eso, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) se fijó como meta generar la mayor parte de electricidad a partir de fuentes renovables como agua, geotermia y energía eólica.

La complementariedad y diversificación de fuentes energéticas es una estrategia frente a los escenarios de cambio climático que podrían agravar los períodos secos y, con ello, estresar el sistema eléctrico.

Vulnerabilidad. Variaciones en el clima siempre han existido. Sin embargo, los escenarios de cambio climático proyectan una agudización de los eventos extremos. Eso quiere decir que los periodos húmedos vendrán con lluvias más intensas y, los secos, con escasez de precipitación. Además, serían más frecuentes.

Los modelos climáticos no pueden anticipar una tendencia y, al no poderse pronosticar la cantidad de lluvia que va a caer en un período de tiempo determinado, es imposible predecir cómo serán los caudales de los ríos.

Esa es la vulnerabilidad de un sistema eléctrico que depende de las plantas de filo de agua, las cuales aprovechan los caudales de los ríos como vienen.

La Nación