Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Tras quince años de alianza en la lucha contra el narcotráfico, el presidente Barack Obama anunció los virajes que solicitará al Congreso se hagan a lo que de ahora en adelante llamarán Paz Colombia, basado en el triunfalismo del presidente Santos sobre la negociación con las Farc. El proyecto Paz Colombia aún debe superar discusiones públicas y el debate del Congreso, de mayorías republicanas, que definirá si la asignación presupuestal de US$ 450 millones, sí tendrá énfasis en seguridad, de colombianos y estadounidenses; lucha contra el narcotráfico; reintegración de combatientes; fortalecimiento de la presencia estatal en territorios abandonados; promoción de los derechos humanos; garantías de justicia a las víctimas, y desminado humanitario.

Las ideas de Mr. Obama sobre Colombia confirman su desconexión, cuando no falso romanticismo, frente a Latinoamérica. Cuando ellas se refieren a iniciativas específicas, como las garantías de justicia a las víctimas del conflicto o el desminado, parecen temerarias. Haciendo suyo un anhelo nacional, anunció que Paz Colombia lograría el desminado del territorio nacional en sólo cinco años, apuesta que resultaría viable si, como lo hemos reclamado, se desarrollan tecnologías de detección y destrucción altamente eficientes, pero que es imposible si se tiene que continuar, como hasta ahora, con peligrosas, exigentes y muy costosas operaciones en terreno a realizar por lo menos en 688 municipios, donde no se sabe ni cuántas ni dónde están sembradas. No hay que olvidar, que después de Afganistán, Colombia es el segundo país con más muertos y heridos por minas antipersonal en el mundo.

El proyecto presentado ayer impone un cambio en la concepción y énfasis frente al Plan Colombia comparable al que el doctor Santos dio a la política de Seguridad Democrática una vez electo presidente de Colombia.

El Plan Colombia fue una iniciativa audaz de los presidentes Pastrana y Clinton que derivó en alianza binacional gracias al respaldo bipartidista en Estados Unidos y el trabajo de los gobiernos sucesivos de George Bush (2001-2009) con Álvaro Uribe (2002-2010) y, hasta ahora, de Barack Obama (2009) con Juan Manuel Santos (2010). La convicción sobre su importancia es obra de la fuerza con que la dirigencia colombiana convenció a su similar de la Unión Americana de premisas incontestables sobre el Colombia como aliado democrático en un subcontinente sacudido por devaneos extremistas, visión confirmada ayer por el presidente Obama, y sobre la corresponsabilidad de la Unión Americana con el crecimiento del narcotráfico junto a la violencia y la corrupción a él asociadas. En su ejecución, la alianza se guió por principios filosóficos sobre la consolidación del Estado, la garantía del control territorial, la defensa de los derechos humanos y la erradicación de las organizaciones criminales, y los negocios que la sustentan. Esa iniciativa permitió combatir a las Farc porque ellas así lo quisieron al hacer burdo aprovechamiento de la negociación con el gobierno Pastrana para acrecentar su fuerza, armas y vínculos con el narcotráfico.

Elegido bajo esa bandera, la cooperación binacional y el respaldo popular hicieron que la política de Seguridad Democrática del presidente Uribe alcanzara avances impensados en el combate al narcoterrorismo, así como la reducción de cultivos ilícitos, producción y exportación de cocaína y lavado de activos. Las conversaciones que impusieron el viraje del Plan Colombia dejan como saldos la tregua unilateral con desescalamiento de operaciones militares, la recuperación por Colombia del primer lugar como país con cultivos ilícitos, gracias al crecimiento de 21.000 hectáreas con siembras ilegales sólo entre 2013 y 2014, y el afianzamiento de operaciones de minería ilegal en que participan, y a veces de manera conjunta, las Farc y las bacrim.

Dado que los resultados del Plan Colombia cosechan el trabajo continuado, y modificado de acuerdo con los énfasis particulares de los gobiernos que lo impulsaron, Paz Colombia necesitará conquistar el apoyo bipartidista que tuvo su predecesor, mismo que sólo obtendrá si garantiza que seguirá sustentando una alianza para consolidar el Estado, la democracia, los derechos humanos, así como erradicar de Colombia los amenazantes carteles del narcotráfico y la minería ilegal, actividad no debidamente combatida, como tampoco lo fueron en los años setenta los cultivos de marihuana y coca que una década más tarde terminaron alimentando la violencia generalizada y poniendo al Estado en riesgo de fracasar.

El Mundo