El TPP o la capitulación de una nación (Perú) – Por Alberto Adrianzén

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Dos días después del tres de octubre, fecha del famoso golpe de Estado de Juan Velasco Alvarado, en 1968, y cuatro días antes del llamado “Día de Dignidad Nacional”, que recuerda la toma de la IPC en ese mismo año, el presidente Humala, militar de carrera y seguidor según él mismo del pensamiento velasquista, dio “luz verde” a la firma del Acuerdo Transpacífico (TPP). Acuerdo que reúne a doce países de la cuenca del Pacífico, entre ellos al Perú y EE.UU., y que crea una zona de libre de comercio.

El tema del TPP no es poca cosa. No solo porque va más allá de los TLC, o porque los consumidores se verán afectados como sucede con el tema de los medicamentos y la salud, o porque limita nuestros derechos en Internet y pone obstáculos al acceso al conocimiento y la cultura, o porque afecta nuestros derechos como consumidores; sino también –como bien ha dicho Joseph Stiglitz– porque “está claro que los negociadores peruanos están capitulando ante las demandas de las empresas de los países avanzados”.

No es extraño que este tratado se haya negociado en el más absoluto secreto por cinco años. Y la razón simple: se han aceptado casi todas las demandas de EE.UU. y de las empresas transnacionales, como ha sucedido en el tema de la salud y medicamentos al permitirles ampliar el plazo de exclusividad de algunos medicamentos, retrasando así que las industrias locales puedan fabricar medicamentos genéricos más accesibles para la población.
Como también que el Perú renuncie a su soberanía al aceptar tribunales arbitrales internacionales frente a los reclamos de las transnacionales. Ahora, si un gobierno promulga una ley que afecta las posibles ganancias de una transnacional, esta puede acudir a dichos tribunales porque sus expectativas económicas se han visto frustradas o perjudicadas. De ahora en adelante los países que han firmado el TPP tendrán que pedirle permiso a las transnacionales antes de legislar. Por eso hablar de “capitulación” como bien ha dicho el Premio Nobel no es ninguna exageración y menos demagogia.

Y es que en realidad, la política que solo busca firmar los Tratados de Libre Comercio, como ha hecho este gobierno y los anteriores (y que el TPP supera), que rebajan los aranceles para productos agrícolas importados, que aumenta la protección para las inversiones extranjeras, así como para las patentes médicas, que desregula más aún los derechos laborales y sobre todo, como decimos, recorta la soberanía de los estados permitiendo que las empresas transnacionales los demanden en fueros internacionales cuando consideran que sus intereses han sido perjudicados, no ha sido ni es el mejor camino.

Año tras año, desde el 2010, nuestro déficit comercial se acrecienta a pesar de los TLC, habiendo batido el 2014 un récord histórico de menos de US 2,554 millones de dólares, cifra que seguramente será mucho mayor el 2015, ahora que han caído estrepitosamente los precios de los minerales, que constituyen lo central de nuestra canasta exportadora.
Y si a todo ello le sumamos la posibilidad de que el Perú firma también el TISA (Trade in Service Agreement), por sus siglas en inglés, es decir un Tratado Comercial de Servicios que está negociando también secretamente, al margen de la OMC y que liberaliza aún más, como lo hace el TPP, el comercio de servicio, es claro que pasaremos a ser una colonia de las transnacionales.

Como ha dicho Julian Assange, fundador de los wikileaks, EE.UU. es un “imperio moderno” que tiene como principales armas por un lado, las bases militares (más de 1,000 repartidas en 120 países); y por otro, los tratados comerciales que se negocian secretamente y que son básicamente tres: el TPP que abarca la cuenca del Pacífico y que ya se firmó; el TISA el Tratado de Servicios que lo negocian más de 100 países y el TTIP (Tratado de Comercio y de Inversiones) que abarca a Europa y que hoy está detenido por desacuerdos con Francia.

Con estos tres tratados, más las bases militares, EE.UU. y las transnacionales, buscan dar un golpe de estado geopolítico a nivel mundial con el objetivo de enfrentar el poderío de la China y mantener su hegemonía a nivel mundial. Asistimos a una nueva fase o una nueva época en la cual lo importante es el dominio creciente de las transnacionales, tanto en el mundo económico como el político.

Por eso resulta no sé si trágico o irónico que en el mes de octubre, que nos recuerda al proceso velasquista, un Presidente y un gobierno que levantaron las banderas del nacionalismo, acaben firmando el TPP que no es otra cosa que la capitulación de una nación.

Alberto Adrianzén. Parlamentario andino.

La República