Según la Cepal, más de la mitad de los habitantes de América Latina vive en la pobreza

En los países latinoamericanos y caribeños la reducción de la pobreza se ha estancado desde 2012 y la indigencia muestra una leve tendencia al alza por el escaso crecimiento económico mundial, el fin del superciclo de los productos básicos, mayor presión inflacionaria y disminución de la capacidad para generar y formalizar empleos, advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En un estudio que adelantó a La Jornada y que será presentado este lunes en la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social en Lima, Perú, la Cepal señala que más de la mitad de los habitantes de la región viven en pobreza (12 por ciento en indigencia, 22 por ciento en pobreza y 17 por ciento en vulnerabilidad), pero el porcentaje se incrementa entre la población indígena, afrodescendientes, discapacitados, adultos mayores, mujeres y niños.

El año pasado sumaron 167 millones de personas en situación de pobreza (la mitad en pobreza extrema) en 19 países analizados en la región que es considerada la más desigual del mundo en distribución del ingreso.

Alerta que muchos de los latinoamericanos en vulnerabilidad son egresados recientes de la pobreza, reciben ingresos apenas por arriba de la línea de la pobreza, y están expuestos a diversas carencias y riesgos como desempleo, falta de seguridad social, problemas graves de salud, endeudamiento a tasas muy altas de interés y pérdida de vivienda.

En el caso de México, el estudio señala que el quintil más pobre de la población apenas concentra 6.5 por ciento de todos los ingresos del país, en cambio, 38 por ciento de los mismos están en manos del quintil más rico. El organismo apunta que a nivel regional los más pobres tuvieron un avance de un punto porcentual en la repartición de la riqueza entre 2002 y 2013, pero en México su participación sólo aumentó medio punto porcentual, en tanto que los más ricos perdieron 5 puntos en la región pero en México la tajada de los más ricos bajó de 41 a 38 puntos.

Otros países tuvieron cambios más significativos: los pobres de Argentina y Uruguay subieron su participación en los ingresos de 4 a 7 por ciento y de 8.5 a 10 por ciento. En Brasil el quintil más rico perdió 12 puntos de participación, de 60 a 48 por ciento, y en Bolivia el desplome fue de 20 puntos, de 53 a 33.

Trabajo y desigualdad

La Cepal destaca que el trabajo es el más decisivo de los ámbitos que exacerban o mitigan las desigualdades entre la población, pues aunque aporta 80 por ciento de los ingresos de los hogares, 18.9 por ciento de los latinoamericanos que labora recibe ingresos por debajo de la línea de pobreza.

Sobre México menciona que el salario mínimo se ha estancado por casi 20 años, llegando a ser uno de los más bajos de América Latina.

El organismo destaca el papel que han tenido las políticas sociales y los programas de transferencia para abatir la pobreza, pese a las críticas que han recibido, y cuya cobertura prácticamente se ha cuadriplicado desde la década de los noventa, cuando Brasil y México comenzaron a implementarlos, hasta llegar a 132.6 millones de personas en 2013, que representan 21.5 por ciento de la población regional.

Según la Cepal, el gasto público social per cápita en México llega a 953 dólares y representa 14.9 por ciento del producto interno bruto (PIB), menos que los mil 265 dólares per cápita y 18.8 por ciento del PIB que dicho renglón registra en Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Costa Rica y Panamá.

La comisión reconoce que durante la década pasada América Latina y el Caribe lograron reducir 15.7 por ciento la pobreza además de alcanzar una moderada caída de la desigualdad, como resultado de políticas sociales y un escenario económico favorable, que incluso permitió que la región cumpliera con la meta de los Objetivos del Milenio de disminuir a la mitad la pobreza extrema. Sin embargo, insiste en que el actual contexto de desaceleración económica augura dificultades para recuperar las tasas de crecimiento registradas en años anteriores y mantener el nivel del gasto público en algunos países.

La Jornada