Christian Rodríguez, chileno, dirigente del Partido de Izquierda de Fracia: “Hay que latinoamericanizar a Europa en la esperanza y procesos democráticos”

El franco-chileno Christian Rodríguez visitó por primera vez Ecuador para participar en el Encuentro Latinoamericano Progresista (ELAP 2015). “Debí estar hace mucho tiempo”, dice, porque ha seguido de cerca el proceso de América Latina. A su criterio, hay “que latinoamericanizar a Europa con urgencia y aprender  de este proceso democrático, donde las izquierdas han llegado al poder y nosotros estamos en un proceso de retroceso absoluto. Lo que pasa allá es terrible”.

¿Cómo ve usted a organismos como ALBA, Celac, Unasur frente a la Unión Europea (UE)?

Son instrumentos absolutamente necesarios y urgentes en la esperanza de que otra manera de organizarse es posible. La Celac, ALBA, Unasur son instrumentos democráticos que existen, más allá de la Comunidad Económica Europea, que en realidad se ha transformado en dictaduras neoliberales, en donde los presupuestos de cada estado tienen que pasar por el visto bueno de ellos y si no están bajo esa línea, de lo que llamamos autoritarismo u austeridad te castigan porque no  te sometes a sus órdenes.

¿Los países latinoamericanos con gobiernos progresistas, están más cerca de la integración regional?

Más que un paso adelante. Desde el punto de vista de Europa, Unasur, Celac son modelos alternativos a este avasallamiento neoliberal que está produciéndose en estos momentos en Europa.

¿Qué fallas presenta la UE?

Es una unión financiera, no es política. La UE se ha transformado en la legitimidad del neoliberalismo. Lo que vivimos en la generación 80 y 90 en América Latina hoy, con mucha fuerza, está instalándose en Europa. Estamos en una fase de agresión neoliberal enorme. Como ejemplo está Grecia, lo que está viviendo el pueblo español y el italiano. Está llegando a Francia una avalancha neoliberal jamás vista, bajo el acuerdo y patrocinio de la Comunidad Económica Europea.

¿Qué pasó luego de las elecciones de 2009 con el Frente de las Izquierdas de Francia? ¿se logró la refundación de la tendencia?

Hay dificultades en el fenómeno de la izquierda europea. Hay que revivir a las izquierdas, tienen que salir de los marcos tradicionales, necesitamos de nuevas izquierdas. En el caso de Francia logramos un frente amplio de izquierdas, en  donde participan 11 organizaciones políticas. Eso nació con mucha fuerza y levantó la campaña de Jean-Luc Mélenchon, llegamos a representar el 13% en las elecciones presidenciales, pero  está en una fase de agotamiento. Necesitamos creatividad frente a la ofensiva neoliberal. No nos podemos quedar entre algunos sectores de izquierda. Tenemos que  lograr un movimiento ciudadano más grande.

¿El problema está en consolidar frentes solo con fines electorales y no como un proceso sólido?

Hay que salir de los cartelismos políticos, en función de elecciones. Hay que construir un verdadero proyecto con un movimiento ciudadano, que asuma ese proyecto. Necesitamos una nueva esperanza para construir futuro en Europa. La vieja Europa está muriendo, tiene democracias fósiles por fuera de la  participación ciudadana. Las tasas de abstención son enormes, entonces nadie está participando en la política. Hay una especie de gestión entre ejecutivos neoliberales y una banda de partidos tradicionales, en donde la socialdemocracia ha participado activamente en la destrucción de los estados de bienestar.

¿Cómo superar esas brechas electorales en donde las izquierdas solo alcanzan entre el 10% y 13%?

Hay que refundar una Europa a partir de los derechos ciudadanos y las alternativas viables. Esa abstención es el partido más grande, porque la democracia fósil ha matado a la democracia, la han institucionalizado, le han hecho bancos, agencias de cambio, de producción de dinero y el pueblo está ausente de ello. Levantar esa  alternativa de soñar un mundo mejor es urgente.

¿Qué está haciendo el Frente de Izquierdas de Francia para motivar la participación ciudadana?

