Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) concluyó ayer en Quito.

Como suele suceder en esta clase de encuentros, los discursos no han faltado. Tampoco, las buenas intenciones.

Del encuentro, en particular se destaca al apoyo al proceso de paz que adelanta Colombia, al punto que la Celac se muestra dispuesta a verificar el término del conflicto armado en ese país.

Asimismo, se ha reiterado el compromiso de fortalecer la integración de los 33 países que integran el bloque regional, que -según se ha dicho- fue creada para reemplazar a la Organización de Estados Americanos. Ayer el presidente Correa hizo un matiz: la Celac debe representar en la OEA los intereses de la región, frente a los intereses de los países de América del Norte.

La reunión en la capital ecuatoriana, empero, se ha llevado a cabo con el telón de fondo de las crisis que acechan y golpean a la región. Una de ellas es la presencia del zika. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, propuso armar una estrategia continental para enfrentar al cada vez más amenazante virus.

Por Colombia y el zika quedó parcialmente de lado uno de los puntos centrales de la agenda: la reducción de la pobreza en la región. Tampoco ha merecido un análisis profundo el desbarajuste que vive Venezuela.

Al término de la cumbre, cabe esperar que de los discursos y de las buenas intenciones se puede pasar a las acciones, para superar las crisis.

El Comercio