La tentativa de arrasar la memoria, se sustenta en lo que el cineasta Sergio Valdés Pedroni ha llamado el genocidio de las conciencias. El neoliberalismo adormece las conciencias a través del consumismo, las frivolidades difundidas por los grandes medios de comunicación, los entretenimientos diversos, entre ellos los que difunden las redes sociales.

En un discurso que varios analistas de Guatemala han calificado como insulso y mezcla de lugares comunes de superación personal con atavismos de predicador, el nuevo presidente de Guatemala descalificó la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. ¿Qué otra cosa se puede esperar de un mandatario que es apoyado por los ex militares interesados en el olvido, el ocultamiento y la impunidad? El presidente Morales es continuador de lo que pregonó el hoy encarcelado Perez Molina. Después de practicar la tierra arrasada se busca practicar la memoria arrasada como lo dijera en un breve poema mi querida ex alumna Ana Lucía Pellecer.

En Indonesia se arrasó el recuerdo del genocidio de 1965 y éste es evocado como una guerra victoriosa contra el comunismo. Los genocidas son vistos por la narrativa oficial como “héroes de guerra”. En Guatemala, país de memoria débil pero no arrasada, es posible arrestar a docena y media de ex militares involucrados en ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas. Existe una lucha enconada entre la memoria y el olvido, y el relato de la comunidad de los derechos humanos, define a los represores como genocidas mientras que el de la derecha insurgente intenta retratarlos como “presos políticos”.

Pero la tentativa de arrasar la memoria, se sustenta en lo que el cineasta Sergio Valdés Pedroni ha llamado el genocidio de las conciencias. El neoliberalismo adormece las conciencias a través del consumismo, las frivolidades difundidas por los grandes medios de comunicación, los entretenimientos diversos, entre ellos los que difunden las redes sociales. El ideal neoliberal es el mismo que denunció décadas atrás el filósofo marxista Herbert Marcuse, cuando habló de “El hombre unidimensional”, ese ser enajenado producto de la sociedad de consumo. La búsqueda del olvido prende sobre todo en las clases medias que por su condición ven al capitalismo neoliberal como el mejor de los mundos. Por eso es posible encontrarse en las redes, mensajes como uno que acabo de ver en Facebook: “Soy guatemalteco, a mi no me interesa si hubo o no genocidio. A mi me interesa que dejemos de chingar con continuar un conflicto que terminó hace mucho tiempo”.

Imagino la reacción de la comunidad judía si las execrables palabras del mensaje referido, fueran dirigidas hacia aquellos que nos recuerdan constantemente el holocausto judío a manos del nazismo alemán. O si lo mismo se lo dijeran a los armenios que sufrieron una enorme matanza a manos de los turcos a principios del siglo XX. En Guatemala el Museo de los Mártires languidece y podría desaparecer si no se encuentra financiamiento para sostenerlo. En Argentina con el gobierno de Macri, el Memorial de la matanza argentina ha empezado ya a sufrir embates. Pero Argentina es un país de memoria fuerte y arrasarla allí será difícil.

El discurso inaugural de Morales, el fanatismo religioso que muestran muchos de sus seguidores, el escándalo de la ministra de comunicaciones contratista y funcionaria gubernamental a la vez, es el anuncio de lo que veremos en los próximos cuatro años.

*Carlos Figueroa Ibarra. Sociólogo, profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México. Especialista en estudios de procesos políticos y violencia de Guatemala en conjunción con procesos políticos de México.