Hace 50 años, un 15 de febrero, murió en la guerrilla el sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo. Los eventos contemporáneos deben situarse en una perspectiva histórica, porque en materias sociales y políticas nada cae del cielo. Son procesos que tienen su génesis. Un actor como Camilo Torres ha jugado un papel orientador en la historia de Colombia y vale la pena reflexionar sobre su importancia en la situación actual. Un libro publicado en Quito lo recuerda.

1. El análisis social de Camilo Torres

El tema de la tesis de licenciatura que Camilo presentó en la Universidad Católica de Lovaina fue la estructura de las clases sociales en la ciudad de Bogotá. Él utilizó estadísticas para mostrar que no se trataba solamente de estratos sociales diferentes viviendo en el norte o en el sur de la ciudad, sino de estructuras construidas según una lógica de clases, fruto del sistema económico.

Las conversaciones de paz en La Habana tienen como objetivo poner fin a la lucha armada, lo que es de vital importancia en la coyuntura actual. Pero no significan el fin de las luchas sociales. La burguesía colombiana ha sido muy hábil en la utilización de todos los procesos históricos para reproducir su hegemonía: la independencia, los partidos conservadores o liberales, la industrialización, la financiarización de la economía, el servicio del imperialismo y hasta el narcotráfico.

Para Camilo Torres la lucha armada nunca fue un fin en sí mismo, sino una solución de última instancia, frente al fracaso, en el momento histórico que vivía, de los otros medios: diálogo, reformas, vía parlamentaria. El futuro, después de la paz, no será un proceso tranquilo, sino una continuación de las luchas sociales en el campo, en las ciudades y en las zonas indígenas; de las reivindicaciones para los servicios públicos, el acceso a la educación y a la salud, los derechos de la naturaleza, contra las multinacionales y el imperialismo. La lucha de clases no es una ideología, sino un hecho social, y en Colombia tiene un aspecto particularmente agudo.

2. La unión de las fuerzas populares

El éxito de la acción política de Camilo fue reunir varios sectores de la lucha popular alrededor de un proyecto común, sin abandono de la identidad de cada uno. Fue un proceso difícil, pero no imposible, y ahora es indispensable. Las corrientes que se excluyen mutuamente y, a veces, se combaten de manera más fuerte que contra el enemigo común, es una debilidad grave de las izquierdas en el mundo y una de las causas mayores de su ineficacia política. La reconstrucción social, después del fin del conflicto armado, pedirá un nuevo frente de las fuerzas de izquierda, como condición de un progreso social.

Camilo creía en la necesidad de un liderazgo en la lucha, pero no exclusivo ni personalista, sino como un servicio dentro de un proceso común. El protagonismo individual no era su filosofía y esta enseñanza es hoy día importante para construir la unión.

Su llamamiento fue para una acción de conjunto y no para una unidad alrededor de un partido o de una organización pidiendo a todos los demás ponerse de bajo de su propia hegemonía. Un proceso tal exige desinterés personal e institucional para buscar el bien común de todos.

3. La ética como orientación fundamental

La ética social, para Camilo Torres, tenía varios aspectos. El primero era la justicia. Para él era inadmisible que ciertos sectores de la población tuvieran riquezas considerables y otros se quedaran en la pobreza. Como no se trata de un problema de naturaleza, sino de construcción social, la exigencia moral de la lucha por la justicia es un elemento fundamental del pensamiento y la acción.

Otro nivel ético es la manera de cumplir con la lucha. La no violencia era para Camilo un principio de base, porque significaba el respeto de la vida. Solamente en circunstancias bien definidas se puede admitir una resistencia armada de pueblos o de sectores oprimidos: agotamiento de todos los otros medios y posibilidad real de obtener un resultado, como fue, por ejemplo, la revolución cubana.

Los medios utilizados en la lucha son también una dimensión de peso. Camilo Torres sabía muy bien que el no respeto de la ética en el curso de la lucha no solamente era moralmente inaceptable, sino también contraproducente.

4. La dimensión de fe cristiana

Cuando Camilo Torres murió, en 1966, la teología de la liberación, como disciplina propia, no había nacido. Sin embargo, sus bases ya estaban presentes, es decir, el compromiso de cristianos en las luchas sociales y revolucionarias, y otra manera de vivir la fe en comunidades.

Camilo Torres fue uno de esos precursores, inspirado en un primer tiempo por la doctrina social de la Iglesia en su orientación la más radical: condena de abusos y excesos del capitalismo como fuente de injusticias. Su búsqueda de los valores del reino de Dios, proclamados por Jesús en su sociedad de Palestina, llevó a Torres más allá: condena del capitalismo en su lógica, lo que es la base de la teología de la liberación en su dimensión de ética social.

Es por ello que Camilo Torres se acercó al análisis marxista, que permite descubrir los mecanismos de la dominación del capital y de mirar la sociedad con los ojos de los oprimidos, lo que el Evangelio nos pide.

Frente a la globalización de la economía mundial bajo el poder del capitalismo de monopolio, frente a la extensión mundial de la extracción minera y de los monocultivos, a la destrucción del patrimonio forestal, la agresión generalizada contra los pueblos indígenas, las políticas de austeridad para salvar el sistema financiero, una renovación de la teología de la liberación es más necesaria que nunca y la inspiración de Camilo Torres puede ayudar a los creyentes a redimensionar su fe en esta perspectiva.

Estos cuatro ejes son la contribución de Camilo Torres a la reconstrucción de la sociedad colombiana después de los acuerdos de paz.

*François Houtart. Exsacerdote católico y sociólogo belga, fundador del Centro Tricontinental (CETRI). Referente de las luchas altermundialistas Hoy, profesor del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), Quito.