Entrevista exclusiva de NODAL a Ernesto Samper, secretario de Unasur: “Las diferencias ideológicas no afectan la integración regional”

“Las diferencias ideológicas no afectan la integración regional”

 

El Secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas y ex presidente de Colombia Ernesto Samper examina en este diálogo exclusivo con Nodal, los principales desafíos que enfrenta la región. De paso por Buenos Aires para participar del homenaje brindado a Néstor Kirchner por el quinto aniversario de la asunción del ex presidente argentino al frente de Unasur, Samper detalla los objetivos de su gestión y asegura que una de sus principales aspiraciones es la creación de una ciudadanía común para los más de 400 millones de suramericanos. Además, el ex mandatario habla de “repolitizar” la Unasur y asegura que la clave para el desarrollo económico regional radica en la generación de cadenas de valor, la complementariedad económica y el incremento del comercio intrarregional.

La palabra integración se utiliza de muchas maneras. Como secretario general de Unasur, ¿qué significado le atribuye al término?

Distingo integración de regionalización. Unasur representa a una región en el sentido de que defiende un concepto de integración regional a partir de ciertos valores como la paz, la democracia y los derechos humanos. Un ejemplo para aclarar esta tesis es la Unión Europea, ya que ésta lleva a cabo un proceso de integración que persigue el objetivo de convertirse en una región. Nosotros, al contrario, ya somos una región que está buscando integrarse. Nuestra tarea es mucho más fácil porque queremos integrarnos sobre la base de la diversidad de las distintas identidades nacionales. Así, nuestra región se convierte en un escenario donde se genera un tipo de integración que está constituida por tres factores esenciales: la movilidad de las personas, la movilidad de los bienes y servicios y la movilidad de los capitales.

¿En qué medida se ha avanzado en la concreción de esos factores?

Respecto de la movilidad de los capitales, estamos trabajando una estrategia financiera común que incluye mecanismos conjuntos de estabilización de pagos, una política de defensa contracíclica y sobre todo la generación de herramientas financieras para facilitar proyectos que tiene la región. Con relación a los bienes y servicios, considero que los niveles de integración de América del Sur son realmente pobres. El comercio intrarregional ronda el 18 por ciento, cuando, por ejemplo, el comercio entre los países europeos alcanza el 67 por ciento. Esto significa que tenemos que trabajar mucho más en la consolidación del mercado interno. Finalmente, quisiera hacer hincapié en la movilidad de las personas ya que es uno de nuestros proyectos bandera e implica el concepto de ciudadanía sudamericana.

¿Cómo lo explica?

Se trata del proyecto más importante que está desarrollando en este momento Unasur. El objetivo es que, dentro de poco tiempo, los 420 millones de suramericanos que se movilizan por los 17,5 millones de kilómetros cuadrados de superficie de la región puedan tener el derecho a trabajar, a estudiar, a homologar sus títulos, a recibir servicios sociales y protección jurídica, a poder asilarse, a actuar como refugiados, a ser tratados con consideración por las normas migratorias, etcétera, en cualquiera de los países del bloque suramericano. Esos derechos integran el concepto básico de ciudadanía suramericana al que aspiramos.

INTEGRACIÓN POLÍTICA y ALIANZAS

Usted habla de la necesidad de “desideologizar” las relaciones regionales y, al mismo tiempo, “repolitizar” Unasur. ¿Qué significa?

 Implica no caer en la trampa que están tratando de tender algunos sectores mostrando que en América del Sur existen diferencias ideológicas insalvables, que dividirían a los países inevitablemente entre el Atlántico y el Pacífico. Creo que aquí se está gestando un modelo de desarrollo renovado en el cual cada nación, sobre la base de su propia visión ideológica, hace sus aportes. Con todo, los diferentes puntos de vistas convergen en ciertos aspectos, como por ejemplo el énfasis que se le da a la inclusión social. Después de la pesadilla neoliberal de los noventa, la inclusión social es parte de la relegitimación del sistema democrático.

Sin embargo, esa idea no pareciera coincidir con el esquema de desarrollo al que apuestan algunos países de la Alianza del Pacífico donde también está México.

