Argentina: aumenta el número de mujeres que se dedican a la investigación científica

Como en el resto del mundo laboral, en el ámbito científico creció notablemente la participación de las mujeres. Del plantel de 8.948 investigadores del Conicet, el 52% son mujeres. Doce años atrás, eran el 44%. Además, la proporción aumenta entre los becarios hasta superar el 60%, según datos del organismo.

En comparación con otros países de la región, la cantidad de científicas locales es también elevada: de acuerdo con la Cepal, el porcentaje de mujeres en ciencia llega es en Brasil del 48%, en Colombia del 37,2%, en México alcanza el 31,6% y en Chile, el 27,5%.

La doctora en Ingeniería Química y directora del Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (Intec) de Santa Fe, Gabriela Henning, opina que el incremento del número de investigadoras científicas es consecuencia de la composición de género de la matrícula universitaria que se registra en los últimos años. Claro que la distribución no es pareja: “En las carreras humanísticas hay más mujeres, así como en salud, química, ingeniería de alimentos y biología”, dice. “Donde hay actividad de laboratorio su presencia es muy significativa. Pero donde hay uso de herramientas computacionales predominan los hombres”.

Es que la excepción a la regla son las disciplinas vinculadas a la informática, con escasa participación femenina. “La baja cantidad de mujeres en sistemas o computación es un fenómeno internacional, no sucede solo en la Argentina”, confirma Irene Loiseau, licenciada en Matemática, doctora en Informática e investigadora del departamento de Computación de la FCEN-UBA.

Un relevamiento de la Fundación Sadosky del año 2013 lo confirma: “Las mujeres representan sólo un 18% de los estudiantes de informática, generando tanto una profunda inequidad en la distribución del ingreso y del capital intelectual acumulado en la profesión como privando al sector de la mirada de más de la mitad de la población”, consigna el estudio. Pero en la década del 60, el 67% de los estudiantes de carreras de Ciencias de la Computación y Licenciatura en Computación eran mujeres, con un máximo que llegó al 75% en la década siguiente, según el informe. Esa proporción declinó en los años sucesivos y en la actualidad representa el 11% de la matrícula. “Para el caso de las mujeres, las carreras más elegidas son las de la salud y asistenciales, vinculadas al cuidado, la contención y otros rasgos que suelen incluirse en los estereotipos de género femenino”, señala el informe.

Según Loiseau, el abandono de la informática por parte de las mujeres coincide con la introducción de la computadora en los hogares en la década del 80 y “con una visión errónea del trabajo de investigación en este campo”. De acuerdo con Loiseau, “se lo ve como un trabajo antisocial, que consiste en estar aislados programando todo el día frente a una PC. Por el contrario, en computación se trabaja de manera multidisciplinaria y se pueden hacer muchos aportes a la salud, la sociología o ciencias de la atmósfera, por ejemplo. No hay una visión completa de todas las posibilidades que hay en ciencias de la computación”, argumenta.

Para las entrevistadas, el aporte de la mujer a la ciencia es similar al que puede hacer el hombre: “Algunas afirmaciones, como que el hombre es creativo y la mujer cuidadosa y ordenada, son prejuicios marcados por la crianza. A las nenas les compran la muñeca y a los chicos, herramientas”, compara Henning. “Pero hoy, desde la infancia, las niñas tienen igual manejo de las computadoras que los niños. Si a las chicas se las estimulara con juegos de ingeniería e ingenio, sería muy diferente su elección vocacional”, agrega.

Bióloga y doctora en Química Biológica, Geraldine Gueron, investigadora asistente del Conicet especializada en cáncer de próstata, afirma: “Hoy, la mujer se inserta muy bien en el mundo científico y nos tratan de igual a igual. La composición según sexo de la ciencia está muy equilibrada, tanto acá como en el resto del mundo. Lo que vale es el conocimiento”.

Pero a pesar del crecimiento de la cantidad de mujeres científicas, la participación femenina desciende en los puestos de dirección. Según datos del Conicet, el 76,2% de los puestos de investigador superior y el 61% de los cargos de investigador principal están ocupados por hombres. Las mujeres sólo son mayoría en los cargos de investigador asistente (58%) y adjunto (53,9%). Aún persiste el llamado techo de cristal, la imperceptible barrera que obstaculiza a las mujeres ocupar cargos de mayor responsabilidad.

Para Henning esto cambiará con el transcurso del tiempo, ya que a un puesto de jerarquía se llega en el marco de una extensa carrera dentro del sistema científico, que implica el cumplimiento de requisitos de producción académica, investigación y docencia. “La discriminación se está perdiendo –admite–. Antes, en una junta de evaluación, a iguales antecedentes, la mujer quedaba relegada. Pero esto ha cambiado mucho en los últimos años”.

Una visión similar tiene Loiseau. “Nunca hubo una decana mujer en Ciencias Exactas de la UBA, aunque sí en otras facultades”, ejemplifica. “En el sistema científico no hay igualdad en los puestos directivos y de gestión –agrega–. Las costumbres no se cambian de un día para otro”.

Aunque Henning también dice que “muchas mujeres se autolimitan” en el desarrollo de profesión. “La exposición internacional es muy importante en la carrera científica. Se promueve que la tesis posdoctoral se haga en el otro país, o que los investigadores asistan a congresos, sean profesores visitantes o investiguen durante un periodo en una universidad del exterior; pero en comparación con los hombres, todavía son muchas menos las mujeres que viajan. Y por lo general, es por razones familiares”.

Clarín