Chapo: 2 Estado: 0 (México) – Por Antonio Navalón

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Es difícil establecer qué es lo peor de todo…

Primero. La humillación hacia el Estado mexicano que no es capaz de retener y de custodiar al que ha declarado como su enemigo público número uno.

Segundo. Una vez más la corrupción es el cáncer nacional que nos corroe. Es un problema cultural pero de la mala cultura heredada que ha destruido al país. Que permite este virtuosismo que significan los tanques de oxígeno y una motocicleta sobre rieles para escaparse.

Tercero. No sé muy bien quién asesora al presidente Peña en sus intervenciones y en su política. Pero el problema no es si interrumpe o no su viaje a Francia, el problema fue hacer una declaración más allá del verdadero realismo de las condenas.

Cuarto. La vez pasada fue en la cesta de la ropa, ahora a través de un túnel, si es que en realidad así fue. Y por qué no podríamos pensar que en el fondo salió en el coche del director, dejando todo sembrado de pistas falsas.

La otra vez se lo hizo al gobierno panista, en esta ocasión es al gobierno priista. El Chapo está conquistando una mala leyenda más allá de su colega colombiano Pablo Escobar.

Quinto. Es gravísimo el golpe bajo para las relaciones del Estado con sus fuerzas armadas. En dónde éstas sufren un desgaste por la encomienda de Felipe Calderón cuando declaró su falsa guerra contra el narcotráfico. Está haciendo que se cuestione nuestro ejército y nuestra marina y que se multipliquen las demandas por no respetar los derechos humanos.

Sexto. Cómo se deben de sentir, que después de detener a los criminales más peligrosos, éstos se escapan y simulan o hacen una fuga que no está ni en las películas de James Bond.

Séptimo. Serán espantosas las consecuencias internacionales. Estados Unidos llevan muchos años acusando al gobierno mexicano de su falta de estructura en el aparato de justicia y en el de seguridad.

Frente a lo que fue una colaboración entre los dos países para capturar al Chapo, esto se presenta como un “gancho al hígado” que liquida algunas de las buenas relaciones que se mantenían con el vecino del norte.

Octavo. La obligación de un Estado es mantenernos vivos a los que formamos parte de él. Y cuando descarga su poder sobre alguien, éste no se puede burlar yéndose de un penal como si fuera un surfista sobre más de cien mil muertos.

Habrá que averiguar, cuántos custodios fueron copartícipes del túnel que sacó al Chapo por segunda vez de una mal llamada cárcel de alta seguridad mexicana.

¿Cómo nos sentimos todos los demás? En cierto sentido, refugiados sobre la fe ciega, porque ésta nos mantiene vivos en un sistema en el que las peores cosas declaradas por el Estado y sus peores enemigos no tienen nada que temer de él.

Reporte Indigo