 Es cierto, pero creo que es importante resaltar que la integración económica abierta es válida siempre y cuando no afecte a la integración política regional. Quiero decir que me parece lógico que los países generen lazos por fuera de la región, que constituyan alianzas de carácter estrictamente económico, como las que realizan algunos países de la Alianza del Pacífico, o como las que lleva a cabo el ALBA con los países árabes a raíz del tema del petróleo, o Brasil con los BRICS a través de sus acuerdos con India y Rusia. Esto se vincula con la idea de repolitizar las relaciones en el sentido de que la región debe mantener su identidad política, lo que no es incompatible con las alianzas que se tejan en el orden económico. Me parece que las cumbres de Unasur deberían girar en torno a temas políticas, que se hable de democracia, de paz, de la defensa en común, de la doctrina de seguridad regional, algo que nos evitaría caer en la trampa de que esta tarea puede verse perjudicada por insalvables diferencias ideológicas, porque de hecho no son insalvables.

¿Y cuál es la solidez de la integración política?

Creo que estamos afianzados políticamente. Prueba de ello es la consolidación de organismos emblemáticos de Unasur, como es el Consejo de Defensa Suramericano, con el reciente lanzamiento de la Escuela Suramericana de Defensa, que de alguna manera reemplaza a la Escuela de las Américas y que sin duda es una expresión de soberanía. Asimismo, desde el Consejo Electoral de Unasur, recientemente pusimos en marcha la unidad técnica de apoyo a los comicios que se celebren en la región. Por otro lado, acabamos de ganar una batalla importante frente a los intentos unilateralistas e injerencistas respecto a Venezuela.

En su opinión, ¿qué buscó realmente EEUU con el decreto que define a Venezuela como una amenaza a su seguridad?

Los más perspicaces dirían que la intención de fondo podría haber sido enviarle un mensaje a los dirigentes republicanos en el Congreso, en el contexto de las negociaciones con Irán.  Los conservadores no quieren a Venezuela y, por ello, el decreto podría haber funcionado como mecanismo compensatorio para ganarse el apoyo en las negociaciones con Irán, a las que también se oponían. ¿Será posible esta lectura?

Usted dice que eso es lo que opinan los más perspicaces ¿Usted qué piensa?

Yo soy perspicaz… (Risas) Creo que EEUU preveía la sobre-reacción de la región, que no fue porque se le quitara la visa a siete venezolanos, ya que a muchos nos la han quitado y hemos sobrevivido sin problemas, si no porque la descalificación de un país considerándolo una amenaza es absolutamente desproporcionada. Más aún porque este golpe lo recibimos cuando estábamos celebrando el regreso de Cuba a la familia interamericana. Además, el decreto constituye una dura expresión de una serie de descalificaciones que forman parte de un diccionario que hay que abolir, que también está compuesto por las certificaciones estadounidenses, las sanciones, entre otras medidas. Todo ello, define el unilateralismo de EEUU como esquema para relacionarse con la región.

Usted resalta la “repolitización”, ¿esto no implica mejorar la estrategia comunicacional de Unasur? Hoy parece ser uno de los flancos débiles

 Es como el mito de la caverna de Platón. Si se cambia la imagen para que cambie la realidad o al revés. Nosotros queremos cambiar la realidad para que cambie la imagen. Y en la medida en que estamos implementando políticas, estableciendo debates y realizando actividades en torno a la integración, esperamos que eso facilite una llegada y una comunicación más eficiente de lo que está haciendo Unasur. Pero es una observación válida y de hecho esta es una etapa en la que estamos trabajando una nueva estrategia en comunicación.

CRECIMIENTO Y DESARROLLO

La mayoría de los países de la región enfrenta el desafío de transformar o diversificar sus matrices productivas. ¿Cómo evalúa este fenómeno?

