En entrevista con El Telescopio, la abogada y activista social, Valeria Suárez, compartió su historia de vida que no solo está marcada por el cambio de identidad de género sino porque también fue la primer mujer trans en egresar de la Universidad de la República, hecho que describe como “un triste honor”. Además, ejerce como abogada y fue la responsable de redactar el proyecto de ley de Matrimonio Igualitario, “fue la manera de depositar un montón de emociones que me dominaban y no me permitían ver con claridad, entonces el proyecto lo sentí muy cercano a mí, como el hijo de mi dolor”.

Por otra parte, opinó que Uruguay es una sociedad totalmente discriminatoria pero que “el discurso cambió y nuestra sociedad reacciona automáticamente. Hoy asumimos como natural que dos señores o señoras se casen en el registro donde se casaron nuestros padres”. Sin embargo, resaltó que “cuando se toma la discriminación dentro del eje de la identidad sexual, los trans son los que están en las peores condiciones. Porque la discriminación si bien puede atacar bajo el mismo eje, en la identidad de género y en la orientación sexual se manifiesta de forma muy distinta”.

¿Dónde creciste? ¿de dónde venís?

Mis padres vivían en Salinas, y hasta el día de hoy yo vivo ahí aunque nací en Pando. Fui a la escuela pública Nº 186, que hasta ese momento era la única que había y también al liceo de ahí. De alguna manera recién empecé a desarraigarme, de que casi el 100% de mi vida social fuese en Salinas, a partir de la facultad. Fue cuando empecé a viajar a Montevideo y a tener núcleos sociales en la capital.

¿Cómo viviste tu etapa de la adolescencia?

Creo que se divide antes y después de los 15 años. Antes (de esa edad)  se daba la particularidad que la mayoría de los compañeros que yo había tenido en la escuela siguieron conmigo en el liceo. La población estudiantil era muy poca, éramos vecinos o parcialmente vivíamos en zonas relativamente cercanas, sino estábamos en la misma clase, compartíamos generación y hasta los lugares de esparcimiento que eran más o menos los mismos.

Hasta ese momento yo era muy buena alumna, a mis padres los conocían desde hace muchos años, era tranquila, tenía buenas calificaciones, llevaba una vida muy apacible. Me sentía apreciada socialmente.

A partir de los 15, me acosté de una manera y cuando desperté me levanté de otra. Me acosté sintiéndome apreciada, querida, y me desperté siendo considerada prácticamente una escoria. Yo no entendía por qué las personas que había conocido durante los años anteriores se habían desvanecido. Por el simple hecho de que yo manifestara mi identidad públicamente de alguna manera había dejado de ser una buena compañera, amiga, una persona leal que pudiera dar algo productivo. Me convertí en alguien que era fácilmente descalificable y no deseable.

O sea que a los 15 años declaraste y asumiste públicamente tu identidad de género ¿cómo fue tomada la noticia en tu casa?

En el caso de mis padres fue muy bueno. Antes de que yo lo hiciera como una manifestación pública, lo hablé dentro de mi casa. Había sido un proceso muy largo de meditación y de padecer mucho miedo al que iba a pasar el día después. El día que yo había tomado la decisión de hablarlo, mi madre se me adelantó y me preguntó sin saber muy bien realmente que me pasaba a mí, si yo era gay o tenía alguna cuestión con mi sexualidad que yo no había expresado. Hasta ese momento no lo identificaba con una cuestión de identidad pero sí me dio el pie para decir la verdad que yo quería plantear. Mi madre me escuchó y recuerdo que la respuesta fue ver si yo estaba segura y cuando le dije que sí, me dijo “a partir de ahora yo y tu padre ya no podemos protegerte. De acá en más cuando salgas a la calle te vas a encontrar con situaciones que vas a tener que enfrentar y que no van a ser deseables”. Reconozco que si bien me las esperaba, nunca pensé que iba a ser tan desagradable, de forma tan profunda y durante tantos años.

Fuiste la primer mujer trans egresada de la Universidad de la República ¿Cómo vivenciaste eso? ¿Qué crees que significó desde el punto de vista simbólico para la sociedad uruguaya? 

