Tiempos de sensatez y unidad – Diario El Espectador, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Un tema tan sensible como el limítrofe, que de forma sorpresiva e inamistosa ha levantado el gobierno de Nicolás Maduro contra Colombia, debe ser manejado con tino y sensatez.

La misma que le ha pedido nuestra Cancillería al país vecino. Paradójicamente, mientras allá los irreconciliables oficialistas y opositores parecen haberse alineado con el Ejecutivo frente a este absurdo gesto unilateral, aquí se mantiene la absurda división que nos carcome.

Tuvo razón el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, al decir que por tratarse de temas atinentes a la soberanía nacional que deben ser considerados como asuntos de Estado. Unidad, valga la pena decirlo, que no nos debe arrastrar a las innecesarias provocaciones en que suele caer el gobierno del país vecino, experto en paliar sus muchos problemas internos ambientando fricciones innecesarias con otros países. Tampoco se trata en este caso de ondear la bandera del falso nacionalismo.

Pero, ¿unidad frente a qué? Como lo dijimos en este espacio el sábado anterior, el decreto 1787 del 26 de mayo de 2015 “por el cual crea y activa las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítimas e Insulares (Zodimain)” fue un acto estrictamente unilateral de Venezuela, contrario al derecho internacional. Por lo mismo, no genera ningún tipo de obligaciones o responsabilidades para Colombia. Así de sencillo. De ahí que la Nota de Protesta que la canciller María Ángela Holguín entregó al embajador de Venezuela en Bogotá exija que allá se tomen las medidas necesarias para corregir las coordenadas, dado que el mismo afecta áreas marítimas aún por delimitar en el Caribe. Por lo anterior es que se hizo un llamado al gobierno venezolano “para evitar medidas unilaterales, y que se privilegie la sensatez cuando se trata de temas tan delicados como los que contemplan la soberanía marítima”.

La respuesta de Caracas, muy poco diplomática, acertó al solicitar el diálogo bilateral para resolver la delimitación pendiente de áreas marinas y submarinas. Existen los mecanismos para llevarlo a cabo desde 1990 con la Comisión Presidencial Negociadora (CONEG) creada para negociar la delimitación de las áreas marinas y submarinas al más alto nivel. Se buscó entonces evitar medidas unilaterales así como “desgolfizar” la importante relación binacional. Infortunadamente, y a pesar de un inicio esperanzador en su primera década, con la llegada de Hugo Chávez, y luego con Nicolás Maduro, este asunto ha permanecido en el congelador. Y no por falta de interés o voluntad de Colombia, pues de nuestra parte ha existido el deseo de resolver esta situación de una buena vez por todas.

Sabemos que el país vecino tiene demasiados problemas internos que resolver y que es dado a evitarlos creando situaciones conflictivas a nivel internacional. Una vez fijada para el 6 de diciembre la esperada fecha de los comicios regionales, el chavismo entra en una difícil coyuntura. Ante los reiterados desmadres en materia del manejo de la economía, la inseguridad, la corrupción, el desabastecimiento y las restricciones a las libertades individuales de los opositores, así como contra los medios, todo indica que la oposición puede ganar en la Asamblea Nacional. De ahí que este tipo de provocaciones tiene no sólo una explicación, sino que hay que prepararse para otras que vendrán.

De momento, y observando lo que sucede al otro lado de la frontera, lo sensato aquí sería lograr la unidad en cuanto a varios aspectos: acompañar el manejo diplomático que viene adelantando la Cancillería; convocar la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores; no caer en provocaciones innecesarias; privilegiar el diálogo bilateral por encima de cualquier otra opción y rechazar cualquier hecho unilateral contrario al Derecho Internacional.

El Espectador