El Papa, Evo y el medio ambiente – Diario Página Siete, Bolivia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El mismo día en que el presidente Evo Morales inauguró un nuevo campo petrolífero y dijo que no permitirá que fundaciones y ONG impidan el desarrollo del país (a las que amenazó con expulsar, en referencia a quienes intentan promover un modelo de desarrollo que no afecte al medioambiente), el papa Francisco emitió la encíclica Laudato Si (Alabado Sea), un llamado para salvar el planeta.

La coincidencia no pasó desapercibida por las propias autoridades y, a las pocas horas de conocido el documento papal, el viceministro Alfredo Rada se apresuró a señalar que no existe diferencia entre las dos posiciones. Pero claramente las hay.

Aunque en la encíclica papal existen aspectos que se podrían señalar coinciden con la visión del gobierno, como por ejemplo su exigencia de que los servicios de agua no sean privatizados y sus críticas a las corporaciones internacionales, la posición general de ambas perspectivas es opuesta.

Lo que el Papa demanda en su encíclica es un respeto por el medioambiente y un pedido de que el crecimiento y el desarrollo no se logren a cualquier costo, exactamente lo contrario de lo que el gobierno, con sus acciones, demuestra. El intento de construir la carretera a través del TIPNIS, pese a sus colosales consecuencias en la Madre Tierra, el plan de construir una represa en el Estrecho del Bala, que cerraría el paso al río Beni, el DS que permite la exploración de petróleo y la explotación minera en áreas protegidas y muchos eventos de ese tipo, demuestran una visión extractivista de la economía -opuesta a la visión del Papa-, que se basa en la producción intensiva de materias primas, aunque ello dañe el equilibrio ecológico.

La última advertencia del presidente Evo Morales sobre que “expulsará” a las fundaciones que detengan el desarrollo es una demostración de lo distante que se encuentra de lo que el Papa propone. En 2012 el vicepresidente Álvaro García Linera aseguró que los indígenas de Bolivia no serán “guardabosques (…) como quieren algunas ONG pagadas por empresas extranjeras”. Dijo que “no es que vamos a ser simplemente guardabosques para vivir como estamos viviendo ahorita; 1.000 años más, no (…). Esas empresas extranjeras quieren dejar a nuestra gente que vive en los bosques como hace 500 o 1.000 años, congelados”.

Parece que el Papa le hubiera respondido de manera directa a este tipo de planteamientos: “Nadie pretende volver a la época de las cavernas, pero sí es indispensable aminorar la marcha para mirar la realidad de otra manera, recoger los avances positivos y sostenibles y, a la vez, recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano”.

En todo el documento el Papa insiste en que “el deterioro del ambiente y de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta”, y que todo es consecuencia del antropocentrismo, es decir, de haber puesto al hombre como el centro de todo.

“Para afrontar los problemas de fondo, que no pueden ser resueltos por acciones de países aislados, es indispensable un consenso mundial que lleve, por ejemplo, a programar una agricultura sostenible y diversificada, a desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía, a fomentar una mayor eficiencia energética, a promover una gestión más adecuada de los recursos forestales y marítimos, a asegurar a todos el acceso al agua potable”, indica.

Esto es exactamente lo que el gobierno no hace, en su carrera por el “desarrollo” que se basa en explotar gas y petróleo y venderlo a dos países limítrofes. El Gobierno no deja de repetir que la nacionalización del gas y la venta de ese producto han permitido la bonanza actual. A eso se limita su visión del desarrollo. Y eso es lo que el Papa llama “antropocentrismo”.

El Pontífice describió también el continuo daño a la naturaleza como “una pequeña señal de la crisis ética, cultural y espiritual de la modernidad”. Nunca más oportuna la reflexión, pero también nunca menos posible: Bolivia camina cada vez más cerca del extractivismo irreflexivo.

La amenaza del Presidente de expulsar a ONG y fundaciones que defienden al medioambiente lo coloca en las antípodas del papa Francisco.

Lo que el papa Francisco demanda en su encíclica es un respeto por el medioambiente y un pedido de que el crecimiento no se logre a cualquier costo.

Página Siete