En aquel momento, desde lo subjetivo, lo siento como un triste honor. Si bien es bueno plantearlo desde una mirada que reconoce que existen muchos obstáculos y a pesar de ellos hay una persona que llegó a su vocación y traspasó barreras que quizás otras personas no las sufren, desde otro lugar, también delataba las ausencias de muchísimas políticas públicas de una situación que no se consideraba problemática social y que en realidad lo que hacía era consagrar, una y otra vez, a un grupo de la población como una ciudadanía de segunda clase, que era la población trans.

En aquel momento, en referencia a discusiones sobre el matrimonio igualitario, se planteaba que no podíamos seguir perdiendo el tiempo en las contracciones que surgen del género cuando en realidad las verdaderas injusticias sociales surgen de la lucha de clases. Y es verdad, pero del patriarcado surgen las otras. El sistema capitalista y el patriarcado no van por separado, van abrazados, se necesitan, se complementan y retro-alimentan mutuamente.

La población trans somos plenamente el grupo más vulnerable, casi marginales, lo que nos acerca, desde una mirada marxista, al lumpen. Nosotras somos lumpen, somos aquellas que ni siquiera servimos de reserva. Somos excluidas de un sistema y lo que hacemos es sobrevivir en los márgenes de la sociedad.

Cuando se da el caso de que una persona trans alcanza algo que no es lo esperado, porque lo que se espera es que sobreviva en los márgenes y exclusivamente del trabajo sexual, y alcanza otra vocación y la desarrolla, es justamente lo que instala el debate.

Estas cuestiones sin un debate social, por más medidas gubernamentales que instrumentemos van a un camino de letra muerta. Una cosa tiene que articular con la otra.

Si tenemos las herramientas jurídicas pero no tenemos la sensibilización que hay que tener del tema, lo que nos va a pasar es que va haber un divorcio tan profundo entre el deber ser de la ley y el ser de la realidad, que lo que va a suceder es que no se articule la aplicación práctica de esa norma.

Cuando se habla de esta temática no estamos debatiendo exclusivamente las esferas de derecho de quienes directamente están involucrados, estamos planteándonos algo mucho más grande que es ¿qué sociedad queremos? ¿en cuál queremos vivir? Y en eso no tiene nada que ver tu orientación sexual o identidad de género ahí tiene que ver con el solo hecho de ser ciudadano.

¿Cuándo elegiste ser abogada fue por una decisión de vocación o porque lo viste como una herramienta que te podía llegar habilitar determinadas conquistas por tu condición de trans?

La vocación para ser abogada la tenía desde muy chica. Son esas cosas que en realidad no sabes por qué. Cuando me preguntaban yo decía abogada pero en realidad nunca había desarrollado una idea teórica de cómo sustentar el por qué me atraía la idea de esa profesión. Esa pasión no me la cuestioné hasta que llegue a la facultad. Cuando estaba mediando la carrera yo sentía que ese era mi lugar y me empecé hacer la pregunta de porque yo quería dedicar mi vida a ejercer el derecho. No sé si es la única respuesta pero lo primordial que se me venía a la cabeza era que a mí siempre me daba la sensación de que una de las funciones más profundas del derecho era igualar situaciones.

Tomar la realidad donde las personas no son iguales y tienen enormes diferencias y además tienen desigualdades, que no son lo mismo. No hay igualdad económica, social, cultural, y en aquellas circunstancias donde las desigualdades le dan mucho poder a uno y enormes desventajas a otro es necesario intervenir para que igualemos de forma sustantiva. Ese elemento de buscar como principio casi sustentador la igualdad sustantiva que implica necesariamente el respeto a la diferencia creo que era lo que más me seducía.

Con el tiempo me fui dando cuenta que esa idea cuando hace carne te hace sentir un profundo amor por la profesión que ejerces.

¿Cómo fue tu paso por la facultad con todo lo que implicó tu cambio de identidad?

Yo venía de un entrenamiento maravilloso desde el liceo enfrentando situaciones desagradables. Los dolores que me podían llegar a provocar la facultad eran realmente menores. A pesar de haber vivido situaciones difíciles era como respirar bocanadas de aire puro si yo lo comparaba con lo otro. A diferencia de lo que me pasaba en el liceo que las dificultades venían desde mis pares, en la facultad no era así por la masificación; de alguna manera quienes se acercaban a mí era porque no tenían problemas y los que si tenían la posibilidad de inmiscuirse entre aquella masa de gente.

