Unasur propone cadena mundial de solidaridad ante “genocidio pasivo” de migrantes y refugiados

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) propuso este lunes “una cadena mundial de solidaridad” para abrir un espacio de cooperación humanitaria y así enfrentar el “genocidio pasivo” de los refugiados de Siria y Somalia así como de los rohingyas, minoría musulmana perseguida en Birmania y Bangladesh, que en su intento por migrar han permanecido semanas a la deriva.

“La condición de los migrantes rohingyas provenientes de Birmania y Bangladesh, abandonados a su suerte en medio del mar sin poder desembarcar en un puerto de algún país que los reciba, sumada a los refugiados de Siria y Somalia, constituye un auténtico genocidio pasivo por parte de un mundo cada día más insensible al sufrimiento del género humano”, señaló la Unasur en un comunicado.

Ante ese drama, el organismo regional propuso una cadena mundial de solidaridad “agenciada por la Cruz Roja Internacional, a través de la cual todos los países del mundo se comprometan a hacer aportes para que los países de origen – cuando existan condiciones de permanencia – o de destino de todos los migrantes forzados, puedan asumir sus responsabilidades humanitarias”.

La nota oficial de la Unasur expresa que con ese mecanismo de cooperación internacional “se abrirían espacios económicos y sociales para que estos millones de ciudadanos a la deriva puedan encontrar un sitio seguro en el cual establecerse o del cual desplazarse con sus familias”.

Azotados por guerras, violencia o la persecución debido a su origen o religión, sirios, somalíes y la minoría rohinyas huyen de los países donde viven y en muchas ocasiones se encuentran sin protección y sin garantías ni derechos.

El pasado sábado el presidente ecuatoriano Rafael Correa ofreció todo el apoyo y solidaridad a los migrantes que permanecen a la deriva en embarcaciones a las que no se les permite desembarcar en costas de países asiáticos y condenó este atentado a los derechos humanos.

“Este mundo está loco, despreciar así a unos seres humanos, tenerlos en un barco a la deriva, muriéndose de hambre meses sin permitirles desembarcar en un puerto para no hacerse cargo”, deploró este sábado el mandatario ecuatoriano.

El viernes unos 712 migrantes, oriundos de Bangladesh y Birmania, fueron rescatados, tras el naufragio de su barco, por pescadores ante las costas de la provincia de Aceh, en el noroeste de Indonesia. Su barco había permanecía a la deriva por dos meses y había sido rechazado ante las costas de Malasia, habitual destino de estos migrantes.

Correa señaló que como presidente de Ecuador, país que ejerce la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), está preparando las ayudas necesarias para asistir a los centenerares de migrantes, entre ellos mujeres y niños.

“Si el problema continúa daremos todo el apoyo llevando alimentos, es más si podemos como Celac recibir a algunas de estas personas y aliviar la tragedia que están pasando”, expresó Correa.

Andes

Cadena Mundial de Solidaridad. Declaración de UNASUR sobre el caso de los migrantes Rohingyas.

La condición de los migrantes Rohingyas provenientes de Birmania y Bangladesh, abandonados a su suerte en medio del mar sin poder desembarcar en un puerto de algún país que los reciba, sumada a los refugiados de Siria y Somalia, constituye un auténtico genocidio pasivo por parte de un mundo cada día más insensible al sufrimiento del género humano.

UNASUR propone una CADENA MUNDIAL DE SOLIDARIDAD, agenciada por la Cruz Roja Internacional, a través de la cual todos los países del mundo se comprometan a hacer aportes para que los países de origen – cuando existan condiciones de permanencia – o de destino de todos los migrantes forzados, puedan asumir sus responsabilidades humanitarias.

Con esta cooperación internacional se abrirían espacios económicos y sociales para que estos millones de ciudadanos a la deriva puedan encontrar un sitio seguro en el cual establecerse o del cual desplazarse con sus familias.

Quito, Mitad del Mundo. Mayo del 2015.

Unasur