El debate abierto en México en el contexto del asesinato de Gisela Mota es si las policías municipales, estaduales y federal deben estar bajo un mando único. Al parecer esa solución también está fallando en los lugares en donde se ha ensayado. El mando único acumula la mayor cantidad de denuncias por sus abusos.

En la mañana del primer día del año, una joven mujer de 33 años, Gisela Mota, asumió el cargo de Presidenta Municipal del municipio de Temixco en el estado de Morelos. Proveniente de una familia que de muchas maneras había expresado su compromiso social, la joven alcaldesa no duró ni 24 horas en el cargo. Al día siguiente, el 2 de enero aproximadamente a las 7 de la mañana, un grupo de unos diez sicarios encapuchados, logró entrar a su domicilio, sacaron a golpes de sus dormitorios a sus familiares y a gritos preguntaron por ella. Gisela Mota, quien se encontraba en el piso de arriba, temerosa de que los asesinos terminaran matando a sus seres queridos, bajó las escaleras e identificándose, se entregó a ellos.

Allí mismo, en la sala de su casa y en presencia de sus familiares, los sicarios la acribillaron a balazos. Al terminar su terrible faena, los homicidas salieron huyendo en diversos vehículos. El padre y el hermano de Gisela, sin armas, los empezaron a perseguir con tan buena fortuna en medio del infortunio, que una patrulla policiaca presenció la persecución, se unió a ella y como producto de un enfrentamiento a balazos, mató a dos de los sicarios y capturó a otros tres. Estos últimos eran una mujer, un muchacho de 18 años y un menor de edad.

El hecho que ha conmocionado a México, es revelador de la descomposición social que vive el país. No puede soslayarse que dos de los sicarios capturados hayan sido adolescentes, lo que revela los grandes riesgos en que se encuentra la juventud en México. No puede ser de otra manera si en este país que tiene todo para ser próspero, el régimen neoliberal ha provocado que más de 7 millones de jóvenes sin estudio ni empleo sean una enorme cantera para reclutar sicarios entre esos adolescentes niños, que pueden encontrar una manera rápida y vil para poder ganarse algún dinero.

Hay otro aspecto que resulta revelador en la tragedia que comentamos. Es la enorme influencia que en México tiene ya el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, en los distintos niveles del Estado. En el ámbito municipal, se estima que al menos dos terceras partes de las alcaldías mexicanas se encuentran cooptadas o influenciadas por las corporaciones criminales. Inermes ante el poderío militar y económico de los narcotraficantes, a los funcionarios municipales honestos les quedan dos opciones: plata o plomo. En buena parte de los casos lo que en realidad acontece es que estos funcionarios municipales forman parte de dichas corporaciones criminales o están en su nómina.

El debate abierto en México en el contexto del asesinato de Gisela Mota es si las policías municipales, estaduales y federal deben estar bajo un mando único. Al parecer esa solución también está fallando en los lugares en donde se ha ensayado. El mando único acumula la mayor cantidad de denuncias por sus abusos.

La corrupción ya ha carcomido a la policía. México está arrinconado ya por el crimen organizado.

*Sociólogo y profesor e investigador en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en México. Especialista en estudios de procesos políticos y violencia de Guatemala en conjunción con procesos políticos de México.