[ESPECIAL PARA NODAL] “La Derecha al Acecho: El laboratorio de la Restauración conservadora”. Análisis del sociólogo argentino Jorge Elbaum a propósito de los intentos de ciertos sectores conservadores de avanzar contra los gobiernos progresistas de la región

 

“Nuestra América debe dejar de ser rica para los demás y pobre para si misma”. Manuel Ugarte

La semana pasada se desarrolló en la Universidad de Los Andes, en Bogotá, un encuentro de referentes conservadores ligados a las tradiciones neoliberales. El mitin convocado bajo el titulo de “Foro Democracia de Nueva Generación para las Américas”, tuvo como común denominador el cuestionamiento de los procesos actuales de integración de la UNASUR y las políticas de inclusión social catalogadas por los organizadores del evento como “populistas”. El evento se llevó a cabo entre el 24 y el 26 de agosto y estuvo enmarcado en el conflicto limítrofe acaecido entre Venezuela y Colombia, como producto de la presencia de grupos paramilitares y redes de contrabandistas, instaladas en la zona venezolana de Táchira.

Las instituciones encargadas de organizar el evento (entre ellas el Club de Madrid y la Fundación Buen Gobierno) expresaron el mismo perfil circunspecto de quienes fueron los invitados centrales a repensar los desafíos de América Latina. Se hicieron presentes los ex presidente de México, Vicente Fox; de Uruguay, Luis Alberto Lacalle; de Bolivia, Jorge Quiroga; de Chile, Ricardo Lagos; de República Dominicana, Leonel Fernández; y de Costa Rica, Laura Chichilla, quienes disfrutaron de un microclima homogéneo, acorde al academicismo bienpensante.

Las organizaciones convocantes, comunicaron el encuentro como un aporte a revitalizar la democracia en las Américas, dando el marco de referencia para el evento central que contó con el discurso de bienvenida del presidente de Colombia Juan Manuel Santos. La iniciativa, la “revitalización” sugerida, y el momento en el que se llevó a cabo, hablan a las claras de la intención por parte de los sectores mas concentrados, por retomar la iniciativa en un subcontinente en el que estuvieron a la defensiva en la última década.

Los paneles se realizaron en el mismo periodo que el incidente fronterizo motivó la intervención del gobierno de Nicolás Maduro. La causa del mismo se explica por la presencia de cientos de miles de colombianos que ingresas anualmente a Venezuela, como resultado de tres factores entrelazados: (a) las políticas de exclusión de los sucesivos gobiernos de Bogotá que llevaron al exilio económico y político alrededor del cinco por ciento de su población, (b) la presencia de grupos paramilitares a lo largo y lo nacho de Colombia, y (c) la cuasi guerra civil que ya lleva mas de cinco décadas producida por el enfrentamiento de organizaciones guerrilleras –entre ellas la FARC–, el Estado colombiano y los paramilitares.

El evento finalizado la semana pasada aparece como un buen termómetro para avaluar los posicionamientos y las estrategias que los sectores conservadores pretenden desplegar y/o imponer en la región, luego que los movimientos sociales y los partidos populares pasaran a disputar poder coordinadamente en América Latina a fines del siglo XX. El primer eje del encuentro, acorde con la actual estructuración defensiva de los agrupamientos de la derecha, se relacionó con la convocatoria, nada disimulada, a “kaprilizar” todas las oposiciones de la región, convocando a los sectores oligopólicos a unirse contra los “populismos”, caracterizados como “faltos de virtudes republicanas”. La “kaprilizacion” busca extenderse hasta agrupar a ingenuos sectores liberales-progresistas e incluso participes de las corrientes infantiles de las ultraizaquierdas regionales. El énfasis por salir del espacio defensivo en el que se encentran los sectores conservadores en al actualidad, quedó expresado en la “necesidad de revisar el sistema de partidos” para homogenizar a los sectores críticos de las políticas de integración latinoamericana y lograr bases de referencias mas amplias que las sostenidas por los Medios de Comunicación hegemónicos y los centros académicos ligados a los centros financieros

