Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El descontento se cambió por la esperanza en la primera manifestación ciudadana efectuada luego de que asumieron las nuevas autoridades. Tres días han pasado desde que Jimmy Morales y Jafeth Cabrera tomaron las riendas de un Organismo Ejecutivo golpeado en los últimos nueve meses por los grandes escándalos de corrupción que le costaron el puesto al expresidente Otto Pérez Molina y la exvicepresidenta Roxana Baldetti, por lo que los ciudadanos cumplieron su cometido de dejar en claro su cero tolerancia a la impunidad, los privilegios y la poca transparencia.

Aunque no fueron los cientos de ciudadanos que se reunieron en la manifestación denominada #Paro27A, los asistentes a la Plaza de la Constitución, bajo el lema #EstamosAqui, hicieron evidente que estarán vigilantes a las acciones que realicen los funcionarios que asumieron sus cargos, pero sobre todo que serán fiscalizadores del erario nacional para evitar más casos como La Línea o Lavado y Política.

Sin duda, luego de que los distintos análisis y diagnósticos del sistema político coinciden en señalar que los problemas estructurales son: clientelismo, autoritarismo, malas prácticas políticas, corrupción, ausencia de mecanismos incluyentes de selección de cuadros y el financiamiento anómalo, contar con una ciudadanía activa en la denuncia y fiscalización solo puede lograr el primer paso para una reforma del Estado más que urgente.

Tal y como lo consideró Daniel Zovatto, director para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional, durante su alocución en el foro Diálogo Abierto sobre la Transformación Política: Reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, realizado por la Fundación Esquipulas, “es hora de un ‘Nunca Más’ con el tema de la corrupción. El político que comete un acto de corrupción debe ser sancionado, y el que viola la ley debe tener claro que no se trata sólo de la responsabilidad del partido al que pertenece, sino también de la individual”.

Queda claro que los guatemaltecos están más vigilantes y ejercerán presión social, lo cual además le plantea un reto mayor a las nuevas autoridades, no solo administrativo, sino también político, pues deberán saber identificar y leer lo que pide el clamor ciudadano.

Los funcionarios tendrán ahora su oportunidad de garantizar educación, trabajo y seguridad; deberán verse las acciones en el combate a la pobreza, pero de la mano de hechos que reflejen transparencia en el manejo de los recursos que se les han confiado. Esto seguramente será imperativo para el próximo presidente, porque los integrantes de organizaciones sociales tienden a ser menos indulgentes y exigen que los resultados no demoren más allá de los primeros cien días.

Siglo 21