Sí tuve problemas con los equipos docentes y con el aparato administrativo. Una de las situaciones que los describe fue cuando yo ya estaba terminando la carrera y un profesor dijo “si este alumno no tuviera los problemas sexuales que tiene, llegaría lejos”

¿Uruguay es una sociedad discriminatoria?

Sí, totalmente. Pero uno puede mirar la mitad del vaso vació o la mitad del vaso lleno. La mitad de la vaso lleno es que debo reconocer que durante los últimos 15 años, ahora que tengo 32, han habido cambios importantes en cosas que antes parecían impensables. Hoy asumimos como natural que dos señores/as se casen en el registro donde se casaron nuestros padres. Vemos mamás que están con otras mamás que las acompañan, parejas del mismo sexo que adoptan, niños que tienen dos papás o dos mamás. Hoy es políticamente incorrecto que cualquier persona en un medio masivo vaya a decir “a los putos hay que matarlos” por más que lo piense.

El discurso cambió y nuestra sociedad reacciona automáticamente. Cuando pasamos del silencio a la reacción se demuestra que hay un cambio de sensibilidad que no es gratuito sino fruto de mucho trabajo. Yo tengo una mirada muy esperanzadora, pero a los avances siempre hay que defenderlos, no son lineales.

¿Cómo fue para vos participar en la redacción de la Ley de Matrimonio Igualitario que fue un punto de inflexión en cuánto a las conquistas logradas? 

Desde lo personal pasaron dos cosas. Cuando me invitaron al colectivo de Ovejas Negras y estaba la posibilidad de hacer una reforma de la institución del matrimonio, empecé a trabajar, escribí el proyecto y lo llevamos por diferentes organizaciones de la sociedad civil y después al sistema político. Cuando lo escribía o lo modificaba, lo ensamblaba en la soledad de mi casa con una computadora viejita que me había regalado mi madre. Que ese proyecto haya sido convertido en ley, y haya sido escrito por mí, por supuesto que con todo el apoyo de organizaciones porque estos logros nunca son individuales sino colectivos, es un proceso por momentos casi de realismo mágico.

Por otro lado, yo llegué al activismo con una gran tristeza porque mi madre había fallecido y no encontraba la manera de manejar mi dolor. La ley de matrimonio igualitario fue la manera de depositar un montón de emociones que me dominaban y no me permitían ver con claridad, entonces el proyecto lo sentí muy cercano a mí, como si fuera propio. Pero no porque los demás no hayan participado y puesto identidad al trabajo, sino porque yo sentía que le había colocado emociones tan profundas que lo sentí como el hijo de mi dolor. Hoy en día, cuando veo parejas que se casan, tengo esa sensación de que de un momento muy oscuro la vida me dio esa oportunidad de participar en un proyecto que me excede ampliamente, incluso en el tiempo que yo tenga de vida.

Dentro de la población LGBT, ¿los trans son los más excluidos?

En realidad sí. Cuando se toma la discriminación dentro del eje de la identidad sexual, los trans son los que están en las peores condiciones. Porque la discriminación si bien puede atacar bajo el mismo eje, en la identidad de género y en la orientación sexual se manifiesta de forma muy distinta.

Nosotros vemos muy claramente como la discriminación dentro de las compañeras lesbianas ocurre a través de la invisibilidad de sus necesidades, de sus agendas, todo está previsto para las mujeres heterosexuales y no se toma en cuenta que puede haber particularidades que necesitan ser consideradas. Lo mismo pasa con los hombres gays, donde se ve claramente situaciones de acoso laboral. Si bien pueden insertarse en el mercado les es muy difícil sostener esos empleos por el acoso a partir de su orientación sexual, al igual que un posible ascenso que es impedido por estas circunstancias.

En la población trans ocurre de la forma más virulenta que es directamente la exclusión total. Es un proceso donde se da un mecanismo bastante perverso. La mayoría de las mujeres trans manifiestan su identidad a muy temprana edad, son muy jóvenes, no tienen una educación terminada, no son mano de obra calificada, a esa edad son excluidas de su seno familiar, y ese elemento trae como consecuencia el que vayan quedando por fuera del sistema educativo, de las redes sociales de contención y terminen teniendo como único medio de sobre-vivencia, el trabajo sexual. Después de que esa contingencia social ocurre, que históricamente trae aparejadas muchísimas consecuencias nefastas, se pretende responder que la situación por la cual la mayoría de las mujeres trans terminan sobreviviendo a través del trabajo sexual es porque hay un elemento identitario por la cual la construcción de esa identidad sexual tiene que pasar por ahí. Y eso es un error. Primero se va empujando a esa persona hacia a un lugar y después se dice “esto es algo que curre espontáneamente” como si fuera inherente a la propia identidad.

