El precedente de Guatemala – Diario La Tercera, Chile

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El ex comediante guatemalteco Jimmy Morales se convirtió en el nuevo Mandatario electo de ese país al obtener casi el 70% de los votos en la segunda vuelta de los comicios presidenciales, donde enfrentaba a la ex primera dama Sandra Torres, quien logró menos del 30% de las preferencias. Su triunfo es una consecuencia directa del descrédito en que está sumida la clase política guatemalteca a causa de los escándalos de corrupción que llevaron, además, a que Otto Pérez Molina -quién está actualmente detenido- no pudiera concluir su mandato y renunciara tras acusaciones de cohecho y asociación ilícita.

El caso de Pérez Molina marcó el punto culminante de un creciente reclamo social contra la corrupción en la política, que fue alimentando la candidatura de un outsider como Morales. Apoyado en un discurso populista, el ex comediante terminó aprovechando el voto de castigo contra la clase política. Su caso ejemplifica lo que sucede cuando la ciudadanía pierde confianza en sus instituciones y en sus representantes debido a una dirigencia política que no ha sabido cumplir en forma responsable e íntegra con sus obligaciones. Ello permite que surjan opciones fuera de la estructura tradicional, que se aprovechan del descontento social.

Al margen de su mensaje anticorrupción que logró calar en la ciudadanía, Morales ha tenido un discurso contradictorio que genera dudas sobre el camino que seguirá. Si bien por un lado presentó un programa más cercano a la centroderecha, donde defiende la libertad económica y el emprendimiento individual, por otro ha expresado su admiración por figuras como el ex Presidente uruguayo José Mujica. Y deberá, además, gobernar sin apoyo en el Congreso -su partido cuenta con sólo 11 de 158 diputados-, lo que abre la posibilidad de que termine cediendo a presiones populistas y profundice la crisis institucional.

La Tercera