Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Tanto para Venezuela como para la región, la instalación de los nuevos miembros de la Asamblea Legislativa venezolana constituye un hito, pues después de 17 años la oposición destituye a la cúpula familiar-militar que gobierna ese país, ya que tiene mayoría calificada y puede ser el instrumento para que en forma pacífica esa desgarrada nación vuelva a los cauces del sistema democrático y la pacífica convivencia ciudadana

Al margen de la retórica que predomina en esa nación caribeña, es posible sostener que por su origen y desarrollo en ese sector político hay un predominio de las corrientes que buscan una transición pacífica hacia la recuperación del sistema democrático como forma de organización estatal y vía hacia la concertación, y una transparente y eficiente administración de su economía para enfrentar la profunda crisis a la que sus gobernantes han conducido a ese país. Ello, sin desconocer la existencia de posiciones extremas, alimentadas, por lo demás, por la actuación de la cúpula gobernante.

Pero, el otro lado de la moneda muestra –en forma más grotesca aún que en Argentina– que esa cúpula gobernante está dispuesta a todo para no dejar el poder, al que manejan con inimaginables niveles de corrupción e incapacidad (basta, como ejemplo, saber que una de las últimas normas de excepción del presidente venezolano ha sido el copamiento del Banco Central). Además, como hemos señalado en varias oportunidades, no es posible asignar ningún sentido de responsabilidad y compromiso con el bien común a autoridades que no parecen dudar de someter a su gente a los horrores de una confrontación interna e incluso internacional, si ése es el costo para prorrogarse en el poder.

Es así que la población venezolana ingresa a una nueva etapa en la que se mantendrá un creciente tensionamiento entre la cúpula gobernante y la oposición política, escenario que intentó superar al otorgar una mayoría calificada a esta última.

De ahí que se debe seguir exhortando a la comunidad internacional a colaborar para que el desemboque de esa confrontación no sea la violencia fratricida. Para ello, no sólo que es tiempo de que los Gobiernos de la región no sigan temiendo la vocinglería prepotente de los representantes del Gobierno venezolano sino, más bien, que se les exija cumplir los compromisos que ese país ha asumido con la comunidad internacional en lo que respecta al pleno respeto de los derechos humanos, los principios de la democracia y el combate a la corrupción.

En todo caso, hay muchos indicios de que estamos ante un cambio de paradigmas políticos, económicos, sociales y culturales. A las oleadas, primero, de los modelos de libre mercado y, luego, del denominado populismo expresado en el Socialismo del Siglo XXI, parece que seguirá una nueva que, es de esperar, recoja las virtudes de las anteriores y se dirija a la construcción de sociedades más desarrolladas, equitativas, democráticas y transparentes, en la que se recuperen principios de dignidad, solidaridad, respeto y pacífica convivencia.

Venezuela está ante ese reto, y habría que ayudar a que lo asuma en paz.

Los Tiempos