En Washington, Cuba inicia una nueva ronda de negociaciones con EEUU para restablecer relaciones bilaterales

Delegaciones de Cuba y Estados Unidos celebran hoy en Washington una nueva ronda de conversaciones sobre el restablecimiento de sus vínculos diplomáticos, la apertura de embajadas y el funcionamiento de las mismas.

Encabezadas por la directora general de Estados Unidos de la Cancillería cubana, Josefina Vidal, y la secretaria asistente de Estado para los Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, las partes retornan a la mesa de diálogo en un escenario que consideran favorable para avanzar en sus objetivos de acercamiento, tras décadas de hostilidad norteamericana.

Las reuniones previas tuvieron lugar el 22 de enero en La Habana, el 27 de febrero en Washington y el 16 de marzo en la propia capital de la mayor de las Antillas, pero la de hoy transcurre en un contexto más distendido.

Destacan entre las señales positivas la decisión del presidente Barack Obama de excluir a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, que debe hacerse efectiva el 29 de mayo, y la gestión para garantizar los servicios bancarios de la sección de intereses de la isla aquí.

En los últimos días, funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación caribeña y del Departamento de Estado coincidieron en emitir declaraciones constructivas, que sumadas a los citados progresos generan expectativas en la nueva ronda.

A partir del anuncio conjunto, el 17 de diciembre, por Obama y el presidente Raúl Castro de avanzar hacia el mejoramiento de las relaciones bilaterales, y de la actual situación, fuentes al tanto del proceso esperan resultados como el restablecimiento oficial de los vínculos diplomáticos.

También prevén que se definan las fechas de apertura de las embajadas en La Habana y Washington.

Sobre la mesa están temas complejos, entre ellos el alcance de acuerdos que aproximen a las partes de cara al cumplimiento de la Convención de Viena sobre diplomacia.

Cuba defiende un estricto apego a los principios de ese instrumento internacional, traducido en la no injerencia y el cese de las actividades subversivas en su territorio por personal recogido en la Convención.

Estados Unidos, a su vez, reclama libertad de movimiento para sus funcionarios en la isla, ante restricciones vigentes, que son recíprocas.

Aún no se ha confirmado que las conversaciones culminen con una rueda de prensa o un comunicado con anuncios concretos.

De cualquier manera, los logros en la arena diplomática estarían aún lejos de representar la normalización de los nexos, con la cual ambos países muestran compromiso.

Cuba insiste en que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto hace más de medio siglo sigue vigente, al igual que la ocupación del territorio de la Base Naval de Guantánamo.

Asimismo, continúan las transmisiones ilegales de radio y televisión y las acciones que desde el poderoso vecino apuntan al viejo objetivo del cambio de régimen.

Prensa Latina

Siete claves para entender lo que está pasando

Han transcurrido cinco meses desde que los presidentes Barack Obama y Raúl Castro anunciaran el pasado 17 de diciembre su intención de abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre Es­tados Unidos y Cuba.

Tras un encuentro histórico de los dos mandatarios en la VII Cumbre de las Américas, hoy inicia en Wa­shing­ton la tercera ronda de conversaciones a nivel de funcionarios para avanzar en el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas.

Izar las banderas de las misiones de Washington y La Habana sería ya de por sí un hito entre dos naciones vecinas que han carecido de nexos formales durante más de medio si­glo. Sin embargo, constituiría solo el inicio de una etapa mucho más larga y compleja.

Los malos entendidos y también las manipulaciones intencionadas han acompañado este proceso desde un inicio. Granma comparte con sus lec­­tores siete claves para ayudar a entender las dimensiones de lo que está pasando entre La Habana y Wa­shington y la etapa que se avecina.

1. Los presidentes tomaron una decisión, lo que falta es llevarla a la práctica

El 17 de diciembre, entre otras noticias de importancia para ambos pueblos, Raúl Castro y Barack Obama anunciaron simultáneamente que han decidido restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU, rotas hace más de medio siglo.

Ahora, la voluntad de los presidentes debe pasar por los canales oficiales de cada país para materializar ese paso.

Las delegaciones que se han reunido en La Habana y Washington en varias rondas de conversaciones y encuentros técnicos, están llevando adelante ese proceso.

La importancia de estas reuniones es que establecen las bases sobre las cuales van a funcionar los nexos di­plomáticos, para no incurrir en los errores del pasado.

2. Ninguna de las partes ha condicionado el restablecimiento de relaciones

Una de las principales líneas de ataque mediático contra las conversaciones ha sido hablar de “condicionamientos” entre las partes.

Tanto los diplomáticos cubanos co­mo estadounidenses han sido claros en que el ambiente de trabajo lo ha marcado el respeto y la profesionalidad, en un clima de reciprocidad y sin injerencias.

Cuba lo que sí hizo desde un inicio fue señalar aspectos que resultaría necesario solucionar antes de dar un paso: el fin de su injusta inclusión en la lista de países terroristas y la situación de su misión en Washington, que ha carecido de servicios bancarios por más de un año.

Ambos aspectos ya están en camino de su solución definitiva, según ha trascendido.

Entretanto, los funcionarios estadounidenses han hablado sobre la movilidad de sus representantes en la futura embajada en La Habana (la de los diplomáticos cubanos también está limitada en Washington), así como el acceso de los cubanos a sus instalaciones.

Al respecto, Cuba ha insistido en la importancia de cumplir con las Con­venciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares, que establecen la importancia de cumplir las leyes del país anfitrión y no inmiscuirse en sus asuntos internos.

Una misión debe poder relacionarse con las personas del país anfitrión, pero respetando preceptos y normas, explicó recientemente un di­plo­má­tico cubano.