¿Qué avances faltan por hacer?

Creo que en Uruguay hace falta una ley que realmente funcione, en los aspectos más neurálgicos de nuestra vida social y de la lucha contra la discriminación.

Que tiene que ver cuando ya las barreras de prevención y conservación del derecho ya fallaron y hemos llegado a tener derechos menoscabados y violentados. Que protecciones damos, que acceso a la justicia permitimos, si no se puede en todos los ámbitos de discriminación aunque sea en aquellos que hoy en día se ven como los más sobresalientes; los laborales, el acceso a la salud, y donde se afecta directamente el diario vivir de la persona.

¿Pensaste en adoptar en algún momento?

En este momento no, pero no lo descarto. Tuve una madre maravillosa por lo tanto es una vara muy alta…

La banda Buenos Muchachos te dedicó una canción “My Way” en su último disco…

Fueron muy gentiles, me emocionó mucho. Yo no los conocía personalmente y me enteré por una radio que me llamaron y me dijeron. Luego tuve la oportunidad de tomarme un café con quién escribió el tema. A mi esas cosas me hacen pensar en situaciones de mucha esperanza. Yo me acuerdo cuando por las mismas cosas que yo digo hoy, no hace tantos años, era vapuleada. Hoy en día soy apreciada y hasta a veces soy aplaudida. Eso muestra que vamos mejorando, nos falta mucho, porque decir que en Uruguay no hay discriminación sería ser muy iluso y querer tapar el sol con un dedo, pero vamos mejorando.

Todas las políticas que se han llevado a cabo, de una forma u otra, han estado vinculadas y promovidas por el Frente Amplio como partido de gobierno. ¿Pensás que en algún momento si la derecha vuelve al poder puede haber un retroceso en los derechos conquistados?

Sí lo he pensado. De hecho esa fue la razón por la cual yo decidí participar de forma orgánica dentro del Frente Amplio antes de las elecciones pasadas. En los procesos de derecho, a veces tenemos la sensación que con el solo hecho de alcanzar la norma ya está, y en realidad es mucho más. Siempre se puede hacer revisionismo y sobre los derechos que se avanzó, podemos retroceder. Eso no significa que vamos a ir a menos pero podría ser un peligro inminente. El activismo no está hecho de un color partidario y está abierto a todos, pero yo tomé la decisión de pertenecer a la orgánica del FA y no me arrepiento.

¿Qué opinas sobre la Ley de Feminicidio?

No leí el proyecto, pero sí me parece que hay una cuestión que tenemos que tomar en cuenta y es que en Uruguay estamos viviendo una situación de emergencia en lo que tiene que ver con la violencia hacia la mujer y con las muertes. El hecho de que de alguna manera exista una figura en el derecho penal tiene un enorme valor simbólico pero a eso hay que empezar a ponerle normativas que empiecen a re analizar o a complementar las pocas herramientas que se tienen para luchar en esos ámbitos y que las mismas van a tener que ir acompañadas de políticas públicas. Para los abogados que trabajamos y tenemos casos de violencia doméstica, hay un verdadero desamparo.

 ¿Algo que desees agregar?

Lentamente tenemos que ir revisando las ideas de feminidad y masculinidad. Tenemos un estereotipo hegemónico muy instalado y yo no culpo a nadie porque quiera parecerse al mismo pero también pueden existir otros prototipos muy piolas. Las mujeres todas, trans o no, cuando no nos parecemos al ideal estereotipado no somos menos mujeres ni somos copias de un original. Me da la impresión de que vivimos en una sociedad donde se siguen clasificando nuestros cuerpos y cuando no coincidimos con lo que se espera de nosotras se nos ve como una mala fotocopia de un original. Debemos preguntarnos si todos adquirimos tanto formas de pensar, de sentir, de hacer, que las tomamos como si fueran espontáneas cuando en realidad son aprendidas si realmente eso no implica que por ciertos momentos aquellas cosas que decimos desear, pensar o creer son realmente nuestro sentir o son producto de que estamos trasvestidos en nuestras identidades. Si podemos llegar a ver eso, quizás podamos vivir más libres.

El Telescopio