En Bolivia, el 22 por ciento de las mujeres están casadas o tienen algún vínculo de convivencia antes de cumplir los 18 años, un fenómeno que se denomina “matrimonio precoz” y que por lo general es considerado negativo para su desarrollo. El 3 por ciento tiene menos de 15 años.

El dato está incluido en el informe del Defensor del Pueblo sobre el estado de los derechos humanos recientemente presentado por esa institución.

“El 3 por ciento de las mujeres de 20 a 24 años de edad se había casado o tenían algún tipo de vínculo antes de cumplir los 15 años y el 22 por ciento ya estaban casadas o tenían algún tipo de vínculo antes de cumplir los 18 años”, asegura el informe, que cita al Estado Mundial de la Infancia, del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés).

El informe de la Defensoría señala que “aunque no es un tema muy visibilizado (…), el matrimonio o la convivencia adolescente es un tema vigente en nuestro país”.

El reporte agrega que el Código Niño, Niña, Adolescente, establece la edad mínima de matrimonio los 16 años, siempre que exista autorización de los padres o tutores, lo que “da pie para que hombres mayores contraigan matrimonio con adolescentes, muchas veces tras la violencia sexual y estupro” y de acuerdo con la propia familia.

En la gestión 2015, el Defensor intervino en el caso de una niña de 13 años que había sido embarazada por una violación y a la que la comunidad había obligado a que contraiga matrimonio con el agresor, mayor de edad.

El 25% de adolescentes ya son madres

El informe del Defensor del Pueblo se halla en sintonía con otro estudio, este del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), presentado en abril pasado. En este otro informe, se devela que en Bolivia 246 adolescentes resultan embarazadas por día, lo que suma un total de 90 mil embarazos adolescentes anuales. De acuerdo al estudio, el 25 por ciento de las adolescentes (de entre los 12 y 18 años), ya son madres.

El organismo de las Naciones Unidas alerta de los riesgos que puede entrañar la maternidad adolescente, ya que hace que muchas menores “vivan esa etapa en solitario, suspendan sus estudios, accedan a un trabajo de baja calidad, lo que aumenta su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión y la dependencia”, apunta su comunicado de prensa.

La mayor parte de los embarazos adolescentes son atendidos en centros de salud, según Unfpa. Sin embargo, en el área rural el 30 por ciento continúan atendiéndose en los domicilios.

En el caso de los padres adolescentes, el estudio afirma que en la mayoría de los casos ellos no asumen su paternidad o son enviados al cuartel por sus padres como castigo.

Unfpa señala que en muy pocos casos las adolescentes afirman que tener un hijo las impulsó para seguir estudiando y “salir adelante”.

Los Tiempos