Por Pedro Brieger, director de Nodal

Cuando la muerte golpea de manera sorpresiva uno se queda mudo. Más si se trata de un amigo, colega y compañero. Agustín Lewit nos dejó cuando un gigantesco mundo apenas comenzaba a abrirle las puertas.

El periodismo nos obliga a reaccionar aun antes de poder realizar un duelo, o nos compele a decir algo mientras todavía no se sale del asombro y uno trata de que las lágrimas no enturbien la vista. No es casual que en algunas culturas milenarias las familias y amigos se junten durante días para llorar y recordar al que ha partido. Las crónicas podían esperar. Había que juntarse para reforzar el vínculo con quien ya no estaba. Hoy no podemos reposar nuestras sensaciones y sentimientos aunque a veces no encontremos las palabras. Es más, queremos contarle a todos y todas que alguien se fue, para que su ausencia se convierta en presencia.

Agustín llegó a NODAL cuando este portal de noticias apenas era un proyecto en ciernes. Traía en sus alforjas una formación intelectual crítica y un bagaje cultural que aprendió de su padre y que sintonizaron desde un primer momento con la construcción de un portal de noticias sobre América Latina y el Caribe que tuviera como objetivo disputar la hegemonía comunicacional.

El desafío no lo amilanó porque engarzaba con su idea de dedicarse de lleno al periodismo.

Con rapidez incorporó nuevos conceptos que supo transmitir como parte de una disputa mucho más amplia que la comunicacional. Con pasión estaba todas las mañanas analizando y seleccionando las noticias que luego tendrían un lugar en NODAL, y cuando hubo que construir nodaleconomia.am no dudó un instante en ponerse al hombro la tarea.

Pero además, y tal vez por sobre todas las cosas, Agustín era muy querible como lo atestiguan los mensajes estupefactos por su partida de aquellos que lo han sabido tratar, escuchar o leer.

Y así lo recordaremos todos los que hacemos NODAL, del que Agustín es y será arte y parte.

Como director de NODAL, y en nombre de todos y todas los que hacemos NODAL, compartimos el dolor con su familia, con su compañera Luciana, con su hijo Simón. Y estoy seguro que haremos honor a lo que Agustín Lewit pensaba y proyectaba.

Y sí… ¡hasta siempre!

Perfil de Agustín Lewit

Nació el 4 de noviembre de 1983. Licenciado en Ciencia Política de la UBA y maestrando en Ciencia Política y Sociología (FLACSO). Era Coordinador del Área de Estudios Nuestroamericanos del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC) y miembro del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).También ha sido becario doctoral del Consejo de Investigación Científica (CIIPIME-Conicet). Como periodista especializado en América Latina trabajaba como editor de NODAL y NodalEconomía. Fue columnista de Página|12, Tiempo Argentino, TeleSur, de los portales de noticias Política Argentina, Marcha y Arte Política. Junto con Juan Manuel Karg coordinó el libro “Del No al ALCA a Unasur. Diez años después de Mar del Plata”. Ha escrito diversos capítulos de libros referidos a la Teoría Crítica y a la coyuntura latinoamericana, como así también varios artículos académicos en distintas revistas especializadas. Papá de Simón, compañero de Luciana.  Su padre, Jorge Mario Lewit, escribió para despedirlo: “su nombre completo era Agustín Leónidas. Agustín por Tosco y Leónidas por Leónidas Barletta, un histórico militante y dirigente del Partido Comunista de la Capital Federal, fundador del periódico Propósitos y del Teatro del Pueblo. En Alta Gracia (Córdoba) descansará al lado de su madre, Adriana Saltanovich. Lo vamos a recordar con sus hermanos, con su esposa Luciana y su hijo Simón, en cada marcha, en cada protesta, en cada avance que tengamos en nuestro país y en el continente. Hasta siempre Color Eterno”.

