Bacanal de corrupción – Diario El Periódico, Guatemala

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Aunque es imposible saber cuál será el siguiente escándalo; quién será el próximo funcionario o político que saldrá involucrado; qué grupo, gremio, sector económico, ocupación o profesión se verá envuelto en bien diseñados esquemas de corrupción, lo que queda claro es que la corrupción, más que una falla, es la forma típica de operar del sistema y que, de existir voluntad política de llevar el combate a la corrupción hasta su última consecuencia, no alcanzarían las cárceles para albergar a tantos corruptos. Si bien los escándalos de corrupción han sacado a la luz pública aberrados patrones de comportamiento, indeseables circunstancias y amañados diseños institucionales dentro del Ejecutivo, Legislativo y Judicial, es preciso comprender que dentro de esta bacanal participan también otros importantes invitados: municipalidades, consejos de desarrollo, entidades autónomas y descentralizadas, CDAG, Usac, sindicatos públicos, partidos políticos, sociedades de gestión colectiva, colegios profesionales, ONG parasitarias del presupuesto público, cooperación internacional, etcétera.

En la medida que el manejo de fondos públicos y la toma de decisiones estratégicas recaigan en manos de funcionarios públicos y políticos carentes de sólidos valores morales y capacidades, y con amplias facultades discrecionales, habrá un suelo fértil para la corrupción. Si a esto se suma que los órganos de control no ejercen adecuadamente su función, ya sea por diseño institucional, desdén o confabulación, no debe causar sorpresa que la corrupción se propague como la mala hierba. Si los políticos en el ejercicio del poder pueden obligar a los cuadros técnicos a tomar decisiones contrarias a las buenas prácticas profesionales o estándares aceptables de operación, es inevitable que la corrupción florezca en todo lugar. Mientras la clase política gobernante tenga la facultad de otorgar favores a grupos organizados, de índole gremial o no, con el fin de obligar al Estado o a la ciudadanía a financiar de manera compulsiva intereses particulares, los frutos de la corrupción estarán al alcance de todos. Una bacanal a la que no quieren renunciar los invitados actuales.

El Periódico