El cambio en la matriz productiva tiene que ver esencialmente con agregar valor. Nos vuelve a enfrentar con una antigua meta referida a trabajar con las heterogeneidades estructurales. No se trata de regresar a la época en que la CEPAL propugnaba un proteccionismo a ultranza porque ya estamos trabajando sobre economías abiertas. Pero las actuales reglas de juego no impiden la generación de políticas que tengan el fin de aprovechar mucho mejor nuestras capacidades de generar valor. Una iniciativa en este sentido lo constituyen las cadenas agroalimentarias que promueve Argentina. Mediante las cadenas productivas sociales, un gobierno que compra, por ejemplo, determinado bien agrícola para sus programas nutricionales o sociales podría adquirir la misma mercancía localmente en vez de importarla. Por otro lado, los proyectos para integrar la región, como los de infraestructura, pueden contribuir a este proceso en la medida en que se demanden materiales que contengan componentes locales. Se puede impulsar de manera conjunta la petroquímica, los emprendimientos hidroeléctricos, las refinerías, entre otros. Asimismo, las grandes transformaciones productivas no resultan sólo de la iniciativa del mercado, sino también de la programación y la planificación del desarrollo productivo.

En este sentido, ¿cuál es la importancia de la industrialización?

La región abandonó la industria. Ha estado decreciendo en los últimos diez años. Tenemos que relanzarla como un factor de creación de valor. No podemos seguir vendiendo petróleo, minerales y cereales como base de nuestro desarrollo, esperando que bajen o suban los precios de los commodities. Tenemos que procesar esos productos y formar cadenas de valor, que actualmente explican el 80 por ciento del comercio mundial. Es decir, ya no se compra y se vende de la manera tradicional, sino que hay procesos de encadenamiento productivo en los que se agrega valor en ­cada uno de los eslabones del proceso. Las grandes fábricas de automóviles no están unificadas en un sitio, están distribuidas en todas partes del mundo.

En un contexto internacional menos favorable para las economías de la región, ¿cómo puede contribuir la integración regional a las actividades productivas?

En momentos en que, efectivamente, se reduce la inversión extranjera, las economías de Europa y EEUU siguen debilitadas, la demanda china de los productos primarios se reduce y caen los precios del petróleo, entre otros factores, se prevé una desaceleración del crecimiento económico en la región, aunque no se llegará a una recesión. En este contexto, en lugar de buscar soluciones afuera, podemos sobrellevar la crisis internamente. Tenemos la posibilidad de aumentar el comercio entre los países de la región, por lo que además de la generación de valor agregado, se deben buscar la complementariedad de las distintas economías. En la actualidad, el 70 por ciento del comercio intrarregional es de semi-manufacturas, lo que expresa la posibilidad que tenemos de afianzar un proceso de relanzamiento de la industria a partir del comercio interno. Esta sería una respuesta creativa al desafío de la desaceleración económica. Otro dato que aporta en este sentido son las inversiones multilatinas, que son aquellas realizadas por los países de la región dentro de la región, y que han crecido el 13 por ciento en los últimos años frente al 6 o 7 por ciento de inversiones extranjeras.

Se podría pensar que el Banco del Sur es más necesario que nunca. ¿En qué fase de su constitución se encuentra?

Está a punto de comenzar a actuar. La Argentina ya designó recientemente a su representante, por lo que ya está conformado el directorio que podrá elegir el director general del banco. Hay que recordar además que no se precisa de los doce países para comenzar con las actividades ya que las diferentes nacionales se pueden ir incorporando progresivamente.

La situación en Colombia es clave para la región, ¿cuál es su evaluación sobre los diálogos de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC?

Soy optimista. Creo que las actuales negociaciones conducirán a una salida definitiva del conflicto. Pero, tal como describe aquella frase que dice que nunca es más oscura la noche como una hora antes del amanecer, en esta última hora de los diálogos por una salida política a la lucha armada tenemos el desafío de atravesar la parte más compleja del proceso que implica el desescalamiento militar, la desmovilización, el desarme, la seguridad de los insurgentes, entre otros puntos. En este marco, ciertos sectores en Colombia se están dando cuenta que este proceso está llegando a su fin y, por ello, están utilizando cualquier argumento para tratar de hacer trastabillar el diálogo. Lamentablemente, se trata de una derecha muy beligerante que quiere poner palos en la rueda, que se está aprovechando de estos tramos más delicados para hacer fracasar la negociación. Sin embargo, he conocido de cerca la violencia en Colombia, en el contexto de los últimos 50 años de lucha armada, y considero que las últimas etapas se van a superar con éxito.

Aram Aharonian, Pedro Brieger y Cecilia Escudero