Aquí sus notas publicadas en Nodal

http://www.nodal.am/category/columnistas-de-nodal/agustin-lewit/

¡Hasta Siempre, Agus! – Por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG)

La muerte inesperada e inimaginable es egoísta. No permite nada. Ni siquiera pensar las palabras, ni las posibles buenas conversaciones que allí quedaron, ni los abrazos. Viene, entra y se va. Deja un vacío. Deja demasiadas cosas pendientes. Abre preguntas infinitas. Es terrible. Asfixiante. Así nos deja la muerte de Agustín Lewit. Un gran tipo y un gran intelectual. Agudo. Prolífico. Tenaz. Militante. De las mejores personas que se necesitan para estar y pensar cuando se avecinan tiempos turbulentos. Lo tuvimos con nosotros, y seguirá en nuestras memorias –hoy tan doloridas-. Estará allí, con las resonancias de sus brillantes textos y con la profunda generosidad que siempre derramó. Gracias, Agus. Gracias por ser parte tan fundacional de este nuestro espacio-sueño llamado CELAG ¡Hasta siempre, compañero!

Celag

Palabras de Despedida para Agustín – Por el Centro Cultural de la Cooperación

Hoy, lunes 25 de enero de 2016, recibimos la noticia de la muerte de nuestro querido compañero Agustín Lewit.

Incrédulos, perplejos, atónitos son palabras que componen un sentimiento y una sensación general que se resume en el término “desolación”. Así estamos hoy.

En pleno crecimiento personal, profesional, militante Agustín – y decimos esto desconociendo las causas de su fallecimiento- nos deja muy temprano.

Y aunque el dolor por su ausencia obnubila el pensamiento, aturde hasta la indignación, debemos decir que deja en su corto tiempo de vida un legado y un ejemplo.

Agustín fue un ser humano íntegro y sensible, su compromiso activo con la construcción de una sociedad más justa vibraba en la organización de las reuniones y las tareas, se revelaba cada día en su correr múltiple, simultáneo e incansable para dar respuesta a la urgencia militante.

Su energía expansiva daba cuenta de su inagotable rebeldía, más no se trataba de una explosión irracional. Más bien Agustín manifestaba a menudo una irreverencia inteligente, reflexiva, siempre pasionaria- y tal actitud repleta de convicciones se derramaba generosa en sus análisis, en sus producciones e incluso en sus justificados enojos con los ajenos y con los propios.

Trabajador incansable, gran compañero, solidario, aportó como pocos a la construcción de nuestro Centro Cultural de la Cooperación.

Ninguna palabra puede reemplazar el sentimiento colectivo que angustia a quienes lo conocimos, que apura el llanto, que manifiesta una bronca porque no podemos explicarnos que un joven combatiente de potentes realizaciones y promisorias proyecciones haya visto cegada su existencia.

Queremos hacer llegar nuestras palabras de consuelo y nuestro abrazo a sus padres; a su compañera, a su hijo Simón en este momento de dolor intenso, de tristeza profunda, de una incomprensión por este desenlace inesperado, imprevisible y a todas luces injusto – si es que hay justicia en las cosas de la vida y de la muerte.

Por el enojo que nos corroe porque nos lastima la inaceptable partida de Agustín, tan necesario, tan compañero, tan querible, tan nuestro, tan generoso solo el transcurrir del recuerdo hace ganar lugar a una tristeza profunda y oscura.

Pero quisiéramos también sostener la memoria de nuestro compañero con la alegría de las siembras fértiles que él concretó, de los puentes tendidos de la ternura entre nosotros, de las complicidades de las miradas y los abrazos que transitábamos mientras compartimos construcciones y luchas, apuestas y discusiones, esfuerzos comunes para librar muchas batallas por unos mismos sueños.

Decía Alí Primera: “los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos. A partir de este momento, es prohibido llorarlos. Que se callen los redobles en todos los campanarios, vamos pu pal carajo que para amanecer no hacen falta gallinas, sino el cantar de gallos”.

Agustín, por materialistas que seamos no podemos dejar de decirte, donde estés, que el mejor homenaje que sigue a este llanto desolado y al dolor de tu partida será continuar las batallas que libraste con coherencia y con pasión, y conservar la huella de tus actos y tus gestos para las próximas edades terrestres.

De los imprescindibles brechtianos, decimos como en la Venezuela de la esperanza que no serás enterrado, sino sembrado para florecer en las próximas labores colectivas, que llevarán tu nombre y tu memoria por bandera.

TUS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DEL CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN FLOREAL GORINI

AGUSTÍN PRESENTE

AHORA Y SIEMPRE