Tantas veces Evo – Diario El Comercio, Perú

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La semana pasada fue de particular júbilo para el presidente boliviano, Evo Morales. No solo porque la Corte Internacional de Justicia se declaró competente para dirimir el fondo de la demanda marítima presentada por el país altiplánico en el 2013 contra Chile, sino también porque el sábado pasado el Congreso de ese país habilitó al presidente Morales para una nueva reelección a través de una reforma parcial de la Constitución. La propuesta será sometida a voto popular en febrero del 2016.

Con la modificación, el señor Morales podría mantenerse en el cargo hasta el 2025 (en caso fuera reelegido por tercera vez en el 2019). Lo curioso es que ante sus ojos, los de su partido y los del Tribunal Constitucional esta sería solo su segunda reelección, pues alegan que su mandato del 2006 al 2010 no es válido para el conteo al haberse producido antes de la “refundación” del país con la nueva Constitución –una interpretación legal familiar para los peruanos–.

La reforma constitucional para mantenerse en el poder está lejos de ser novedosa entre los líderes latinoamericanos afines al ‘socialismo del siglo XXI’. Los actuales gobernantes de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua han seguido este camino con éxito. En Bolivia, como en otros casos, la estrategia incluyó el debilitamiento progresivo del Poder Judicial.

La reelección política no es negativa en sí misma: puede premiar el buen desempeño de un mandatario, ofrecer incentivos para que este trabaje en conexión con la población y facilitar la implementación de políticas de Estado de largo plazo. Sin embargo, la falta de alternancia en el poder es causa y consecuencia de los vicios caudillistas a los que nuestra región es proclive, más aun cuando esta se logra a base de cambios en las reglas de juego a medio camino. Sea lo que sea que Bolivia gane con la presencia de Morales al frente del país hasta el 2025, lo haría a costa de su frágil institucionalidad, y ese es un precio demasiado alto por pagar.

El Comercio