Puerto Pobre, en Puerto Rico – Por Salvador González Briceño

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Puerto Rico enfrenta la llamada amenaza del default porque su deuda pública interna alcanzó los 73 mil millones de dólares. Como la deuda de Grecia —y la de otros tantos países víctimas del neoliberalismo— la suya resulta impagable. Hablando del país

heleno, por cierto la situación de los puertorriqueños es similar a la de aquellos porque éstos están tan colgados del sistema financiero estadounidense, como aquéllos de la Troika. Por lo tanto, atados de manos, los unos y los otros.

Valga por cierto la siguiente aclaración. Que si en Grecia Syriza hubiese sentado las bases en 2015 de una negociación alternativa moderna, capaz de enfrentar al poder financiero global en esta faceta de crisis, otra cosa sería para países como Puerto Rico y los “emergentes” que orbitan en el círculo periférico de la Unión Europea; decíamos, España, Portugal, Irlanda, etc.

Esto es, a los puertorriqueños ya los alcanzó el destino de la descomposición neoliberal. Las trampas que fueron impuestas a los países “en desarrollo” a partir de los años 80, mediante los organismos financieros internacionales (el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), como solución a los problemas del endeudamiento público han estallado por las políticas de ajuste estructural que dan cuenta de la privatización de los servicios públicos, de la desregulación y el abandono del Estado a sus responsabilidades sociales, como es el caso de la destrucción de los derechos de los trabajadores.

Un problema en Puerto Rico que pasa por su calidad de Estado sui géneris (que ni es independiente ni es una estrella más de la “unión americana”), por su estatus jurídico establecido como “Estado Libre Asociado”, que entró a esta trampa del “libre mercado” por la vía de las calificadoras que operan desde Wall Street, la Standard & Poor y Moodys, quienes exigieron las medidas de cambio estructural a los sucesivos gobiernos (“gobernadores”), desde Pedro Roselló, Sila María Calderón a Anibal Acevedo Vilá.

Así, del problema de la deuda interna de Puerto Rico se viene hablando desde 2005, y ha hecho crisis ahora que está en los 73 mil millones de dólares. Una deuda que los puertorriqueños no quieren y tampoco pueden pagar, exigen a su gobierno recular porque de lo contrario las medidas de austeridad obligatorias redundarán en mayor pobreza.

Un artículo de Forbes de 2013 titulado “Cómo Wall Street se ha beneficiado de la miseria de Puerto Rico”, reporte que ‘las tarifas cobradas fueron mayores que las calculadas en otros estados y ciudades con problemas financieros de EUA. De hecho, de acuerdo con Reuters, a los bancos como UBS, se les pagaron en promedio márgenes brutos de un 31% más alto que los márgenes cobrados a Detroit’. El artículo concluye con lo que también se puede concluir ahora: ‘Para entender como Puerto Rico está en tales condiciones extremas, simplemente siga el dinero de Wall Street’. Forbes.com. Hoy, el gobierno de Puerto Rico se encuentra en bancarrota y sin ningún crecimiento económico. A pesar de haber implantado medidas desesperadas para balancear el presupuesto desde incluso antes de la crisis económica de 2008. Medidas como la imposición de impuesto de ventas en 2006, los despidos de empleadas/os públicos en 2009, la reforma de pensiones en 2013, hasta el nuevo impuesto a la gasolina y reciente IVU (impuesto de ventas y uso) entre otras. Nada ha mejorado la economía y el gobierno se encuentra sin posibilidades de continuar los pagos a la deuda” (http://www.workers.org/articles/2015/07/10/recetas-neoliberales-de-wall-st-para-puerto-rico/).

Los delincuentes de Wall Street han puesto a los puertorriqueños entre dos extremos: la subordinación “colonialista” donde el estatus les impide “declararse en bancarrota y reestructurar su deuda”, y; el lastre que impide otra salida que la austeridad.

El Punto Crítico

 

Salvador González Briceño. Periodista y politólogo mexicano.