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Se ha dado este martes en La Habana otro paso fundamental hacia el anhelado acuerdo que ponga fin al conflicto armado. Es una muy buena noticia la de que otro de los obstáculos que desde el primer día se asomaban como los más complejos de sortear ha sido superado: el Gobierno y las Farc han llegado a un acuerdo sobre el mecanismo de verificación del cese del fuego bilateral definitivo y de dejación de armas por la agrupación insurgente.

Bueno es recordar que este hacía parte, junto con el tratamiento que recibirían de la justicia los responsables de delitos de lesa humanidad que no pueden ser indultados, entre otros de los puntos que desde el inicio del proceso se anunciaron como más difíciles de resolver. En este caso puntual, por la reticencia, más de una vez expresada por los voceros de la guerrilla, a dejar los fusiles.

Y el anuncio llega, como lo afirmó el jefe del equipo negociador gubernamental, Humberto de la Calle, en un momento determinante para la negociación. Luego del acuerdo en el punto relacionado con las víctimas y la justicia en diciembre, este nuevo logro está llamado a reforzar el ambiente de confianza y optimismo en la mesa, que es fundamental para que no decaiga el ritmo y así poder cumplir con la meta del 23 de marzo; y es otra señal, contundente, para quienes miran con escepticismo los diálogos.

Envía además un mensaje en el sentido de que más de tres años después de haberse iniciado las conversaciones hemos entrado, como también lo afirmó De la Calle, a la afortunada etapa de las concreciones. Al cabo de largos períodos sin avances que, con razón, permitían que germinaran dudas, es evidente que se entra en una fase en la que ya se ven los frutos de las tensas jornadas.

Para ser claros: que una comisión con participación de las dos partes, pero coordinada y presidida por una misión de verificación conformada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con el apoyo de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) se encargue de verificar estos dos momentos cruciales de la negociación es una razón sólida para confiar en que pronto se producirá la firma del acuerdo final.

Lo esencial aquí es que el mecanismo acordado merece total credibilidad. Los colombianos pueden estar tranquilos porque está lista la arquitectura para darles el soporte que requieren avances claves y cada vez más cercanos, como lo son el cese del fuego bilateral y la posterior dejación de armas. Asimismo, tanto el Estado como la insurgencia tienen igualmente la necesaria certeza de que cualquier incidente que surja tendrá la manera de ser sorteado.

Desde luego, hay que recordar la distancia entre el papel y la realidad, y ello incluye un llamado a que la conformación de dicha comisión, así como la definición de los parámetros para su funcionamiento, se haga pensando en el anhelo de los colombianos más que en los tires y aflojes de la mesa.

Por lo pronto, sí es posible afirmar, con satisfacción y esperanza, que gracias a pasos firmes como este la meta está cada vez más cerca y la posibilidad de alcanzarla ya hace el tránsito hacia una realidad concreta. Falta trecho, sin duda, pero es claro que este 19 de enero se superó un escollo grande.

El Tiempo