3. El restablecimiento de relaciones no es lo mismo que la normalización de relaciones

Confundir el proceso de restablecimiento de los nexos diplomáticos con el de normalización de las relaciones, que es mucho más largo y complejo, es otro error común.

Después de contar con embajadas en ambas capitales, se abriría la eta­pa de la compleja búsqueda de la “normalidad” entre dos países que comparten una convulsa historia bilateral.

Las autoridades cubanas han se­ñalado varios puntos que se consideran indispensables para hablar de una normalización: el levantamiento del bloqueo, la devolución del te­rritorio de la Base Naval de Guan­tánamo, el fin de las transmisiones ilegales de radio y televisión, la cancelación de los planes de cambio de régimen y la compensación por los daños causados al pueblo cubano durante más de medio siglo de agresiones, entre otros.

Nunca se ha dicho que esos puntos necesitan solución para abrir las embajadas, como algunos medios han intentado manipular.

Incluso las autoridades estadounidenses han reconocido la posición cubana.

“Unas relaciones completamente normales no incluyen un embargo económico, no incluyen sanciones económicas”, dijo recientemente una funcionaria del Departamento de Estado de EE.UU. que pidió su anonimato.

Sin duda esta nueva etapa incluye la discusión de otros asuntos de interés para ambas naciones. Pero Cuba ha sido clara que no se le puede pedir que “dé algo a cambio”. Nuestro país no aplica esas medidas a Estados Unidos, ni tiene bases militares en territorio norteamericano, ni promue­ve un cambio de régimen.

Asimismo, Cuba ha dicho que no se le puede exigir que tenga que renunciar a sus ideales de independencia y justicia social, ni claudicar en uno solo de sus principios, ni ceder un milímetro en la defensa de la soberanía nacional.

4. El cambio de política de Washington es un triunfo del pueblo cubano y de la integración latinoamericana

No pecaríamos de chovinistas al reconocer, co­mo lo ha hecho la ma­yoría de la comunidad internacional, que el hecho de que Cuba haya llegado a este punto es resultado de casi siglo y medio de heroica lucha y fidelidad a sus principios.

Asimismo, no se podría pensar en cambios de política de este calado sin entender la nueva época que vive nuestra región, y al sólido y valiente reclamo de los gobiernos y pueblos de la Comunidad de Estados Lati­noa­mericanos y Caribeños (Celac).

En la II Cumbre de la Celac en La Habana se firmó un documento que no tiene referente en la historia he­misférica: la declaración de la región como Zona de Paz, la misma que reconoce “el derecho inalienable de to­do Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como con­dición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”.

5. Estados Unidos cambia los métodos, pero no los objetivos

Una de las grandes preguntas que ha seguido este proceso es en qué consiste y cuál es el alcance del cambio de política de Estados Unidos. El asunto no tiene una respuesta fácil y quizá sea muy pronto para poder hacer un análisis cabal.

Cuando el Presidente Obama hizo su anuncio, dijo que después de 50 años de una política fracasada, era hora de probar algo nuevo.

“Estamos en el camino hacia el fu­turo, dejaremos en la espalda las co­sas que hicieron el pasado complicado”, dijo Obama en Panamá respecto a Cuba.
Sin embargo, en varios momentos, las autoridades estadounidenses han dicho que cambian los métodos, pero no los objetivos. En esos objetivos está desde el 1ro. de Enero de 1959 el derrocamiento de la Re­volución.

“En Cuba, no estamos en el negocio del cambio de régimen”, precisó Obama durante la VII Cumbre de las Américas, en una declaración que llenó a muchos de esperanza.

Sin embargo, aún millones de dó­lares se destinan públicamente a pa­gar la subversión en Cuba, a lo que se suman otros fondos que no son de­clarados.
Por su parte, las autoridades cu­banas nunca han mostrado ingenuidad. “Nadie podría soñar que la nue­va política que se anuncia acepte la existencia de una Revolución socialista a 90 millas de la Florida”, dijo Raúl en su discurso durante la III Cumbre de la Celac.

6. Obama puede hacer mucho más

Obama acompañó los anuncios del 17 de diciembre con un grupo de medidas que modifican una pequeña parte de la aplicación del bloqueo, pero esa medida de agresión se mantiene en pie.

Cuba ha reconocido la valiente po­sición de Obama de involucrarse en un debate con el Congreso para po­nerle fin, algo que no había he­cho ningún otro presidente estadounidense.

Sin embargo, es falsa la matriz me­diática de que el presidente “ha he­cho todo lo que puede”.

Obama podría utilizar con determinación sus amplias facultades ejecutivas para modificar sustancialmente la aplicación del bloqueo, lo que está en sus manos hacer, aun sin la decisión del Congreso.

Pudiera permitir, por ejemplo, en otros sectores de la economía todo lo que ha autorizado en el ámbito de las telecomunicaciones con evidentes ob­jetivos de influencia política en Cuba.

7. Con respeto a la soberanía, no hay temas tabúes

Una de las lecciones de los últimos cinco meses —y quizá también del año y medio de conversaciones se­cretas que los antecedieron— es que Cuba y Estados Unidos pueden abor­dar cualquier asunto siempre que sea en un marco de respeto.

Cuba ha mostrado su voluntad a abordar incluso aquellos temas que más se han utilizado y manipulado para atacar a nuestro país, como de­mo­­cracia, libertad de expresión y de­rechos humanos, asuntos sobre los cuales tiene mucho que mostrar y opinar.

Quizá la clave más importante de todas, y la que resume este trabajo, es que el reto mayor entre Cuba y Es­tados Unidos es construir una con­vivencia civilizada basada en el respeto a sus profundas diferencias.

Granma