Dos para el tango – Diario El Espectador, Colombia

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

No es fácil. La presión aquí es grande. El drama humanitario de los cientos de personas expulsadas y vejadas. Las muchas familias fragmentadas, con el padre, o los padres, en Colombia y los hijos en Venezuela. Con los pocos enseres abandonados allá por las carreras. Aun así se debe mantener la cabeza fría.

Hace dos días el presidente Juan Manuel Santos volvió a tender el ramo de olivo y, a pesar del discurso de su par venezolano, lleno de improperios y falsas acusaciones, propuso reunirse con Maduro en Montevideo, aceptando así la invitación que hizo el presidente de Uruguay, Tabaré Vásquez. Eso sí, siempre y cuando Venezuela atienda las condiciones humanitarias mínimas que solicitó Colombia: permitir el paso de estudiantes hacia Cúcuta, propiciar la pronta reunificación de las familias y facilitar la recuperación de las escasas pertenencias abandonadas al otro lado de la frontera. Hay que reconocer que en los últimos días se ha permitido el paso de un número cada vez mayor de estudiantes y, ahora, de trabajadores. De esta manera se habían comenzado a atender los requerimientos formulados. Sin embargo, la destemplada respuesta de Maduro este lunes no se hizo esperar, dando un trancazo a la puerta y ordenando el cierre adicional de la frontera en Paraguachón, afectando ahora el paso del Zulia a La Guajira. Vea pues.

Mientras todo esto sucede, el taxímetro continúa marcando. Las deportaciones y expulsiones hacia Norte de Santander, Arauca, La Guajira y Vichada suman ya 1.467, según la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). A ellos se agregan las 17.152 personas que, hasta el momento, han llegado de diversas partes de Venezuela, lo que agrava exponencialmente el problema. Frente a esta realidad, y a pesar del revés de la semana anterior en la OEA, la canciller María Ángela Holguín tomó decisiones correctas dadas las circunstancias actuales. Llevó a Luis Almagro, secretario general de la organización, a Cúcuta, para que constatara de primera mano el drama humano que allí se vive. Se espera ahora una visita in situ de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH. Si los cuerpos políticos no aprobaron la reunión de emergencia de los cancilleres pedida por Colombia, la Secretaría General y la CIDH sí han tomado cartas en el asunto.

Holguín inició un gira por Europa para dar a conocer ante las organizaciones de derechos humanos “la magnitud de esta tragedia, lo que realmente viven estas personas que han salido de Venezuela deportadas o que han llegado por miedo y por amenazas”. Sin embargo, mientras sostenía encuentros con el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Zeid Al Hussein; el director general de la Organización Mundial para las Migraciones (OIM), William Lacy, y el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryde, la respuesta destemplada vino de la canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien calificó las visitas como un “reality show”. La gira de Holguín continuó ayer en Nueva York con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Así las cosas, y si, como reza la manida frase, se necesitan dos para bailar tango, es de esperar que aflore un mínimo de sensatez por parte de Maduro y acepte a la brevedad posible reunirse con Santos. No es aconsejable, desde ningún punto de vista, mantener un actitud confrontacional para unos temas que deben ser resueltos mediante el diálogo y la cooperación binacional, como se ha hecho tantas veces en el pasado.

El Espectador