Honduras: degradación de bosques pone en riesgo producción de agua

Desde el frondoso bosque capitalino se eleva un grito al cielo cada vez que arde la capa forestal, se corta un árbol o el humano pone un pie de devastación.

Pero los alaridos por la degradación forestal no parecen llegar a los despachos de los funcionarios y menos a los hogares capitalinos.

En su defecto, el bosque devuelve los daños silenciosamente y se hace menos generoso con la cantidad de agua que entrega al municipio.

Actualmente, decenas de barrios y colonias enfrentan la escasez pese a que los embalses aumentaron su caudal en 8,000 metros cúbicos, pues el calendario de racionamiento se mantiene entre tres a cinco día de por medio.Más allá de las metáforas, los daños al corredor verde capitalino son una realidad y sus efectos se hacen presentes en la escasez del vital líquido, coinciden expertos.

Informes oficiales estiman que el Distrito Central posee 186,526 hectáreas de corredor boscoso, pero sufren la constante amenaza de los incendios, la deforestación y la expansión urbana.La importanciaEl bosque toma doble importancia cuando forma una cuenca hidrográfica, que es un territorio de cumbres y montañas que drenan el agua a un único río.

Este tipo de territorio es el que permite abastecer del vital líquido a las comunidades por medio de represas o sistemas naturales.Debido a la complejidad y la extensión, las cuencas se dividen en subcuencas y estas, a su vez, en microcuencas.En el caso de la capital, el territorio se localiza en la parte alta de la macrocuenca del río Choluteca, explicó Cristian Rossi, especialista en Adaptación al Cambio Climático.Este sistema natural se compone de seis subcuencas: río del Hombre, Guacerique, Concepción, Sabacuante, Tatumbla y La Tigra, que comprenden unas 78 mil hectáreas.

El dato anterior, la Secretaría de MiAmbiente, con apoyo del Fondo de Adaptación al Cambio Climático, decidió juntarlo con las áreas protegidas para establecer el colchón forestal del municipio.En ese sentido, las cuencas hidrográficas y las áreas protegidas suman 186,526 hectáreas, que representan el corredor boscoso del Distrito Central.

DevastaciónPero esta maravillosa capa verde se ve amenazada por los siniestros, la tala indiscriminada, la expansión de los cultivos y la huella humana.Para el caso, Rossi recordó que en el corredor boscoso también subsisten áreas rurales y el impacto de 100 mil habitantes se hace sentir con sus costumbres y hábitos.“En zonas como Lepaterique se establece un equilibrio entre la producción agrícola y la protección de recursos”, explicó el experto.

El clima fresco, la tierra fértil, la seguridad y el nulo bullicio urbano atraen a las personas.Pero la presencia humana también deriva en contaminación del agua y el suelo, por el uso de fertilizantes en los cultivos y la falta de aguas negras, advirtió el experto.El golpe de gracia viene con la instalación de industrias y empresas, pues la mayoría carecen de plantas de tratamiento y el caudal del río es el vertedero del líquido nocivo.

Más sombrío es el fuego, pues en el Distrito Central se registraron 197 incendios forestales y 6,882 hectáreas quemadas al cierre de junio, según el informe del Instituto de Conservación Forestal (ICF).

El cruce entre el reporte de siniestros y el área de bosque dejan entrever que un 3.6 por ciento de la corteza forestal del municipio se perdió en el transcurso de este período.

No obstante, el departamento de Áreas Protegidas del ICF aclaró que el dato de la porción de cuencas hidrográficas dañadas está en proceso y todavía no hay estimación.De todos modos, este coctel de problemas deriva en menos generación hídrica, explicó Yani Vásquez, técnico del departamento de Cuencas del ICF.

Y en el caso de la capital, la explicación de los daños ambientales pasó de los informes a la realidad y los racionamientos variables son la prueba.Fondos limitadosEl poco presupuesto para protección del bosque ya casi es un tabú, pues el Estado siempre se justifica en la falta de fondos.

El mejor ejemplo recae en la Asociación de Amigos de La Tigra (Amitigra) al sufrir el impacto de la crisis económica en el país.El año pasado, el gobierno redujo de 6.3 millones a 1.8 millones de lempiras el fondo para La Tigra, donde se produce el 30 por ciento del agua de la capital.

El golpe financiero obligó a la institución a contraer un préstamo de 1.3 millones de lempiras con la Fundación Agua para Todos (Funapat), reveló Carlos Espinal, director ejecutivo de Amitigra.

Aunque este año casi se normalizó la situación pues el presupuesto se aumentó a 4.8 millones de lempiras, indicó, todavía necesitan saldar la mora.

A ojos de los defensores del ambiente, si la situación de La Tigra es crítica -siendo ejemplo de conservación-, en las otras cuencas es deprimente.“Todavía falta mucho por hacer y por trabajar”, reconoció Vásquez.

El avance más significativo es la elaboración de planes de manejo en las subcuencas de Guacerique y río del Hombre.Ante la insolvencia estatal, los cooperantes internacionales son la apuesta para la obtención de recursos.

El Heraldo