Extractos del libro “Nisman. ¿Crimen o suicidio? ¿Héroe o espía?” del periodista argentino Facundo Pastor, que da cuenta de los aceitados contactos entre el fiscal federal Alberto Nisman -fallecido en la Argentina en extrañas circunstancias en enero de 2015- y el Partido Republicano de EEUU

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2015

El capitolio

Nisman no solo mantenía estrechos vínculos con el FBI. También cultivó relaciones con el Partido Republicano por medio del senador Marco

Antonio Rubio, uno de los tres candidatos a la presidencia de los Estados Unidos en 2016.

Rubio es un personaje importante en la escena política norteamericana. Basó su crecimiento político en su perfil de ultra católico, conservador e hijo de cuba- nos. Por eso logró una gran cantidad de adeptos entre la comunidad latina del norte. Sus padres Oria García y Mario Rubio emigraron de la isla en 1956 y recién lograron nacionalizarse como ciudadanos norteamericanos en 1975. Su carrera parlamentaria comenzó en el año 2010. Primero, fue miembro de la Cámara de Representantes del estado de Florida y luego ganó su banca en el Senado. Desde allí construyó su poder en el ala más conservadora dentro del Partido Republicano.

Con la muerte de Nisman, Rubio fue el primero en reaccionar. Y así se hizo evidente, como nunca antes, el nivel de protección que el poder conservador del norte tenía reservado para el fiscal argentino.

El 29 de enero dirigió una carta al secretario de Estado, John Kerry, en la que pidió que la investigación «tenga una mayor atención» por parte de la Administración del presidente Barack Obama y dijo estar «cada vez más preocupado por la capacidad del gobierno argentino para llevar a cabo una investigación justa e imparcial sobre la muerte. Le pido también que la Administración haga todo lo que pueda para garantizar que las pesquisas del señor Nisman sobre los atentados de la AMIA y las actividades iraníes en la región sigan sin obstáculos». El senador, quien firmó el escrito junto con su par Mark Kirk (republicano por Illinois), calificó la reacción de la presidente argentina Cristina Kirchner «cuanto menos, extraña». La carta incluyó una estrategia concreta, la de intentar darle a la misteriosa muerte trascendencia internacional: «Insto a la Administración a que apoye el establecimiento de una investigación independiente, con asistencia internacional, sobre la sospechosa muer- te del señor Nisman. Los intereses e implicaciones del caso van mucho más allá de Argentina e involucran a la comunidad internacional y, lo más importante, a la seguridad nacional de Estados Unidos».

La consideración que un sector de la política norteamericana tenía sobre Nisman se había hecho evidente en el año 2013 cuando la procuradora Alejandra Gils Carbó le negó al fiscal la autorización para viajar a disertar en la audiencia titulada: «Amenaza a la patria: La expansiva influencia de Irán en el hemisferio occidental». La cita era en el Capitolio y constituía para Nisman una nueva posibilidad de florearse ante el mundo y el poder de Washington.

En el Comité de Seguridad Interior del Congreso de los Estados Unidos lo consideraban un experto investigador sobre la penetración de Irán en América latina. La negativa causó indignación entre los diputados republicanos y algunos lobista de poca monta.

Lejos de ofuscarse, el fiscal prefirió capitalizar la crisis para estrechar los lazos con el poder conservador norteamericano. Se victimizó como un hombre que es- taba recibiendo presiones y rápidamente se transformó en un héroe entre los legisladores más comprometidos en la lucha contra Irán, como fue el caso de Marco Rubio, Mark Kirk, Ileana Ros Lehtinen y Ed Royce.

Nisman vivió como una batalla ganada el día que le informaron que desde la Cámara de Diputados de los Estados Unidos le enviarían una dura carta a Cristina Kirchner para manifestarle su repudio por la decisión de no autorizar el viaje.

En la carta, remitida a la Casa Rosada, se explicó:

El Sr. Nisman fue invitado para compartir los descubrimientos de sus investigaciones de octubre de 2006 y mayo de 2013 sobre el atentado a la AMIA, donde establece la responsabilidad de los ataques en las máximas autoridades del gobierno de Irán. Además su investigación subrayó un asunto crítico a la seguridad interna de los Estados Unidos, mostrando que Irán fue el principal patrocinador de un intento de ataque en suelo norteamericano en junio de 2007 para volar el aeropuerto de John F. Kennedy (JFK) en Queens, Nueva York. Creemos que la Argentina y los Estados Unidos tienen un interés compartido en prevenir la actividad hostil de Irán dentro de la región […] Tenemos una motivación única de estar vigilantes para asegurar que no ocurra nuevamente un ataque terrorista patrocinado por Irán dentro del hemisferio occidental.

El mensaje estaba firmado por los congresistas Jeff Duncan y Michael McCaul y resultaba otra muestra del apoyo incondicional que ese sector de la política americana le dispensaba al fiscal argentino.

Finalmente, y sin la presencia de Nisman, el 9 de julio de 2013, la conferencia se llevó a cabo con críticas muy severas hacia la Argentina. El país fue calificado como «uno de los aliados regionales más firmes» de Irán, al tiempo que se evaluó como «una cachetada en la cara» de la que «debe tomar nota el Departamento de Estado», la decisión de la Argentina de impedir la presencia en el Capitolio del fiscal Alberto Nisman.

«No entiendo por qué algunos países de la región se empeñan en desafiar a los Estados Unidos cuando es evidente que trabajamos mucho mejor cuando lo hacemos juntos», reflexionó la demócrata por Texas Sheila Jackson Lee, quien se sumó al reclamo de una diplomacia «más agresiva» con aliados de la región cuando lo que está en juego es la seguridad de los norteamericanos.

Nisman construyó toda su carrera judicial apoyándose en sus vínculos con la justicia y la inteligencia norteamericana. Durante años fue funcional a esos intereses. El 14 de julio de 2015, Estados Unidos logró un histórico acuerdo nuclear con Irán. Las negociaciones culminaron con la decisión de limitar la capacidad ató- mica de los persas.

A los pocos días, se cumplieron seis meses de la muerte del fiscal.

Nisman murió sin siquiera imaginar que su aliado político llegaría a un acuerdo con el país que quería enjuiciar.