Queda muy poco de lo que fueron en otro tiempo las quebradas que todavía corren por el Valle de Aburrá. Corren apenas, en estos días de tiempo seco, cuando la disminución del caudal en algunas de ellas ha derivado en cortes del servicio de acueducto en sectores como el corregimiento San Cristóbal y barrios del Oriente de Medellín.

Recorrer los lechos, casi secos, es encontrarse con las muestras del deterioro evidente por deforestación en la parte alta de las cuencas y la contaminación por vertimientos, agravada por el asentamiento de comunidades en las riberas. Pero también es encontrar la preocupación entre quienes de distintas maneras llevan una vida ligada a las quebradas.

“Ahora tenemos el problema del desabastecimiento, pero cuando ya se presenten las épocas de invierno, será todo lo contrario: vendrá el riesgo para las personas que están alrededor”, advierte el secretario de Medio Ambiente de Medellín, Óscar Hoyos Giraldo.

Para precisar el grado de deterioro y hacer un balance de contaminación de las quebradas y los factores que las afectan, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y la Universidad de Antioquia, monitorearon 20 de las principales quebradas que desembocan en el río Medellín.

Los estudios detectaron problemas como contaminación por residuos sólidos ordinarios, peligrosos y especiales —principalmente escombros—, extracción de material de playa, vertimientos de sustancias prohibidas, descargas sin el debido permiso de la autoridad ambiental.

También se advierte el arrastre de sedimentos por la inadecuada explotación en canteras (específicamente las ubicadas en la comuna 13 de Medellín y en el municipio de Bello), deforestación creciente en las cabeceras de las quebradas y en algunos, una demanda por el agua que ya supera los volúmenes que corren.

El Colombiano