Ejército de Egipto asesina por error a ocho turistas mexicanos y Peña Nieto demanda “investigación exhaustiva”

Las autoridades egipcias aseguraron ayer que de las 12 personas que murieron el pasado domingo en un ataque que por error realizó el ejército egipcio en el desierto en el oeste del país, ocho eran turistas mexicanos. Ese fue el número que retomaron las agencias noticiosas internacionales, mientras el embajador de México en Egipto, Jorge Álvarez Fuentes, sostuvo que fueron dos los fallecidos confirmados y los identificó como Luis Barajas Fernández y María de Lourdes Fernández Rubio.

Además, de acuerdo con Ap, el diplomático dijo que otros seis mexicanos están heridos, por lo que habría al menos cinco personas cuyo paradero se desconoce. Y es que hasta este lunes tampoco había certeza sobre si eran 14 o 15 individuos los que formaban parte del grupo.

A estas discrepancias se sumaron las versiones sobre si los turistas se encontraban en un lugar prohibido o no. Las autoridades del país árabe indicaron que el grupo de paseantes no tenía permiso para estar en el área, donde hay presencia de extremistas, pero tampoco dieron una versión completa del incidente.

Notimex y Ap retomaron las declaraciones del vocero del Ministerio de Turismo de Egipto, Rasha Al-Azayzee, de que los mexicanos estaban en zona prohibida para civiles. Dijo a la Agencia de Noticias de Medio Oriente que los vehículos utilizados por los turistas no estaban en regla, ni contaban con los permisos necesarios para emprender un safari por el desierto occidental.

Un despacho de Afp refiere que Bahariya, adonde viajaban los visitantes, es uno de los oasis más visitados en el desierto occidental de Egipto.

El ataque a los visitantes mexicanos propinó otro duro golpe a los esfuerzos de El Cairo por proyectar una imagen de estabilidad, mientras combate a una insurgencia cada vez más poderosa, reconocieron autoridades egipcias.

Fuego por aire y tierra

Sobrevivientes dijeron que su grupo fue bombardeado desde un avión y helicópteros. Cuando parte del convoy de turistas intentó escapar, otros agentes de seguridad les dispararon en tierra, detallaron fuentes de seguridad egipcias.

Respecto del lugar en que ocurrieron los hechos, el presidente del sindicato de guías turísticos egipcio, Hassan al Nahla, aseguró que es un punto panorámico popular donde es habitual detenerse. Dijo a la cadena televisiva egipcia CBC: Como guía, si estoy pasando por allí, tengo que parar (…) para que la gente pueda tomar fotos. También resaltó que el grupo pasó los puestos de control sin que nadie lo alertara de alguna operación militar en su ruta.

En tanto, Muhammad Salamah, sobrino de un guía turístico muerto en el ataque, dijo a CBC: No sabíamos que era un área prohibida.

En tanto, el ministro de Exteriores de Egipto, Sameh Shukri, habló por teléfono con su contraparte mexicana, Claudia Ruiz Massieu, para explicar que los turistas estaban en una zona restringida y que el ejército y la policía estaban persiguiendo a milicianos que iban en camionetas similares a las de los turistas.

Por su parte, la embajada de México en El Cairo anunció la cancelación del festejo por el Día de la Independencia programada para el martes en esa sede.

Apoyo incondicional

El primer ministro interino de Egipto, Ibrahim Mehleb, visitó a los heridos y les brindó su apoyo incondicional. En el hospital Dal al-Fouad, la vocera Mona el-Bakri, informó que dos de los mexicanos lesionados también tienen nacionalidad ­estadunidense.

Otra versión sobre lo acontecido retomó las declaraciones de Hamada Hashem, guía del desierto que vive en una villa cercana y fue testigo del ataque. Dijo que al parecer estaba relacionado con el secuestro de un residente llamado Salé Qassim Said, por milicianos dos días antes.

Hashem relató que la policía y gente de la localidad, él incluido, montaron una operación de rescate, pero que extremistas fuertemente armados los expulsaron. Entonces la policía pidió al ejército que se involucrara.

El domingo, el grupo egipcio afiliado al Estado Islámico circuló fotos de supuestos enfrentamientos con fuerzas de seguridad y lo que al parecer era sangre de Said, a quien acusaron de ser espía de los servicios de seguridad, según el Grupo de Inteligencia SITE, grupo estadunidense que monitorea sitios web de extremistas.

La Jornada

El primer ministro de Egipto dirigirá la investigación, informa Peña Nieto

El gobierno de la República estaría invariablemente al lado de los 14 mexicanos –de los cuales dos perdieron la vida y seis resultaron lesionados– en Egipto, así como de sus familiares, sostuvo el presidente Enrique Peña Nieto, quien agregó que estos acontecimientos nos han consternado como nación y que México ha demandado al gobierno de ese país una investigación exhaustiva, a fondo y expedita de lo ocurrido, que establezca responsabilidades.

Ayer, al iniciar su discurso en la ceremonia de clausura y apertura de cursos de los planteles del sistema educativo militar, el titular del Ejecutivo federal lamentó el trágico y lamentable hecho ocurrido el pasado domingo y reiteró sus más sentidas condolencias a los familiares de las víctimas en este grave incidente.

No hay precedente, en años, de un hecho como éste, en perjuicio de nuestros connacionales, aseveró en las instalaciones del Heroico Colegio Militar.

Ante los integrantes de los gabinetes legal y ampliado, Peña Nieto dijo que en respuesta a las demandas de México, el canciller de Egipto le dio a conocer que se realizará una investigación que será dirigida por el propio primer ministro de aquel país.

Indicó que giró instrucciones para que la Secretaría de Relaciones Exteriores, encabezada por Claudia Ruiz Massieu, sea el conducto para mantener al tanto a la sociedad mexicana sobre la información que vaya surgiendo al respecto. Por otra parte, recordó que el pasado domingo se reunió con la canciller, a quien dio indicaciones de respaldar a las víctimas y a sus familiares, brindándoles todo el apoyo necesario; además de que ordenó al embajador de México en El Cairo que de forma permanente y personal esté muy al pendiente de los heridos y de asegurar su debida atención médica.

La Jornada