Científicos chilenos recomiendan adaptar procesos productivos al cambio climático

Ampliar los periodos de producción y movilizar las zonas de cultivo son algunas de las medidas que han tomado agricultores para adaptarse a los efectos del cambio climático. Tal es el caso de Argentina, que ha utilizado estos mecanismos para optimizar la producción de maíz y trigo. A pesar de que el cambio climático trae consigo estas posibilidades, académicos de la Universidad de Chile enfatizan en la necesidad de investigar estos fenómenos, que pueden afectar a las comunidades favorable o desfavorablemente, dependiendo de sus vulnerabilidades.

“No es la especie más fuerte ni la más inteligente la que sobrevive, sino la que mejor se adapta a los cambios”, planteó Charles Darwin. Este principio, el de la adaptación, es uno de los dos ejes estratégicos a los que se puede acudir para enfrentar al cambio climático, junto a la mitigación de sus efectos, pero como explica la profesora Paulina Aldunce, investigadora del Centro de Resilencia del Clima (CR2) de la Universidad de Chile, tanto nuestro país como en el mundo ha habido un énfasis en el segundo ámbito.

Esto estaría dado, en palabras del profesor Fernando Santibañez, académico del Centro de Agricultura y Medio Ambiente de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la misma casa de estudios, porque los organismos internacionales “han estado presionados por países emisores de Co2, quienes han impulsado que el foco esté centrado en la mitigación, dado que el problema que a ellos les interesa es la reducción de estos efectos. Esta preocupación vino más bien de una presión política que técnica”.

Según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), la mitigación consiste en disminuir las emisiones de los gases de efecto invernadero, mientras que la adaptación refiere a actividades para evitar, resistir o aprovechar los cambios y los efectos a nivel social.

“La adaptación no sólo se refiere a una cosa negativa, sino que se pueden aprovechar las oportunidades que tiene este cambio climático”, plantea la profesora Aldunce ejemplificando el caso de Argentina, donde “hay varias zonas donde se ha podido ampliar la producción de trigo y maíz debido al aumento de la temperatura”.

Oportunidad que se ha dado igualmente a partir del trabajo ya realizado sobre mitigación, como señala la profesora del Departamento de Geofísica e investigadora de esta temática de la U.Chile, Maisa Rojas, específicamente a partir de acciones como la modernización de los sistemas productivos, la estimulación de políticas de renovación de energías fósiles por renovables, el aumento de estándares de control de emisiones, entre otras.

Situación similar a la de Argentina podría darse en Chile, pero, como advierte Santibañez, “el cambio climático es tremendamente inequitativo, tanto en el mundo urbano como rural, por lo que los impactos van a caer con mucha fuerza sobre los más vulnerables”, por eso “no basta con decir de que estos cambios pueden ser una oportunidad para Chile”.

Esto, porque de plantearse la posibilidad de movilizar el cultivo de ciertos productos a otras zonas de mejor condiciones meteorológicas, habrán actores, “sobre todo los pequeños agricultores que no tendrán esa movilidad. Es por eso que este problema hay que verlo en varias dimensiones, de modo de disminuir al máximo situaciones negativas que pueden recaer, sobre todo, en un sector de la población que tiene menos opciones de adaptación”.

La necesidad del estudio de la adaptación al cambio

El domingo 5 de julio una tromba marina afectó la comuna de Tirúa, provocando daños en casas de dicha comuna. Este inusual fenómeno se suma a que, por ejemplo, en los últimos 30 años Chile ha subido en promedio un grado la temperatura.

Esta evidencia de cambios en el comportamiento del clima, agrega el profesor Santibañez, se ha acelerado. Como explica, en 1990 los primeros pronósticos que se hicieron hablaban de que recién “el año 2020 íbamos a empezar a notar algunos cambios y resulta que algunos ya son apreciables en las estadísticas mundiales”. Es por eso que “hacia la mitad de este siglo vamos a tener una clara expresión de los nuevos escenarios climáticos”, por lo que quienes están naciendo hoy, plantea, se encontrarán en un contexto diferente al de nosotros.

Tanto para conocer cómo se continuará manifestando el cambio climático como para adoptar las mejores medidas en cuanto a adaptación respecta es que el profesor insiste en que “el primer paso que hay que dar es conocer quién va a ser afectado en la sociedad y en qué parte del territorio. El segundo paso es saber cuál es la naturaleza de las amenazas y el tercer paso es cómo ayudamos a que los impactos sean lo menos negativo posibles. Hay que partir haciendo este diagnóstico y que no está completamente afinado en ninguno de los países”.

Es por esto que actualmente la Universidad de Chile se ha involucrado en la investigación respecto a este tema a partie de un proyecto Fondecyt que encabeza la profesora que plantea un modelo de indagación de la adaptación en las comunidades, el que se ha implementado en las comunas de Paine y La Pintana. Otra iniciativa es el “Atlas el cambio climático”, proyecto liderado por el profesor Santibañez. Con un equipo interdisciplinario, explicó “compendiamos el análisis de quién iba a ser afectado y de qué manera para la zona árida y semi árida de Chile”, trabajo que esperan poder replicar en otras zonas del país.

Otro aspecto que resulta clave en el tema del estudio de la adaptación, dice la profesora Rojas, es entender las medidas de adaptación al cambio climático desde el punto de vista local. “No tiene sentido pensar en una adaptación para todo el país porque las realidades son muy distintas”, señala.

Es por ello que visualiza que de la mano de las políticas de descentralización pueden venir de la mano “grandes oportunidades para trabajar en temas de adaptación, al darles más poder y recursos a las regiones”.

Finalmente, el llamado del profesor Santibañez es que como país “tenemos que acelerar el paso en materia de adaptación sin bajar la guardia en mitigación. No es una cuestión de elección, hay que ir avanzando en las dos direcciones”.

El Ciudadano