Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Las tribulaciones del país y la percepción de que se inicia una temporada de tormentas políticas interminables son parte del banderazo de salida del nuevo gobierno, que encabezará Jimmy Morales a partir hoy. Será el décimo presidente de la era democrática, cargo al que llega en condiciones muy singulares en relación con sus antecesores en esta lista corta que se ha escrito desde el último golpe militar, con la Constitución Política vigente.

El nuevo presidente está bajo presión desde antes de asumir el mando nacional, pues hay amenazas abiertas de paralización desde el sector de Salud, y hasta el alicaído partido liderista se permitió amenazar la toma de posesión de hoy si no se acreditaban las curules de dos polémicos diputados de esa facción. Tan complejas son las condiciones que rodean a Jimmy Morales, que se estima que las finanzas públicas no alcanzarán para cubrir la totalidad de compromisos de enero, con lo cual se presagian escenarios más allá de lo difícil, debido a la baja recaudación fiscal de los últimos meses.

En pocas palabras, comienza un período de gobierno marcado desde su primer día por la debilidad política y condiciones adversas. Sectores variados del poder no gubernamental entienden la situación y se han dado a la tarea de aumentar la vigilancia y condicionar el escenario para que, tras el fracaso del gobierno de Pérez Molina, el actual se cuide de no enfrentarlos porque se trata de un régimen casi indefenso.

El país debe estar atento ante los hechos que sucederán en las siguientes horas y días. Quedarán al descubierto las agendas de muchos sectores y, obviamente, el nuevo régimen deberá demostrar que logró prepararse para apoyar al nuevo gobernante, hoy timonel de una Guatemala a mitad de la tormenta.

El entorno de esta toma de posesión tiene un enigma aún presente: comenzó la captura de varios militares bajo la acusación de crímenes de guerra, algo que inevitablemente ocurriría porque hay hechos por esclarecer. Sin embargo, también se puede interpretar como un mensaje político para los miembros de la institución castrense que estuvieron cerca o muy cerca del presidente electo y a quienes hasta hace pocos días se identificaba como potenciales operadores políticos del nuevo gobierno. Esta presión obliga a los sectores más duros del Ejército a concentrarse en otros temas ajenos a la política y, de alguna manera, se puede leer como una especie de liberación para que Morales se desempeñe sin mayores ataduras ni compromisos en esta etapa política, cuyo rumbo no está totalmente definido.

La ausencia de un liderazgo político de apoyo al Gobierno es evidente, cuando menos hasta antes de la toma de posesión. Nadie parece estar dispuesto a apostar en una aventura política a la que no se le quiere dar el beneficio de la duda; por tanto, el régimen empieza asediado por intereses, riesgos y amenazas, todos endosables al destino del país, más allá del mismo nuevo mandatario. De momento, lo único que se sabe es que Jimmy Morales anunció sorpresas agradables, lo cual también le mereció críticas pero encierra una posibilidad de conseguir por sí mismo el apoyo social y político del que hoy carece.

Prensa Libre