El segundo eje fue la caracterización del proceso político venezolano como la expresión del mal absoluto. Las despectivas descalificaciones repetidas en el evento pueden ser rastradas en la “bula” estadounidense difundida tres meses atrás, en la que se cataloga a Caracas como un peligro para la seguridad de Estados Unidos. Para ser absolutamente explicito con la pleitesía hacia el norte, el ex presidente de Colombia, Belisario Betancur, lo explicitó claramente al afirmar que: “[En] Venezuela donde tanto se teme a la voz de la comunidad… que no se la quiere escuchar … sino con los audífonos que el inmaduro dictador ostenta”. El actual presidente de Colombia, Santos, lo subrayó en otro de los paneles al opinar sobre la realidad del desabastecimiento que sufren los venezolanos como producto de las practicas especulativas (motivadas políticamente): “El desabastecimiento [en Venezuela] en los almacenes, en los supermercados, es peor que en Kabul o que en Siria”. Por su parte, Jorge Quiroga, ex presidente de Bolivia deslizó que “el conflicto de la frontera es un síntoma” pues “la infección real es la debacle democrática dentro de Venezuela”. La animadversión con el chavismo expresada desembozadamente en el encuentro implica la convergencia de varios registros: Por un lado supone el peligro de un proceso político imitable en la región, en segundo término la desafiante continuidad del proyecto que mas ha enfrentado las amenazas de Washington y, en tercer término, el posicionamiento venezolano relevante respecto al panorama energético mundial

Una de las instituciones convocantes, la “Fundación para el Buen Gobierno”, creada por el propio presidente Santos declara como visión que su intención es “promover la efectividad en la gestión pública y comunitaria”, deslizando desde sus objetivos la perspectiva “gerencialista” y despolitizada, característica del neoliberalismo, que suplanta los conceptos de “conducción” por los de “gestión” y “liderazgo. La totalidad de los debates encauzados por los diferentes expositores, que incluyeron a varios voceros del establishment latino de los Estados Unidos, reafirmó esta terminología vaciada de disputa de intereses, intentando etiquetar las diferencias ideológicas como “formas perimidas de administrar el debate publico”. Paradójicamente, en el mismo plano que se cuestionó el enfervorizado intercambios de posturas e ideas políticas se alabó el lugar de los medios de comunicación hegemónica que hacen de la crítica sistemática y cuasi-destituyente, su lugar de posicionamiento frente a los gobiernos populares de la región.

Esta “doble vara” se observó claramente al caracterizar a los discursos provenientes del nacionalismo popular y de la izquierda como “violentos” y excluyentes con la clara intención de fondo de limitar, cercenar y eludir la movilización, el debate público y la clarificación de los intereses en disputa al interior de cada una de las sociedades. La “Democracia de Nueva Generación” busca disimular u obviar el conflicto que implica, por ejemplo, la desigualdad en la distribución de la renta social, los ingresos y/o la utilización del Estado para beneficio de uno u otro sector. En este sentido el debate público actual (sustentado por los gobiernos progresistas) fue etiquetado en el encuentro como “excluyente”, “violento” y por lo tanto generador de grietas político-culturales y limitador de las libertades públicas. Frente al modelo de debate abierto de intereses, la nueva ola conservadora plantea el “diálogo sin enfrentamientos” que permita esquivar el vaciamiento de las contradicciones sociales.

Otra de las dimensiones explicitadas por los panelistas incluyó la elusión de la terminología relativa a la Doctrina de la Seguridad Nacional y su sustitución por enfoques de disciplinamiento economicista, ligado a la búsqueda de resquebrajar la impronta integracionista del periodo: lo que implicaba, décadas atrás, un discurso vinculado a los peligros de los pueblos movilizados, se reconvierte en eufemismos ligados a “manos invisibles del mercado” como nueva forma de pragmatismo, de naturalización y de perdida de conflictividad de la política. La mutación se observa también en la terminología relativa al redescubrimiento de la virtud republicana, olvidadiza de la impronta de corrupción sistémica caracterizada por la gestión privatista neoliberal, instaurada en los años 90.

En los aspectos económicos, la “Nueva Generación” postula, invariable y cansinamente, la crítica al lugar central del Estado: “La gente que salió de la pobreza –explicitó en una de los paneles, Daniel Zovatto, Director para América Latina y el Caribe de Idea Internacional, uno de los Think Tank presentes– no salió por los programas sociales, salió por el crecimiento económico”, actualizando cual novedad la perimida teoría del “derrame”. En síntesis: la “Nueva Generación” conservadora busca sustentarse en una cobertura “republicana” orientada a disolver las medidas igualitaristas que han caracterizado el último decenio.

La “ética”, la lucha contra la corrupción, el dialogo horizontal pero carente de conflictividad de intereses y la critica del Estado como orientador de beneficios distribuibles aparecen como las máscaras que ocultan el endiosamiento crudo del mercado y el sometimiento a sus manipuladores empresarios o bancarios. Vuelven a la carga para postular un mercado gobernado por la financiarización, la desaparición de la integración regional y la preeminencia discursiva de medios hegemónicos de comunicación. Todos ellos encargados de vaciar el debate público, quitándole –sobre todo– la efervescencia profundamente rebelde de lo emancipatorio. La derecha acecha con nuevas mascaras y las mismas intenciones oligopólicas.