José Miguel Insulza, político chileno y exsecretario general de la OEA: “Efectivamente en Chile hay un momento político muy grave”

Por: Tomás Martínez

A menos de un mes de haber regresado a Chile, la encuesta Cadem ubicó a José Miguel Insulza como uno de los 10 políticos con mayor confianza por parte de la ciudadanía. Un logro trascendente en momentos en que la gente profundiza su distanciamento con la clase política, en medio de la crisis que golpea de manera transversal al Gobierno y al mundo al que pertenece el ex secretario general de la OEA.

Usted regresa a instalarse a Chile después de 10 años y se encuentra con un país que, muchos reconocen, vive su peor crisis política desde el regreso a la democracia. ¿Coincide con ese diagnóstico?

Yo creo que sí, creo que efectivamente éste es un momento político muy grave, descartando por cierto algunas de las cosas que ocurrieron recién retornados a la democracia, como ejercicios de enlace y cosas por el estilo, que pusieron en peligro el proceso completo y fueron muy graves. Pero fueron casos puntuales, provocados por determinados sectores, y no se prolongaron en el tiempo. La coalición, llámese primero Concertación, luego Nueva Mayoría, realizó una gestión de Gobierno que siempre estuvo en general marcada por un intento de separar en su quehacer propio el dinero de la política. O sea, el dinero está en la política de muchas maneras, pero yo diría que la coalición nunca fue fuertemente atacada por gestiones que vincularan de manera operativa el dinero y la política, que esto fuera financiado por grandes empresas. Ahora la impresión que se da es todo lo contrario, que el financiamiento de la política -legislado parcialmente el año 2003- siguió proviniendo de las empresas y algunas empresas a las cuales incluso es discutible pedir dinero. Y lo segundo, que al parecer la coalición misma, los partidos, no fueron los que estuvieron involucrados en esto, si bien algunos de sus miembros pudieron haber recibido recursos para la política, sino que para gestionar esos recursos se configuró una red nueva que estamos recién conociendo, y que si bien estaba integrada por militantes de partido, no respondía de manera alguna a ellos. Se considera hasta meritorio y valiente que personeros del PPD, del PS, de otros partidos, hayan dicho ‘sí, nosotros sabíamos, estábamos en la precampaña’, pero es cada vez más evidente que había un grupo, una red, que funcionaba al margen de los partidos.

Como uno de los históricos del conglomerado, ¿le duele que ahora sí se estén enfrentando estos cuestionamientos?

Más que ese cuestionamiento, me duele que esto revele una cierta dificultad para distinguir lo personal de lo público, o si se quiere una cierta actitud de juntar interés público con interés privado. Y eso sí que no es propio nuestro. Esta idea de, por un lado, estar en el sistema del Gobierno o el Congreso, y por otro lado asesorar empresas, trabajar con ellas, hacer negocios, etc, es algo que siempre hemos rechazado. No lo estoy juzgando desde el punto de vista jurídico, pero yo siempre dije cuando Sebastián Piñera postuló a la Presidencia de la República, que no me parecía que fuera conciliable la realización de negocios privados con la actividad pública, reconociendo el derecho de los empresarios a participar en la política. Decía, ‘ellos tienen que separarse desde el momento mismo en que entran en la política de los asuntos de interés privado’, y hoy día parece haber una cierta tendencia a pensar por algunos que su interés personal no es sólo compatible, sino que casi funcional a su interés político, y eso es lo que me parece más negativo.

El país no sólo atraviesa un momento político complejo. También enfrenta un escenario en que el crecimiento va a la baja. ¿Cuánto le preocupa esa debilidad económica y cuánto cree que puede afectar el desenvolvimiento y metas del Gobierno?

Sobre el tema económico hay que ser objetivo en cuanto a cuál es la situación de la región. Hace algunos días, una de las instituciones grandes habló de un crecimiento de América Latina este año de un 0,4%, porque algunos de los países grandes, como Brasil, tendrán crecimiento negativo. En esas condiciones, de manera objetiva, un 2,5% o 3% no es malo, es muy superior al promedio. En el contexto mundial actual por algún tiempo no va a haber grandes boom económicos, vamos a tener que seguir creciendo a un buen paso. Ahora, ciertamente hay que considerar con realismo las cosas que se pueden hacer en el plano de lo social, eso también lo ha dicho el ministro (Rodrigo) Valdés con mucha claridad. No estamos creciendo mal si consideramos que el promedio de América Latina está creciendo bastante menos que nosotros, pero eso no nos faculta a hacer planes y programas que a lo mejor serían posibles con el 7% o el 8% de crecimiento.

¿Se puede lograr el objetivo de una mayor igualdad con un crecimiento bajo de la economía?

Con lo que está planteado ya tenemos un peso importante. Hay Reforma Tributaria. Si hay que hacer ajustes técnicos serán ajustes técnicos, no entrar a hablar de nuevo de las tasas y todo ese tipo de cosas. Reforma Tributaria, reforma educacional , reforma laboral, creo que es lo que nosotros debemos tratar de financiar y sustentar en este período, y por cierto, el problema de la salud y los hospitales. Si usted suma esas cuatro cosas tiene una bolsa bastante llena de problemas como para seguir agregando otras reformas y otras cosas.

¿Los eventuales ajustes a la Reforma Tributaria deben ser pequeños o amplios como planteó el presidente del Senado, Patricio Walker?

Hay una Reforma Tributaria que proporciona una determinada cantidad de recursos y afecta un determinado tipo de interés o de ganancia. Yo en eso no estoy por innovar nada. En lo que sí estoy por aceptar modificaciones es en las cosas que me dicen: que se mezclarían dos tipos de tributación, que esto haría muy difícil las declaraciones, bueno eso veámoslo. Lo ideal es que uno sepa cómo exactamente debe tributar y no deba llenar unos formularios enormes por la cantidad de mezclas, de exenciones y de no exenciones. Si hay esas dificultades simplifiquemos todo lo que sea necesario, pero pagando lo que se acordó pagar.

En la tramitación de la Reforma Tributaria se acusó la existencia de una “cocina” que modificó ciertas aspectos del proyecto. Ahora viene la reforma laboral. ¿Debe seguir tal como está o también debe enfrentar modificaciones?

El Senado es un buen lugar para discutir los temas que puedan quedar pendientes. El mejor lugar es el Senado y no creo que estos temas deban volver al Gobierno ni mucho menos, ni ser objeto de una mesa especial. Yo entiendo los puntos de vista de unos y otros. Una huelga en que lo pueden reemplazar a uno naturalmente no es bueno, para qué estamos con cuentos. O sea, qué le importa al empresario tener una huelga si puede salir a la esquina y contratar más gente, de qué sirve eso. El riesgo de una huelga que pueda realmente paralizar actividades probablemente haga que la negociación sea más fructífera y más posible. Al mismo tiempo, es justo decir que el derecho a huelga debe ser regulado de manera de no afectar de manera permanente a la producción y en el caso de los servicios públicos no causar excesivo sufrimiento a los usuarios.

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