Trabajamos permanentemente para ingresar con nuestra acción en los barrios, en los sindicatos, en las organizaciones sociales con esta idea de que el neoliberalismo se puede cambiar, que hay otro socialismo por construir, otro tipo de democracia que tiene un horizonte socialista. Pero no es fácil, es muy difícil porque tenemos algo que el neoliberalismo metió en la cabeza de la gente, de que no hay otra alternativa que la austeridad y vivir bajo la sociedad de la avalancha consumista.

¿De qué manera los movimientos y partidos de esta tendencia pueden evitar lo que muchos tildan como “izquierda infantil”?

El partido de izquierda no está en esa categoría. Somos la “otra izquierda”, la verdadera porque los partidos socialistas, que eran  de tendencia socialdemócrata empezaron a ser de ideología neoliberal que han ayudado con sus políticas a ser cómplices de la destrucción del estado de bienestar de los países europeos.

¿Por qué el discurso progresista ha calado más en España con Podemos que en Francia con el Frente de las Izquierdas?

Podemos tiene una maravilla, en el sentido de la transformación total del lenguaje político. Han llegado con un lenguaje claro, directo. Nosotros estamos aún enmarcados en el lenguaje conservador, tradicional, no el partido de izquierda, sino el conjunto de organizaciones que conforman el frente. Aspiramos a que Podemos sea la segunda alternativa de golpear al neoliberalismo, luego vendremos nosotros. Esperamos también que Portugal y Grecia sigan. Necesitamos renovarnos y nos está dando bastantes lecciones.

Los intentos de las izquierdas por llegar al poder vienen de años atrás: Alemania 2007, Francia 2009 y España 2010, ¿cómo se están articulando estos frentes para atacar al neoliberalismo?

Nosotros tenemos un Plan B, una convención internacional, que lo lanzamos con Oskar Lafontaine; Yanis Varufakis, antiguo ministro  de Economía de Syriza, y Jean-Luc Mélenchon, en donde estamos llamando a un encuentro internacional para el Plan B.

¿Qué significa el Plan B?

A partir de la experiencia de Syriza, planteamos crear un eje de ruptura y desobediencia con los tratados que impone la UE si llegamos al poder. También se puede aplicar el Plan B en casos como el de Grecia, en donde se buscó imponer con agresividad, la idea implica salir del euro y romper todos los tratados de los cuales nosotros no hemos participado.

¿Será sencillo este Plan B?

Muy difícil, pero es la única posibilidad que tenemos de salir de ese horizonte neoliberal que nos imponen. La idea del Plan B busca apoyo internacional para decir: otra vía es posible. El neoliberalismo en Europa hay que romperlo y el Plan B puede ser una posibilidad.

¿Cuánto se avanzó en la iniciativa?

El primer encuentro será el 25 de noviembre en París. Estamos buscando el apoyo de intelectuales, organizaciones, sindicatos. Aquí tuvimos gran aceptación.

¿Han conversado con los gobiernos latinoamericanos?

Sí. Con Argentina y Ecuador voy a entrevistarme para pedirles el apoyo al Plan  B, así como nosotros apoyamos la Resolución 269 de las Naciones Unidas que tiene que ver con la regulación de las empresas transnacionales que operan sin ninguna ley en los países.

¿América Latina está dando pasos soberanos sólidos?

Es bueno que Latinoamérica sepa que Europa está en una grave crisis, no fatalista, pero estamos a las puertas que llegue un gobierno de extrema derecha. El partido de extrema derecha-fascista puede llegar a Europa y es muy grave. América Latina está muchos pasos adelante y por ello tiene sentido  latinoamericanizar a Europa en la esperanza y en los procesos democráticos. Europa está mal. La democracia ha sido fusilada.

Un problema aún en nuestros países es el liderazgo y tras la salida de los personajes se tiende a debilitar los movimientos, ¿cómo consolidar las izquierdas y no solo a una figura?

Hay procesos en la historia en donde llegan determinados hombres y mujeres a encabezar el proceso. Pero debemos aprender que nadie es imprescindible. Este modelo de gobiernos democráticos que presenta Latinoamérica es impersonalizado, deben ir más allá de una persona. Los líderes son fundamentales pero cada actor debe ser líder de ese proceso. Cada uno tiene que ser pueblo, gobierno, actor. Es un desafío.

El Telégrafo