Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región

Recientes encuestas demuestran un virtual empate entre las opciones Sí y No. Aunque, como se muestra en estos mismos sondeos, la tendencia que adopte el creciente número de indecisos -que actualmente bordea el 20%- será determinante para el resultado final, es un ejercicio casi pedagógico analizar brevemente los posibles escenarios posteriores al referendo.

En primer lugar, la eventual derrota del Sí no implica que Evo deje el poder de inmediato, como se amenaza en algunos discursos cuando se dice que “volverá la derecha”. No, ello no ocurrirá, porque la actual gestión termina en 2020. La derrota del Sí tampoco le prohibirá al MAS, obviamente, presentar un candidato, que incluso podría vencer dentro de cuatro años. Lo que se está definiendo en este referendo es si el actual binomio presidencial -que acaba de cumplir una década en el ejercicio del poder- se podrá o no postular para una nueva elección.

Pero volviendo a los escenarios de cada resultado posible, si gana el Sí no cabe duda que la concentración de poder será mayor en el partido oficialista que lo que ya hemos visto con una década de Gobierno y esto es una señal que preocupa a muchos analistas. La necesidad de que el poder no se concentre en una persona o en un partido es una de las razones que postulan los partidarios de la alternancia, aún cuando ésta ha sido deslegitimada como principio democrático por las actuales autoridades. Por lo demás, poner al país de cara a una nueva reelección podría propiciar que todas las políticas estatales, sociales y de otro tipo sean dirigidas a garantizar la reelección de Evo Morales, cosa que podría suceder, si se considera que el oficialismo controla por los menos tres órganos del Estado, a la mayoría de los medios, a las FFAA, a la Policía y a otras instituciones. La concentración de poder, obviamente, permite a quien lo detenta promover una acumulación mayor, algo que por otra parte ha sido admitido por los propios ideólogo del régimen.

También es cierto que un triunfo del Sí podría obligar a la oposición, que hoy luce débil y fragmentada, a pergeñar un proyecto alternativo de poder que hoy por hoy no se ve claro desde ninguna facción.

A la inversa, un triunfo del No obligaría a las actuales autoridades a buscar una sucesión dentro de su propio partido, con una necesaria renovación de liderazgos hasta ahora inexistente.

Para la oposición, además de empujar a que se aterrice en alguna propuesta o liderazgo alternativo al MAS, un No podría ayudar a incorporar a una diversidad de voces ciudadanas con mensajes y demandas concretas que hoy se encuentran dispersas. Son, como se puede ver, señales diversas que ameritan una profunda reflexión.

Página Siete