El presidente Rafael Correa llamó a la autocrítica frente al discurso “anacrónico” de cierta oficialidad de las Fuerzas Armadas que considera a la institución castrense como “la columna vertebral” del país, sin reconocer el aporte de los otros estamentos de la sociedad civil.

“Ese discurso de que somos la columna vertebral, ¿entonces el resto que somos, sostenidos? Las madres, los profesionales, intelectuales, comerciantes, agricultores. Ya basta de esos anacronismos, en la patria nueva todos somos pilares y todos somos columna vertebral, no solo una institución. Un poquito más de humildad y sensibilidad”, enfatizó la noche de este domingo el mandatario durante una entrevista con periodistas en la ciudad de Machala, sur del litoral ecuatoriano.

El mandatario se refirió a este tema a propósito de la polémica surgida en las últimas semanas por la resistencia de directivos del Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas (ISSFA) a que se le debite 41 millones de dólares por concepto de un pago con sobre avalúo de un terreno que adquirió el Ministerio de Ambiente hace tres años para la construcción del parque Samanes, en Guayaquil.

Correa consideró a este episodio como uno de los absurdos de la historia de la democracia del país. “Qué país en el mundo por corregir un acto administrativo en una economía de 100.000 millones de dólares se ponga en peligro la democracia por 41 millones de dólares”, cuestionó.

El jefe de Estado restó importancia a las acciones irrespetuosas y abandono de ciertos militares en servicio pasivo el pasado viernes mientras ofrecía su discurso en la ceremonia de ascenso del alto mando castrense en Quito. “Yo suelo medir las ofensas según la calidad del ofensor”, replicó.

También señaló la importancia de que Ecuador tenga un solo régimen laboral y de seguridad social que acabe con el desorden y ese país compartimentado en base al poder.

Consideró importantes reformas a fin de que el rancho (pago por alimentación) a los soldados se haga para quienes se justifica, como por ejemplo, los militares que están en zonas aisladas y no a oficiales que están en Quito y cumpliendo una jornada de trabajo en horas laborales.

Finalmente dijo que “ya empezó un proceso irreversible que no tiene marcha atrás: Un país manejado por la sociedad civil donde nadie se crea por encima de otros”.

Andes

Tensión Gobierno-FF.AA. se sintió en discursos

Por el Campo de Marte de la Escuela Superior Eloy Alfaro desfilaron los cuatro comandantes de las Fuerzas Armadas destituidos por el presidente Rafael Correa.

El Mandatario se acercó a cada uno, les dio un abrazo, con apretón de manos incluido, y les entregó insignias por su labor en la institución.

Con ese acto protocolario, los uniformados entregaron oficialmente el mando militar. Luego vinieron los discursos.

El general Luis Garzón habló en nombre de los comandantes salientes. Su intervención generó aplausos entre los uniformados situados en la tribuna principal.

La primera ovación llegó a los 90 segundos de haber tomado el micrófono. El oficial elevó su voz cuando dijo que en sus 40 años de servicio en las FF.AA. ha sido testigo de logros, pero también de “momentos ingratos, de ataques injustificados y de intentos por desprestigiar la institución”.

A unos cinco metros del atril estaba el presidente Correa. Llevaba unas gafas oscuras y de vez en cuando fijaba su mirada en la figura del general.

El comandante saliente continuó con su discurso y aclaró que las FF.AA. han tenido “coraje” para cumplir con su deber y las disposiciones legales y constitucionales, pero habló de “brotes de politiquería o intereses personales” que han intentado desviar a la institución de la misión principal.

Más aplausos se escucharon en el Campo de Marte cuando Garzón recordó que han pedido, sin éxito, el aumento de la alícuota de alimentación de los soldados. “Es evidente que nuestro personal no puede continuar desayunando, almorzando y merendando con 3 dólares al día”.

Luego, el vicealmirante Oswaldo Zambrano tomó las riendas de las FF.AA. Fue el segundo en dirigirse ante decenas de uniformados activos. En 17 minutos, el nuevo jefe del Comando Conjunto se refirió a las nuevas tareas que desempeñan los soldados. Y también comentó que hay “voces que desconocen la historia e intentan socavar la unidad militar y atentar su prestigio”.

Mientras el oficial leía los últimos párrafos de su discurso, un grupo de funcionarios de la Presidencia ajustaba el sonido, levantaba un teleprómpter cerca del atril y reforzaba la seguridad para el Presidente.

Llegó entonces el turno del Primer Mandatario. Se levantó del asiento y caminó hasta el atril. Antes de que comenzara a hablar, unos 40 militares en servicio pasivo, vestidos con trajes oscuros, dejaron la tribuna principal y recorrieron por el Campo de Marte. No quisieron escucharlo y admitieron que se vistieron de luto por el manejo de las FF.AA.

El Presidente levantó la voz para restar importancia al incidente. “Estamos todos, ¿no falta nadie? Sí, estamos completos”, dijo y continuó.

La polémica en torno al seguro social militar (Issfa) consumió los primeros minutos de su discurso. Otra vez, el Presidente reprochó a los cuatro comandantes salientes por haberse pronunciado públicamente por temas administrativos y sin autorización.

En los 30 minutos de intervención, Correa no recibió aplausos de los oficiales que estaban a sus espaldas, como invitados especiales. En cambio, en la zona en donde se ubicaron los funcionarios del Gobierno, se oyeron vítores para el Mandatario.

Allí estaban Gabriela Rivadeneira, presidenta de la Asamblea; los ministros Fernando Cordero, César Navas, José Serrano, entre otros.

En un segundo bloque, el Presidente dijo estar “avergonzado” al enterarse de que el rancho de los soldados es de USD 3 diarios.

Y pidió disculpas, sobre todo, a la tropa. Eso fue el inicio para hablar de desigualdades que todavía existen entre oficiales y soldados rasos. Y anunció que será “radical” para modificar esas inequidades, con decretos y reformas legales. “También hay que hablar de otros problemas. De esas exorbitantes cesantías subsidiadas por el Estado”, dijo.

Y siguió: “un general del Ejército recibe más de USD 200 000 al retirarse. (…) Les aseguro que repartiendo un poco mejor esos recursos, también podrían comer mejor nuestros soldados”. Esos fuertes cuestionamientos provocaron la ovación de los funcionarios del Gobierno. Correa finalizó su discurso, dejó el micrófono y caminó a su asiento ante el silencio de los militares de la tribuna.

El Comercio